Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo
Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo - José Ramón Ladra

«No creo que la Casa de Alba tenga que vender más cuadros, procuraré vender lo menos posible»

Con motivo de la próxima apertura al público de la Casa de las Dueñas, en Sevilla, recibe a ABC en el Palacio de Liria y hace balance de su primer año al frente de la Casa de Alba

SevillaActualizado:

La Fundación Casa de Alba acaba de vender al Prado por 18 millones de euros «La Virgen de la granada», de Fra Angelico. Antes de Semana Santa, el duque de Alba espera que pueda abrir al público las puertas de la Casa de las Dueñas en Sevilla y en el futuro quiere hacer lo propio con el palacio de Monterrey en Salamanca.

¿A qué retos se ha enfrentado como presidente de la fundación tras morir su madre?

Sanear económicamente la fundación, cuya principal misión es mantener y conservar todo su patrimonio histórico y artístico. Todo está muy bien conservado, pero no es algo que haya hecho yo, sino que se hace desde hace más de 40 años. Esto es un mérito de mis padres, aunque hay gente que piensa que la fundación está medio mantenida por el Estado. Aquí no ha metido el Estado jamás ni un duro. La idea de la fundación fue de mi padre y mi madre la acogió perfectamente. Al final yo creé legalmente la fundación en 1975, porque mi padre falleció en 1972. Jesús Aguirre se casó con mi madre en 1978 y hacía tres años que llevaba funcionando la fundación. Quiero recalcar ese dato porque parece que la fundación la hizo Jesús Aguirre.

¿Qué cambios ha hecho en la fundación?

Organizar exposiciones en el extranjero. A mi madre no le gustaba nada que las obras salieran fuera porque le daba miedo, pero es lógico porque ella era de otra generación.

¿Qué proyectos futuros tiene para la fundación?

De aquí a dos años quiero abrir al público el palacio de Monterrey, en Salamanca, que es de la fundación. Desde 2006 me he ocupado de la digitalización de los archivos de la Casa de Alba. Hay unos 30.000 documentos digitalizados, pero queda por tratar un 30% del total.

¿Venderá algún activo más de la fundación para su mantenimiento, como ha ocurrido con «La Virgen de la Granada», de Fra Angelico?

De momento no. No creo que venda ningún cuadro más.

Se dice que se ha vendido por debajo de su valor de mercado.

Es un cuadro inexportable y el precio siempre es mucho más bajo.

¿Es cierto que era el preferido de doña Cayetana?

No, su preferido era «La mujer vestida de blanco», de Goya.

¿Qué planes tiene para aumentar los ingresos de la fundación?

Hacer eventos o exposiciones. No necesariamente tienen que venderse más cuadros. La fundación tiene documentos, tapices... pero, bueno, procuraré vender lo menos posible.

Se ha dicho que la Casa de las Dueñas la heredó su hijo Fernando porque es el más sevillano.

No es verdad. Los periodistas se han empeñado en decirlo y no ha habido manera de desmentirlo. ¿Que Fernando es el más sevillano de mi familia? ¿Es que se ha hecho un concurso para saberlo? Pues mire, a mí me encanta Sevilla y espero venir cada vez más. Se ha dicho que mi madre quería que fuera para Fernando, pero no es así. Mi madre me lo dejó a mí y hoy es propiedad mía. En su día pasará a mi primogénito.

¿Cuándo abrirá al público la Casa de las Dueñas?

Espero que antes de Semana Santa. Las obras de palacio van despacio... y en Sevilla van más despacio todavía.

Al ser un Bien de Interés Cultural, imagino que la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla han vigilado su acondicionamiento museográfico. ¿Eso ha motivado el retraso?

No. Hacen falta muchos permisos y trámites ante la Junta y el Ayuntamiento, rehabilitar cosas, cambiar el sistema eléctrico, hacer baños...

¿Qué supone para usted la apertura de la Casa de las Dueñas?

Fue la residencia de los duques de Alba desde el siglo XVI y supone para mí una alegría muy grande porque esta apertura responde también a una demanda social. Tanto la Junta como el Ayuntamiento están encantados con la apertura al público de la Casa de las Dueñas y están colaborando mucho.

En 2009 hubo una exposición en el Museo de Bellas Artes de Sevilla con los tesoros artísticos de la Casa de Alba. ¿Le ha pedido la Junta de nuevo prestadas obras para una exposición en el Bellas Artes u otro museo?

No. La Fundación Casa de Alba ha expuesto sus obras en Dallas y ahora lo hace en Tennessee. Cuando regresen, las obras de arte harán un descanso.

En vida, su madre no quiso abrir la Casa de las Dueñas al público. ¿Le comunicó antes de morir su deseo de que los sevillanos pudieran visitarla?

No, la apertura es una iniciativa mía. Le propuse hacerlo y ella lo entendió muy bien. Además, le expliqué que se abriría la parte de abajo, que se enseñarían los patios, los jardines... La decisión de abrir sólo la planta baja es porque, entre otras cosas, la casa sufriría con mucha gente porque es muy antigua. Además, yo quería una parte reservada, la planta de arriba, para poder vivir allí cuando venga a Sevilla. A ella le pareció muy bien el proyecto y por eso sabía que, cuando falleciera, la casa se abriría al público. Yo me comprometí con la Junta a que cuando ella faltara se abriría la casa al público.

¿Qué recuerdos tiene del palacio?

Tengo muchos y muy buenos recuerdos. Recuerdo haber jugado mucho en la Casa de las Dueñas, aunque dentro de un límite porque en esa época los padres tenían muy derechos a los hijos y nos limitaban la zona de juegos. ¿Ve el caballete que tengo en la nariz? Pues fue de un tortazo que me di en una galería de la planta de arriba, caí de cabeza, me dejé la nariz allí y así se me ha quedado.

¿Este museo permitirá conocer aún más a la duquesa de Alba?

El museo permitirá conocer perfectamente el mundo de Cayetana porque podrán verse sus cuadros, muebles, tapices, el jardín... porque no se ha tocado prácticamente nada. La Casa de las Dueñas está idéntica a como estaba antes, aunque ha habido que poner un baño para minusválidos, un garaje, una tienda... También se mostrará la zona donde mi madre bailaba y daba clases con Enrique el Cojo. Sus habitaciones privadas en la planta alta no se enseñarán porque son las mías ahora.

La Junta inventarió 1.250 muebles, pinturas y antigüedades en la Casa de las Dueñas. ¿Qué obras importantes podrán verse en este museo?

Hay un Cristo con corona de espinas de Ribera muy bueno, un tapiz maravilloso de 1570 de Pannemaker o un retablo de Neri di Bicci del siglo XVI. Lo que hay en la planta alta no lo voy a decir porque la gente va a querer subir y me voy a tener que ir yo (risas).

La Junta anunció su deseo de pelear para que la Casa de Alba pagara el impuesto de sucesión aquí y no en Madrid, donde ese impuesto es prácticamente simbólico.

Mi madre era residente en Madrid, aunque alternaba su vida entre la capital y Sevilla. El último año de su vida, cuando estaba muy enferma, venía a Madrid menos. Nosotros somos de Madrid y yo ya he pagado todos mis impuestos en Madrid. Hace unos cinco años que liquidé todos mis impuestos con Hacienda porque nosotros no hemos heredado por el fallecimiento de mi madre. Mi madre nos hizo una donación hace cinco años.

¿Entonces por qué se ha planteado ese debate sobre el pago del impuesto de sucesiones?

Ni idea. Mejor preguntar a la Junta. También se ha hablado mucho del usufructo del marido de mi madre, cuando, desde hace cinco años, la Casa de las Dueñas es mía. En todo caso, el marido de mi madre vivía en mi casa y, por tanto, no tiene derecho a ningún usufructo por la Casa de las Dueñas, porque así se estableció antes de que se casara.

¿Cómo lo está haciendo Felipe VI?

Muy bien, lo borda todo pero no olvidemos que constitucionalmente el Rey tiene un papel representativo e institucional. Tenemos la enorme suerte de haber tenido a dos magníficos Reyes en cuarenta años. Don Juan Carlos fue un gran Rey, al que le debemos mucho. La Transición fue ejemplar. A los quince días de tener Rey parecía que ya llevábamos veinte años con él. Nuestros nietos estudiarán el reinado de Juan Carlos como el de mayor desarrollo económico y social de la historia de España.

¿Cómo lo está haciendo Doña Letizia como Reina?

En su estilo lo está haciendo muy bien.

Siempre ha huido de la Prensa. ¿Se siente ahora más a gusto en el papel público que ha asumido como duque de Alba?

Yo no tengo ninguna obligación pública porque yo soy un personaje privado. No tengo que estar en la prensa todo el día, ni me gusta.

Deduzco que se siente incómodo cuando la prensa airea los asuntos «incómodos» de su familia.

De mí hablan poco, gracias a Dios (sonríe).

En la web de la fundación que preside aparecen los productos Gourmet Casa de Alba. ¿Tienen el apoyo de la fundación?

Es un negocio privado que lleva mi hermano Cayetano y no tiene nada que ver con la fundación.

Dice que le gusta mucho Sevilla. ¿Qué es lo que más le gusta hacer cuando viene?

Me gusta ir a los restaurantes clásicos. Me encanta pasear por sus calles, tapear, ir al barrio de Santa Cruz... Además, aquí tengo buenos amigos hechos en la infancia.

Usted es además miembro de la Real Maestranza de Caballería. ¿Cuál es el torero que más le gusta en este momento?

Ahora hay cuatro o cinco toreros muy buenos. Claro que después de Curro Romero, que fue una leyenda... A mí me gusta el torero artístico, como Morante de la Puebla, Talavante, Perera, Castella... El más artista de ellos es ahora Morante de la Puebla.

Eso si Morante está inspirado...

Ya, pero si está inspirado ves una corrida extraordinaria. Yo he tenido la suerte de ver corridas antológicas de Curro Romero y Antonio Ordóñez porque he ido a los toros desde joven.

¿Qué opina de la falta de público que vemos en la Maestranza?

¡Con lo grande que es Sevilla y lo pequeño que es el aforo de esa plaza! Pero eso no pasa en Feria ni el Domingo de Resurrección.

Tampoco parece haber ayudado mucho el boicot de los toreros del G-5.

Eso fue una pena e hizo mucho daño. Los toros son una cosa que hay que preservar porque básicamente es arte, aunque se vea como sufrimiento. Es verdad que hay muchas corridas que desgraciadamente son malas y aburridas pero si ves una corrida o una faena buena, eso es maravilloso y muy emocionante. Todos los grandes artistas, como pintores, escultores o literatos, han plasmado los toros en sus obras de arte. Por tanto, hay que verlos como un arte. Siento mucho quien no tenga la suerte de apreciar el arte porque es un problema personal. Es como a quien no le gusta la música: le pones la Quinta Sinfonía de Beethoven y sólo aprecia ruido. ¡Pues mala suerte! A lo mejor es que no ha nacido con esa facultad. Para apreciar los toros hay que saber y sentirlos.

¿Le preocupa la falta de un nuevo Gobierno?

De política no hablo.

¿Qué le pedirá al nuevo Gobierno? ¿Quizá una Ley de Mecenazgo?

Sería muy importante que se aprobara esa ley porque hay que incentivar fiscalmente no sólo la compra de arte, sino que se pueda desgravar más por la conservación de casas, palacios y castillos porque el Estado no puede hacerlo y, por tanto, hay que hacer que los particulares se ocupen de ellos. Pero claro, para eso tienen que sentirse estimulados y no puedes pegarles palos por todos lados. Yo mantengo tres palacios: la Casa de las Dueñas, en Sevilla; el Palacio de Liria, en Madrid; y el palacio de Monterrey, en Salamanca. El primero es mío y los dos últimos de la fundación.

¿Tiene algún temor la Fundación Casa de Alba de que finalmente Podemos, un partido de inspiración chavista y bolivariana, termine formando parte del Gobierno?

No tiene por qué, ya que es una fundación privada. Además, estamos en un marco europeo.

¿Cuál es la relación de la fundación con la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena?

No tengo el gusto de conocerla pero me cae muy bien. Mis hermanos la conocen. Hay un vínculo divertido y es que Jesús Aguirre la casó.

Un barco pequeño con 40 años... pero «pagado»

Sobre los hombros de Carlos Fitz-James Stuart (Madrid, 1948) ha recaído la responsabilidad de preservar el legado histórico y artístico de la Casa de Alba. Consejero de varias empresas de seguros y familiares, patrono de honor del Museo del Prado y académico de Santa Isabel de Hungría, el decimonoveno duque de Alba desconecta de su trabajo navegando. «Tengo el barco más viejo de la costa. Tiene 40 años. Es dice un barco pequeño de motor y sólo tiene 9,5 metros de eslora. Todo el mundo me dice que me cambie de barco. Hay barcos magníficos pero están todos embargados o precintados. El mío está pagado y además lo disfruto muchísimo. Con mis hijos hago todos los años Sotogrande-Ibiza pero en el barco de ellos, que lo compró mi ex, porque tiene dos camarotes».