El escultor observa su obra acabada
El escultor observa su obra acabada - ABC

Salvador Amaya ultima una estatua de Menacho, el héroe olvidado de la Guerra de la Independencia

Murió tras resisistir durante meses el sitio francés a Badajoz y sus restos han sufrido una rocambolesca historia

TOLEDOActualizado:

Si el 4 de marzo de 1811 una bala de cañón de 250 gramos no hubiera matado al general Rafael Menacho, es posible que la Guerra de Independencia española hubiese sido distinta. Este Mariscal de Campo logró resistir los ataques franceses contra Badajoz durante meses, pero tras fallecer, su sustituto se rindió solo seis días después. El escultor Salvador Amaya -autor de la estatua de Blas de Lezo en Madrid- está realizando una escultura monumental, basada en un diseño del pintor Augusto Ferrer-Dalmau. En unos meses la capital pacense inaugurará la nueva obra en memoria del militar.

«Es un héroe que ha estado en el olvido para el común de la sociedad española y nosotros lo que necesitamos ahora es buscar personajes que nos unan a todos, que nos hagan sentirnos orgullosos de quién nos precedieron. Un español que se enfrentó a las fuerzas invasoras», resume Salvador Amaya (Madrid, 1970). «A estas dimensiones no trabaja nadie», dice del escultor, junto a su obra. Él conoce su oficio desde la cuna. Es hijo de Marino Amaya y estudió con Juan de Ávalos al que estuvo muy unido hasta su muerte.

El escultor da los últimos toques a la obra en su estudio de Toledo
El escultor da los últimos toques a la obra en su estudio de Toledo - ABC

Hace año y medio un grupo de vecinos de Badajoz, la Asociación Cívica, se puso en contacto con Salvador Amaya para pedirle que se plantease un proyecto sobre este héroe de la Guerra de la Independencia. El escultor se documentó sobre el personaje y le encantó. «Para que tuviese más proyección, que saliese fenomenal y sacar al héroe del olvido, me puse en contacto con Augusto». Ambos quedaron impresionados con Menacho.

Este militar nació en Cádiz en 1766. Entró en el ejército a los 18 años y destacó por su valor en Ceuta contra el emperador de Marruecos y en Cataluña contra los franceses. Al declararse la Guerra de la Independencia fue destinado a Extremadura. Tras varios enfrentamientos, el definitivo le llegó en enero de 1811 cuando el mariscal francés Soult comenzó el sitio de Badajoz. Hasta en tres ocasiones ofreció a Menacho que rindiese la ciudad y salvase su vida, pero el general de negó. «Y sería sepultado en las ruinas de Badajoz antes que entregar la plaza a los franceses». Es una frase que los documentos de la época atribuyen al que era gobernador político y militar de la ciudad.

El 4 de marzo de 1811, como era habitual, acompañó a las tropas a una salida para destruir las estructuras de asedio de los franceses. Cuando arengaba a los soldados en la muralla, una bala de cañón de pequeño tamaño le entró por la ingle. Murió en minutos y comenzó la leyenda.

Preparando la escultura para su traslado a la fundición
Preparando la escultura para su traslado a la fundición - ABC

En la escultura, según Amaya, Menacho se alza en la muralla derruida, momentos antes de morir. En su mano derecha lleva el sable listo para atacar y con la izquierda invita a la tropas a seguirle en la batalla. «El rostro está sereno ante los enemigos que se aproximan. Tiene un rostro sereno ante la muerte», dice el escultor. El pintor añade que tiene una «postura torera».

El proceso para realizar la estatua, que en los próximos días llegará a la fundición Arte 6 de Arganda del Rey, ha sido el habitual. Además del trabajo de estos artistas, han contado con expertos en historia para completar la documentación porque les gusta que sus recreaciones sean lo más exhaustivas posibles.

Amaya ha contado con la ayuda del experto en uniformes militares Luis Sorando Muzás y la historiadora Mariola Beltrán. Además ha charlado en varias ocasiones con el coronel Eduardo García-Menacho, descendiente del héroe de sexta generación.

El boceto original de Menacho, obra de Ferrer-Dalmau, en el que se basó Amaya para la escultura
El boceto original de Menacho, obra de Ferrer-Dalmau, en el que se basó Amaya para la escultura - ABC

Esta estatua, además, siempre será especial para Amaya porque en septiembre sufrió un infarto muy grave cuando estaba trabajando en ella. Se recuperó y hoy dice que «ha sido una situación que no tenía que morirme porque tenía que terminar a Menacho. Si el ha estado esperando 200 y pico de años para su homenaje, tenía que terminar. El destino era ese».