Cultura - Arte

Sonia Delaunay, pasión por el color de una artista total

El Museo Thyssen reivindica en una exposición su estancia en Madrid como un hito crucial en su carrera

«Ritmo color» (1964), de Sonia Delaunay
«Ritmo color» (1964), de Sonia Delaunay - MUSEO DE ARTE MODERNO DE LA VILLA DE PARÍS

Robert y Sonia Delaunay son viejos conocidos en nuestro país. Esta pareja de creadores vanguardistas ha protagonizado exposiciones en la Fundación Juan March (1982), el Museo Picasso de Barcelona (2000-2001) y el Museo Thyssen (2002-2003). Pero la figura de Sonia siempre quedaba eclipsada por la de su marido. Desde hace unos años se viene reivindicando su singularidad y potencia creadora -ha habido grandes monográficas en París y Londres- y ahora regresa, esta vez liberada y en solitario, al Thyssen. Más de 200 piezas dejan constancia de esta artista total: hizo pintura, escenografía, diseño de moda, decoración de interiores, publicidad... Algo así como la versión femenina de Mariano Fortuny. Hasta ahora el paso del matrimonio por España había quedado como algo anecdótico en sus carreras, pero esta exposición, comisariada por Marta Ruiz del Árbol, viene a demostrar que resultó crucial en la producción de Sonia Delaunay. Decidió llevar el arte a la vida, unirlos como si fueran uno solo. Y lo hizo por vez primera en Madrid. Esta ciudad supuso un hito en su carrera.

«Vestidos simultáneos (Tres mujeres, formas, colores)», 1925, de Sonia Delaunay
«Vestidos simultáneos (Tres mujeres, formas, colores)», 1925, de Sonia Delaunay- MUSEO THYSSEN

El estallido de la I Guerra Mundial sorprendió a los Delaunay de vacaciones en Fuenterrabía. Decidieron quedarse en nuestro país y, a finales de ese año, se instalaron en Madrid. Pese a quedar fascinados con la luz del sur de Europa, Robert y Sonia no parecían integrarse en los círculos intelectuales de la capital. Atraída por Rubens y, sobre todo por El Greco, Sonia fue copista del Museo del Prado. Conoció a Falla y se apasionó por el flamenco: hizo varias pinturas sobre cantaores y bailaores. España, y más tarde Portugal, le recordaban sus raíces rusas: el folclore popular, las animadas calles y mercados. Explica la comisaria que en París la pintura de Sonia Delaunay se había vuelto abstracta, pero que, gracias a su paso por España, hubo una reevaluación de su arte: nació entonces un renovado interés por la figuración.

Pero cuando realmente se reinventa la artista es en su segunda estancia en Madrid: de 1917 a 1921. Fue su gran aventura, una etapa de experimentación, donde viste a las mujeres modernas, que convierte en cuadros vivos. «Tenía una gran capacidad para reinventarse, para cambiar de plumaje y volar alto», dice Ruiz del Árbol. La Revolución Rusa hizo que perdiera las rentas que le llegaban de San Petersburgo, donde la acogieron sus tíos maternos, que le dieron una educación cosmopolita. Cambió la pintura por el diseño. La necesidad económica le llevó a tener una visión más comercial de su trabajo. Incluso registró las marcas «Sonia» y «Delaunay». Decidió abrir en la calle Barquillo una galería de arte, «Sonia». Diseñó las invitaciones para la inauguración, pero nunca abrió sus puertas.

Tres diseños de Sonia Delaunay: Traje nº 1540 para la vedette Gaby, «Vestido simultáneo, ritmo sin fin» y Traje nº 1539 para una obra de teatro de Tristan Tzara
Tres diseños de Sonia Delaunay: Traje nº 1540 para la vedette Gaby, «Vestido simultáneo, ritmo sin fin» y Traje nº 1539 para una obra de teatro de Tristan Tzara- COLECCIÓN PRIVADA

Casa Sonia

Sí creó, en cambio, Casa Sonia, un negocio de decoración de interiores, al que después se sumaría el diseño de moda y complementos. Hay numerosos ejemplos en la exposición: vestidos, chaquetas, corbatas, chalecos, un bañador de lana (muy poco práctico), un conjunto playero de bolso y sombrilla de rayas amarillas y negras, abrigos... Uno de ellos, en lana bordada, lo diseñó para Gloria Swanson, expuesto junto al lienzo «Vestidos simultáneos (Tres mujeres, formas y colores)», de la colección Thyssen. Además, muchos diseños de tejidos y muestrarios de telas para la firma Metz & Co de Ámsterdam, para la que trabajó durante tres décadas.

La comisaria de la muestra cuenta que no ha hallado en los archivos de la capital ni rastro de la sede de Casa Sonia, lo cual le hace pensar que nunca existió y que pudo recibir a sus clientes en su casa del barrio de Salamanca. También ha rastreado sus creaciones madrileñas, pero apenas quedan vestigios materiales. Conocemos algunos por fotografías, como la publicada el 25 de julio de 1920 en Blanco y Negro: las hijas de los marqueses de Urquijo posan con diseños de Casa Sonia. En otra imagen, publicada también en Blanco y Negro, el 18 de abril de 1920, vemos cómo era «el comedor de la señorita de Calvo», decorado por Sonia Delaunay. Le gustaba hacer frisos con telas de flores y frutas.

Simultaneísmo

Sonia Delaunay con túnica y sombrero de rafia bordada y sombrilla de Casa Sonia, Madrid, hacia 1920
Sonia Delaunay con túnica y sombrero de rafia bordada y sombrilla de Casa Sonia, Madrid, hacia 1920- ABC

Una constante de su trabajo fue su amor por el color, que toma de Gauguin, de los fauvistas. Su arte rebosa color. Su marido desarrolló la teoría del simultaneísmo: las tensiones y vibraciones ópticas que genera la relación entre colores sugieren un ritmo como el de la danza o la música. Los Delaunay llevaron esta teoría a la vida cotidiana.

En el trabajo de Sonia se advierte la huella de artistas como Mondrian, Brancusi, Klee, Matisse... No faltan en la muestra sus coloristas lienzos, gouaches y acuarelas. Tampoco, algunas de sus colaboraciones con escritores, como «La prosa del Transiberiano y de la pequeña Jehanne de Francia» (1913)», que creó a cuatro manos con el poeta Blaise Cendrars; los vestidos-poema con textos de Tristan Tzara o su boceto del «Abanico poema» (ilustración de un poema de Gómez de la Serna). La artista decoró su casa con poemas de sus amigos. No ha viajado a Madrid un objeto único y muy especial, que no presta el Pompidou por su fragilidad: la colcha que tejió con trozos de tela (patchwork) en 1911 para su hijo recién nacido. Está considerado el primer objeto simultáneo.

En el Café de Pombo

Abrigo para Gloria Swanson, hacia 1925
Abrigo para Gloria Swanson, hacia 1925- COLECCIÓN PRIVADA

En esta segunda estancia en Madrid sí que se metió de lleno en la vida cultural de Madrid. Conoció a Guillermo de la Torre, Gómez de la Serna, asistía a las tertulias del Café de Pombo, tuvo contacto con empresarios teatrales como Gregorio Martínez Sierra, fue amiga de los ultraístas, se codeó con la alta burguesía... Pero su gran mecenas en España fue Alfredo Escobar, marqués de Valdeiglesias, senador y director del diario «La Época». También colaboró con los Ballets Rusos de Diághilev: hizo los figurines de «Cleopatra» (algunos cuelgan en la exposición); su marido, los decorados. El antiguo teatro Benavente de la capital fue reconvertido en el Petit Casino, un teatro-concierto de varietés, hoy desaparecido. Le encargaron a Sonia su decoración interior. Asimismo, renovó el teatro Campos Elíseos de Bilbao. Le gustaba ir al Rastro y comprar objetos que ella después reinventaba, al modo de los surrealistas y dadaístas. Sonia Delaunay quería «transformar la banalidad cotidiana y los objetos en un entorno más artístico y elevado». Para ella, la decoración y la confección eran «un trabajo tan noble como una naturaleza muerta o un autorretrato».

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