Detalle de «San Juan Bautista en un paisaje», de Juan Bautista Maíno. Óleo sobre cobre con baño de plata h. 1610
Detalle de «San Juan Bautista en un paisaje», de Juan Bautista Maíno. Óleo sobre cobre con baño de plata h. 1610 - MUSEO DEL PRADO

Los tres nuevos inquilinos del Prado

El museo exhibe singulares obras de Maíno, Paret y Gregorio Fosman, que se han incorporado a sus colecciones

MadridActualizado:

El Museo del Prado estrena un nuevo modelo de exposiciones. En su calendario estaban las grandes temporales del año (monográficas, colectivas o colecciones), pero también otras más pequeñas dedicadas a la restauración de una pieza o a una obra invitada. A ellas se suma ahora otro modelo más: las nuevas adquisiciones. La idea, explica Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigación del Prado, es mostrar dos veces al año (en primavera y otoño) las compras que ha hecho el museo o el Estado y que ha adscrito a la pinacoteca. Abren plaza tres obras singulares -por su soporte o por la técnica-, que se han instalado en las respectivas salas del Prado.

«San Juan Bautista en un paisaje», de Maíno
«San Juan Bautista en un paisaje», de Maíno- MUSEO DEL PRADO

Por un lado, «San Juan Bautista en un paisaje», de Juan Sebastián Maíno. Es una miniatura de apenas 20 por 12 centímetros, óleo sobre cobre con baño de plata. Adquirida por el Estado en 2017 por 375.000 euros y adscrita al Prado (pertenecía a un coleccionista privado que solicitó el permiso de exportación, pero le fue denegado), sí se exhibirá permanentemente en la sala 7A de Villanueva, junto a otras obras del artista del Prado, que atesora la mejor colección en el mundo. En la sala siempre hay diez obras importantes expuestas. Otras están en depósitos o en los almacenes. Por el momento, la miniatura se expone dentro de una vitrina para que el público se acerque y pueda admirar todos sus detalles. Explica Leticia Ruiz, jefe del Departamento de Pintura Española del Renacimiento del Prado, que la obra se conoce desde 1935, gracias a la historiadora del Arte británica Enriqueta Harris y que estos «caprichos de gabinete» eran muy codiciados en la Italia del siglo XVII por los grandes coleccionistas: cardenales, príncipes... Les gustaba presumir de estas pequeñas joyas, la emoción de tenerlas en sus manos.

Sobre la obra de Maíno, comenta Leticia Ruiz que «está primorosamente pintada. Encuentra reminiscencias de Caravaggio en la figura de San Juan y de Carracci o Elsheimer en el paisaje, plagado de detalles, pintados con minuciosidad. «Es un pintor exquisito, que participa en la revolución de la pintura de su tiempo en Roma. Lo pintó probablemente en la capital italiana hacia 1610». Es una de las cinco obras firmadas del artista que se conocen: en esta pintura lo hizo en la roca sobre la que San Juan posa su brazo.

«Auto de Fe celebrado en la Plaza Mayor de Madrid», de Gregorio Fosman. Lámina de cobre grabada a buril (1680)
«Auto de Fe celebrado en la Plaza Mayor de Madrid», de Gregorio Fosman. Lámina de cobre grabada a buril (1680) - MUSEO DEL PRADO

La segunda incorporación a las colecciones del Prado es una lámina de cobre grabada a buril, de Gregorio Fosman: «Auto de fe celebrado en la Plaza Mayor de Madrid» (1680), que el Prado adquirió por 6.000 euros con fondos propios. Pertenecía a un coleccionista particular, que ofreció su colección a un anticuario de Barcelona (Palau Antiguitats) y éste, a su vez, vendió la lámina al Prado. Se exhibe en la sala 16A de Villanueva, encerrada también en una vitrina, junto al libro de José del Olmo en el que se incluye la estampa, que aparece desplegada. En la misma sala cuelga el gran lienzo de Francisco Rizzi del mismo título («Auto de fe celebrado en la Plaza Mayor de Madrid»), que realizó tres años después. Se inspiró en el grabado de Fosman. Aunque los visitantes no podrán verlo, en el dorso de la lámina de cobre hay una pintura: una copia de otra copia de la «Madonna del conejo» (conocida como la Zingarella), de Correggio. José Manuel Matilla, jefe de Conservación de Dibujos y Estampas del Prado, comenta que el Museo de Historia de Madrid celebra los 400 años de la Plaza Mayor de la ciudad con una exposición y explica que el Auto de fe era una celebración religiosa y política llevada a cabo por Carlos II.

«Una celestina y los enamorados», de Luis Paret y Alcázar
«Una celestina y los enamorados», de Luis Paret y Alcázar- MUSEO DEL PRADO

Finalmente, una acuarela de Luis Paret y Alcázar, «Una celestina y los enamorados» (pluma, pincel y aguada), de 1784. Fue adquirida por el Estado en 2016 por 130.000 euros y adscrita al Prado. Perteneció a José Milicua: historiador del arte, coleccionista, profesor de universidad y vocal del Patronato del Prado desde 1993 hasta su muerte en 2013. La pusieron a la venta sus herederos. Ahora se exhibe en la sala 93 de Villanueva, junto a otras obras del artista y muy cerca de algunos trabajos de Goya, coincidiendo con la exposición que le dedicará en los próximos días la Biblioteca Nacional a los dibujos de este artista, y a la que el Prado ha cedido un buen número de obras. Por motivos de conservación (las obras sobre papel son muy frágiles), esta acuarela se exhibirá solo durante tres meses. Según Matilla, esta obra está considerada como «la acuarela más importante del siglo XVIII español». Su importancia radica, dice, en su formato (no es frecuente ver acuarelas tan grandes), su factura (es una obra autónoma) y el tema que trata.

Paret, que tenía un ejemplar de «La Celestina» (libro prohibido por la Inquisición), fue acusado de «facilitar» mujeres al Infante don Luis. En la acuarela -añade Matilla- Paret pinta todo un catálogo de objetos viejos pasados de moda; animales como un murciélago, un gallo muerto y una gata, flores de adormidera, y al fondo en un cuartucho una pareja de jóvenes. «Es una obra excepcional, que invita a mirarla. Su colorido es extraordinario». Entre sus fuentes cita el libro de Fernando de Rojas o «El tacto», una obra del francés Jean-Baptiste Le Prince. De Paret destaca José Manuel Matilla «su dominio técnico, su precisión en el manejo de los pinceles y los colores, así como la delicadeza, elegancia y sofisticación de su trabajo».