Cultura - Arte

El Raval llora a su fotógrafo, Joan Colom

Su obra da testimonio de una Barcelona anterior al diseño y los Juegos Olímpicos, con calles y gentes de la marginalidad

El Raval llora a su fotógrafo, Joan Colom

En 2012, Joan Colom, fallecido ayer a los 96 años, entregó su archivo al Museo Nacional de Arte de Cataluña con la única condición de que hicieran una exposición con sus fotos antes de que se fuera de este mundo. Así se hizo. Las nuevas generaciones de barceloneses pudieron disfrutar de un gran recorrido por las calles del Raval antes del Macba.

Las estrechas callejuelas del Barrio Chino que tantas veces inspiró a Eduardo Mendoza en sus novelas tuvieron su particular fotógrafo. Colom, que cerró ayer sus ojos para siempre a sus noventa y seis años, decía medio en broma medio en serio que «hacía la calle». Y precisamente «una mujer de la calle» le denunció por fotografiarla lo que le apartó de la cámara durante unos años. Uno de los comisarios de la muestra del Mnac, Jorge Ribalta, resaltaba de su trabajo que «es único por la libertad con la que retrataba y porque no solía encuadrar las fotos». Ribalta aseveraba que Colom era el mejor foto-reportero de todos los tiempos de España. Su pasión por documentar la Ciudad Condal le llevó a fotografiar las mismas calles con intervalo de cincuenta años, un ejercicio inédito y muy ilustrativo.

A Colom le podemos englobar en el Grupo Mussol que se creó en 1960 y estuvo apoyado por el crítico Josep Maria Casademont que presentó en la Galería Aixelà las dos únicas exposiciones de este colectivo. Bajo este paraguas se encuentran Jordi Munt, Enric García Pedret, Ignasi Marroyo, Josep Albero, Antoni Boada, Josep Bros y Jordi Vilaseca.

Su salto internacional fue en los sesenta gracias a una exposición en París de la mano de Xavier Miserachs y Oriol Maspons bajo el epígrafe de «Nova Vanguàrdia». Y en 2006 la prestigiosa Fundación Cartier Bresson de París presentó su trabajo bajo el título: «Joan Colom. Les gens du Raval».

Camilo José Cela

Nadie pasaba indiferente por delante de una foto suya. Uno de sus admiradores fue Camilo José Cela con quien colaboró en el ejemplar «Izas, rabizas y colipoterras», que la editorial Lumen publicó en 1964. El libro fue un bombazo porque retrataba la vida más oscura del Barrio Chino en pleno lavado de cara del franquismo sin que la censura fuera severa. Una de las justificaciones de que se llegara a publicar era la amistad entre Cela y el entonces Ministro de Información y Turismo Fraga Iribarne.

La implicación de Colom su Barcelona natal se puede dividir en dos etapas. Una primera época en los años cincuenta dedicada a la marginación con prostitutas y marineros y una segunda la cara oscura de la Barcelona postolímpica. Si todo el mundo le relaciona con el blanco y negro, en sus últimos trabajos introduce el color sin abandonar nunca el blanco y negro.

La cámara a la altura de las rodillas

Fue un artista popular que fotografiaba a la gente de forma intuitiva, siempre con respeto y con mucho disimulo; a veces disparaba con la cámara a la altura de las rodillas. No tenía problemas en destacar que «no había otra alternativa, o lo hacías así o no lo podías hacer». Por encima de todo Colom destaca por su pasión por el Raval donde solía pasar los sábados y domingos enteros.

Poca gente sabe que la fotografía era un hoby que empezó a practicar en los años cincuenta pero que su verdadero trabajo era el de contable. Su obra recuerda que hubo una Barcelona en blanco y negro muy lejos del diseño y la modernidad.

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