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Misteriosos parecidos entre imágenes budistas y cristianas del románico

Una exposición en el Cervantes de Pekín muestra sorprendentes semejanzas entre figuras de Buda en cuevas de China y de Dios en España

Enseñanza budista de los siete cuerpos de siete dimensiones (Gansú)
Enseñanza budista de los siete cuerpos de siete dimensiones (Gansú) - ABC
PABLO M. DÍEZ Corresponsal En Pekín - Actualizado: Guardado en: Cultura Arte

Distintas y distantes, tanto en el tiempo como en el espacio, algunas imágenes cristianas del románico guardan misteriosos parecidos con otras de la religión budista. De forma sorprendente, así lo pone de manifiesto una exposición que tiene lugar en el Instituto Cervantes de Pekín y llegará a España en septiembre, cuando se exhiba en varios centros del Instituto Confucio, encargado de difundir la cultura china en el extranjero. Con el título «Cartografía de los caminos: Dunhuang y el románico en la Península Ibérica», la muestra enlaza la iconografía religiosa de las cuevas de Mogao, una de las paradas legendarias de la Ruta de la Seda entre los siglos IV y XIV, con la que afloró en el Camino de Santiago durante la época del románico (siglos XI y XIII).

Desde que, en el año 366, el monje Shamen Lezun horadara una gruta y construyera un santuario tras tener una visión de mil Budas sobre el monte Mogao en Dunhuang, al oeste de China en la provincia de Gansú, este enclave se convirtió en uno de los paraísos espirituales, filosóficos y culturales de la Ruta de la Seda. Hasta el siglo XIV se cavaron 735 grutas, de las cuales 492 contienen más de 2.000 esculturas pintadas y 45.000 metros cuadrados de cuadros en sus paredes, mientras que en las otras 243 vivían y meditaban los 1.400 monjes, monjas, traductores, artistas y calígrafos que llegaron a tener sus 18 monasterios en su momento de máximo esplendor.

Debido a su posición como centro neurálgico e importante centro de peregrinación y estudio de la Ruta de la Seda, ricos mercaderes, poderosos gobernantes locales, influyentes caudillos militares y hasta emperadores efectuaban donaciones para construirse sus propios templetes, en cuyos murales y esculturas se reflejaba su vida. Durante mil años, en los que recibieron influencias artísticas de la India y Asia Central y de distintas dinastías como las Wei y Zhou septentrionales, la Sui o la Tang, las grutas de Dunhuang se fueron extendiendo por 1.700 metros a lo largo de la pared de un cañón.

A miles de kilómetros de allí, un fenómeno similar ocurrió en Europa a partir del siglo IX, cuando el Camino de Santiago conectó una ruta de peregrinación entre distintos países que sirvió para estrechar sus lazos religiosos y culturales, así como comerciales. A través de esta nueva arteria de comunicación, la más importante de la Edad Media en Europa, floreció en España el arte románico, que se extendió desde los condados de Cataluña hasta el oeste de la Península Ibérica. Justo en este lugar, al otro lado del continente euroasiático, aparecen similitudes con el arte budista de Dunhuang.

San Pedro y San Pablo en la iglesia de Santa María de Taüll en Lérida
San Pedro y San Pablo en la iglesia de Santa María de Taüll en Lérida

En la iglesia de San Clemente de Taüll, joya del románico en pleno Pirineo leridano, su ábside está decorado con una espléndida figura del Pantocrátor (Dios todopoderoso) que tiene claro origen bizantino, pero también guarda extrañas semejanzas con los Budas retratados en los mandalas, los cuadros de esta religión oriental que representan las fuerzas del universo. Además de estar ambos tocados por una aureola divina que les rodea la cabeza, sus figuras se hallan sentadas y enmarcadas por una mandorla (estilización del círculo de perfección) mientras alzan la mano derecha con los dedos índice y corazón extendidos. Esta señal de fe es tanto cristiana como budista y se une a la costumbre de juntar las palmas de las manos para rezar, habitual en casi todas las religiones.

También llaman la atención ciertas analogías en las representaciones de hombres santos de ambas creencias, como se aprecia en los retratos murales de dos discípulos de Buda, Kashyapa y Ananda, y en los de San Pedro y San Pablo en la iglesia de Santa María de Taüll.

Escena de caza en San Baudelio de Berlanga
Escena de caza en San Baudelio de Berlanga- ABC

Las similitudes no se ciñen solo a las figuras humanas, ya que se extienden al simbolismo y a la finalidad de muchos de los recursos artísticos empleados por las dos religiones. Marcado por el «horror vacui», así se aprecia en el estilo con que se plasma el cielo en el techo de una tumba en la gruta número 285 de Dunhuang, que es del siglo VI, y en la bóveda del Panteón de los Reyes de la Colegiata de San Isidoro, en León, fechada en el siglo XI.

Los temas y hasta la forma de pintar ciertos animales también coinciden en escenas de la vida cotidiana, como la cacería en la cueva 249 de Dunhuang, que data del siglo VI, y en la ermita de San Baudelio en la localidad soriana de Casillas de Berlanga, que es 600 años posterior.

Tumba en la gruta número 285 de Mogao en Dunhuang (Gansú)
Tumba en la gruta número 285 de Mogao en Dunhuang (Gansú)

Aunque es difícil saber a ciencia cierta a qué se deben tales semejanzas, los historiadores que han recopilado esta muestra tienen sus propias teorías. Según explica Gerardo Boto Varela, profesor de Arte Medieval de la Universidad de Gerona, «la iconografía budista tiene un origen muy claro en la India, donde lo antropomórfico es esencial. Por su parte, el arte de Occidente también ha trabajado en torno al cuerpo humano y se extiende hasta la cultura Gandhara, que enlaza el helenismo con el budismo a través de la India».

¿Llegó el arte de la Ruta de la Seda hasta Europa o, por el contrario, la influencia grecolatina se expandió hasta Oriente? Para la profesora Chen Juxia, de la Academia de Investigación de Dunhuang, «el arte del budismo recibió influencia griega y hay una evolución paralela en distintas geografías».

Como resume la comisaria de la muestra, Isabel Cervera, estos parecidos dejan la puerta abierta a futuras investigaciones para seguir relacionando dos lugares tan distintos y distantes como las cuevas de Dunhuang y las iglesias del románico en España.

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