El escultor, con algunas de sus obras en la Academia de Bellas Artes, donde le dedicaron una exposición en 2016
El escultor, con algunas de sus obras en la Academia de Bellas Artes, donde le dedicaron una exposición en 2016 - ISABEL PERMUY

El realismo español pierde al escultor Julio López Hernández

Académico de Bellas Artes, el gran artista madrileño muere a los 88 años

MadridActualizado:

Lopecear: dícese de lo que hacían los tres López con más talento del arte español: Antonio López, Julio y Paco López Hernández. No es una palabra aceptada por la RAE en su Diccionario, aunque, visto lo aprobado últimamente, bien podría serlo. La crítica se empecinó en colgarles la etiqueta de «grupo realista de Madrid», pero ni era un grupo artístico como tal -solo un grupo de amigos-, ni eran todos de Madrid (los había gallegos, riojanos, sevillanos), aunque todos coincidieron estudiando en la capital; y realistas... Bueno, en eso al menos sí coincidieron. Ayer murió, a los 88 años, un integrante de ese no-grupo, el escultor Julio López Hernández. Será enterrado hoy en el cementerio de San Isidro. Él sí nació en Madrid, en 1930.

Lo de la escultura le vino de familia. Su abuelo abrió un taller de orfebrería, continuado por su padre. Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, de la que años después fue profesor de modelado, fue vital para él su llegada a la Escuela Superior de Bellas Artes, donde coincidió con Lucio Muñoz (el único informalista del grupo), Enrique Gran y Antonio López (Antoñito por entonces), que con los años se convirtió, mal que le pese, en el cabecilla de la pandilla... A ellos su uniría Paco López Hernández, hermano de Julio, y un grupo de mujeres artistas, que acabaron casadas con todos ellos: Julio con Esperanza Parada, Paco con Isabel Quintanilla, Antonio con María Moreno y Lucio Muñoz con Amalia Avia. Hoy solo viven Antonio y Mari. Esperanza y Amalia fallecieron en 2011. Y en menos de año y medio han muerto Paco (en enero de 2017), Isabel, la más joven del grupo (ocho meses después) y ahora Julio.

En 2002 ABC reunió en la casa de Amalia Avia (viuda de Lucio Muñoz) a siete de los ocho artistas realistas que iban a exponer en el Museo Esteban Vicente de Segovia. Solo faltó en la foto de familia Carmen Laffón. De izquierda a derecha, y de arriba abajo, Paco López Hernández, María Moreno, Isabel Quintanilla, Julio López Hernández, Antonio López, Amalia Avia y Esperanza Parada
En 2002 ABC reunió en la casa de Amalia Avia (viuda de Lucio Muñoz) a siete de los ocho artistas realistas que iban a exponer en el Museo Esteban Vicente de Segovia. Solo faltó en la foto de familia Carmen Laffón. De izquierda a derecha, y de arriba abajo, Paco López Hernández, María Moreno, Isabel Quintanilla, Julio López Hernández, Antonio López, Amalia Avia y Esperanza Parada - ERNESTO AGUDO

Homenaje en el Thyssen

A comienzos de 2016 el Museo Thyssen les dedicaba una exposición que revisaba el trabajo de los realistas de Madrid. Se reunieron con la prensa en torno a una mesa para charlar de arte, de realismo, de la vida... Quedó claro que todos se admiraban, se respetaban, se querían... Julio era el más discrepante: «No se nos ha estudiado ni estimado tanto como a los artistas abstractos y de vanguardia», «situarnos en un grupo nos da más presencia»... Hubo tiempo incluso de recordar divertidas anécdotas, como el día que una mujer le dio una moneda a Antonio López mientras pintaba la Gran Vía. Para Guillermo Solana, director artístico del Thyssen y comisario, junto a María López, de aquella exposición, «la estética de Julio está dominada por el valor expresivo del gesto y de la máscara, el fragmento y la ruina... Julio López subordina la forma a lo narrativo. En sus piezas siempre queda algo de ese argumento, aunque solo sea una mínima anécdota».

Julio López Hernández ha muerto con las botas (y el mono) puesto, trabajando hasta el final. Las musas siempre le sorprendieron en el estudio. Era académico delegado del Taller de Vaciados de la Real Academia de Bellas Artes, institución de la que era miembro desde 1986. Ingresó con un discurso titulado «La medalla, territorio de lectura». Julio era el encargado de crear la medalla que se otorga anualmente al premio Cervantes: en el anverso, unas manos hojean un libro; en el reverso, la imagen de espaldas de Salvador de Madariaga. Premio Nacional de Artes Plásticas, fue patrono del Prado en dos ocasiones.

Julio López Hernández y Antonio López, en 2000, trabajando en la escultura de los Reyes, que realizaron con Paco López Hernández
Julio López Hernández y Antonio López, en 2000, trabajando en la escultura de los Reyes, que realizaron con Paco López Hernández - DANIEL G. LÓPEZ

Vinculación con la poesía

Cambió su admiración por Donatello por la de Henry Moore y Marino Marini. Es autor de numerosos monumentos y esculturas públicas por toda España: Lorca en la plaza de Santa Ana de Madrid, Antonio Machado en Sevilla, Gerardo Diego en Santander... Su carrera ha estado muy vinculada a la poesía. En 2002, veinte años después (ganó el concurso en los años 80), completó al fin el monumento a Jorge Manrique en Paredes de Nava (Palencia), localidad natal del poeta. En una de las charlas que pudimos compartir en las últimas dos décadas decía que cada vez que su hija Esperanza escribía un poemario se inspiraba en él para realizar una pequeña escultura. Su otra hija, Marcela, fue la comisaria de la retrospectiva que le dedicó al escultor la Academia de Bellas Artes en 2016. De pequeña, le daba un sabio consejo: «Dibuja a todas horas. ¡Dibújalo todo!». Aquella exposición se titulaba «Camino inverso»: el artista desandaba el camino de la escultura a la idea, al dibujo preparatorio, que él consideraba «la esencia de la creación de un escultor».

El 31 de diciembre de 2000 ABC publicaba un reportaje muy especial: Antonio López y Julio y Paco López Hernández, los tres mosqueteros, unían su talento y su genio en la primera escultura completa de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía. ABC fue testigo privilegiado de la génesis de aquel proyecto a seis manos en las «mazmorras» del antiguo MEAC de la Ciudad Universitaria de Madrid. En 2001 la monumental escultura se instaló en el claustro del Museo Patio Herreriano de Valladolid. «Ha sido una lucha entre nosotros, un reajuste de cesiones y de conquistas», decía entonces Julio. Un gran artista y un hombre bueno, muy humilde, que siempre huyó de los narcisismos.