Picasso jugando en el agua con su hijo Claude (Vallauris, 1948)
Picasso jugando en el agua con su hijo Claude (Vallauris, 1948) - © ROBERT CAPA/INTERNATIONAL CENTER OF PHOTOGRAPHY/MAGNUM PHOTOS

A Robert Capa le sacan los colores

El Círculo de Bellas Artes exhibe el trabajo más desconocido del que es considerado el mejor fotógrafo de guerra de la Historia

MadridActualizado:

¿El más grande fotógrafo de guerra de todos los tiempos? Robert Capa. Lo dice quien mejor lo sabe, James Nachtwey, flamante premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Hace unos años, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Capa (1913-1954), el International Center of Photography de Nueva York sacó a la luz una selección de las cerca de 4.500 imágenes en color que atesora del legendario fotógrafo (se perdieron muchas). Ahora 150 –acompañadas de las revistas donde se publicaron y algunas cartas–se exhiben por vez primera en España. Concretamente, en el Círculo de Bellas Artes. «Fueron una revelación para todos. La mayoría no se conocían ni habían sido publicadas», explica Cynthia Young, conservadora del Archivo Capa y comisaria de la muestra. ¿Por qué tardaron tanto en ver la luz? El material, dice, era muy frágil y el color se estaba perdiendo. Ahora ha sido posible gracias al escaneo digital.

Humphrey Bogart y Peter Lorre, en el set de «La burla del diablo» (Ravello, 1953)
Humphrey Bogart y Peter Lorre, en el set de «La burla del diablo» (Ravello, 1953)- © ROBERT CAPA/INTERNATIONAL CENTER OF PHOTOGRAPHY/MAGNUM PHOTOS

En 1938 comenzó su coqueteo con el color. Fue en China, cuando le pidió prestada una cámara a un colega. Le gustó y reclamó a «Life» 12 rollos de Kodachrome. De aquellas instantáneas solo se conservan cuatro. Capa trabajó con película en color desde 1941 hasta su muerte en 1954. Pero le daba muchos quebraderos de cabeza: la lenta velocidad de obturación de la película hacía que no sirviera para las imágenes de acción. Además, tardaba semanas en revelarse. Había que mandarla a una planta procesadora de Kodak, que, como la Coca-Cola, mantenía su fórmula en secreto. Su primer encargo a color fue una travesía del Atlántico desde Nueva York en un convoy militar. Dos años después repitió experiencia en el norte de África.

Dos cámaras al hombro

Capa solía llevar a cuestas dos cámaras: una Contax para blanco y negro y una Nikon para color. Aunque sus instantáneas más icónicas de guerra son en blanco y negro (su serie del desembarco de Normandía, el miliciano abatido en Cerro Muriano...), también las hizo en color, pero ninguna se utilizó en prensa, porque el revelado era muy lento. Además, el blanco y negro seguía asociado a los trabajos más serios.

Jóvenes esperando para ver la tumba de Lenin en la Plaza Roja (Moscú, 1947)
Jóvenes esperando para ver la tumba de Lenin en la Plaza Roja (Moscú, 1947)- © ROBERT CAPA/INTERNATIONAL CENTER OF PHOTOGRAPHY/MAGNUM PHOTOS

Cynthia Young cuenta que, tras la guerra, Capa «quiso reinventarse como fotógrafo y como personaje y vio en la fotografía en color una oportunidad para hacerlo». Viajes a la URSS –adonde va con John Steinbeck–; su Hungría natal, Marruecos, Israel, Noruega, Japón; ciudades como Roma, París (donde vivió entre 1933 y 1939, alojado en el lujoso hotel Lancaster), Londres (viajó para la coronación de Isabel II con sus amigos Humphrey Bogart y John Huston)... El Capa más frívolo está coloreado: fotografía las playas de Biarritz y Deauville, desfiles de moda, estaciones de esquí (una de sus aficiones); retrata a celebridades como Hemingway, Picasso, Truman Capote... Robert Capa quiso ser director de cine. No lo logró, pero sí fue amigo de muchas estrellas: John Huston, Orson Welles, Ava Gardner o Ingrid Bergman, con quien tuvo un sonado romance.

Suena la voz de Capa

En 1953 decidió volver al «trabajo de verdad. Se ha terminado el periodo Deauville y Biarritz y de los peliculeros». Anhelaba propuestas que «me devuelvan a hacer reportajes en mi propio territorio». Aceptó en 1954 un encargo de «Life» para sustituir a un fotógrafo en Indochina. El 25 de mayo pisó una mina. Murió el fotógrafo. Nació el mito. Húngaro de nacimiento y norteamericano de adopción, Cynthia Young lo retrata como «muy ambicioso, generoso y apasionado. Un líder. Tenía un fuerte compromiso. No hacía fotos y se marchaba. Las convertía en su propia historia».

En una sala de la muestra suena la voz de Capa en la única entrevista radiofónica que se conserva. Se emitió el 20 de octubre de 1947 a las 8.30 horas en un programa de radio «Hi! Jinx» de la NBC. En ella explica cómo tomó la foto del miliciano muerto. Nunca sabremos qué pasó, pero, como dice Juan Barja, director del Círculo de Bellas Artes, «esa foto contiene verdad. Cuenta la verdad de una guerra. Por eso es un icono».