Henry James, retratado por John Singer Sargent
Henry James, retratado por John Singer Sargent - ABC

El maravilloso desafío de Henry James

El prolífico escritor estadounidense vuelve a escena con la publicación del primer volumen de sus «Cuentos completos» en español

MadridActualizado:

Leer a Henry James (Nueva York, 1843-Londres, 1916) es una tarea que puede dejar al ávido lector sin aire. Principalmente por la profusión con la que expande conciencias soñadas en sus páginas, faceta que agota por cuanto exige a quien lo disfruta. También por su paulatinamente adquirida costumbre de escribir frases que de por sí son párrafos, laberintos construidos a través de la subordinación y la acotación cuya comprensión absoluta escapa al lector menos concienzudo. James escribe para quien le quiera leer.

A propósito de los escritos repletos de frases kilométricas de James decía la escritora estadounidense Edith Wharton, una de sus discípulas, que no entendía lo que querían decir. Ajeno a las advertencias de Wharton, el escritor Eduardo Berti se ha sumergido en la vasta producción de relatos del autor de «Los embajadores», 98 en concreto, para editarlos y traducirlos al español. Un trabajo titánico, el de estos «Cuentos completos», que ha encontrado refugio en la editorial Páginas de Espuma –la misma que recientemente puso el lazo a un trabajo similar con Chéjov– y cuyo primer volumen, el que incluye los relatos fechados entre 1864 y 1878, acaba de ver la luz en España.

Entre la novela breve y el relato extenso

La capacidad, por llamarlo de algún modo, de James para llenar 30 páginas con lo que a cualquier otro de sus coetáneos le sobrarían cinco, caracteriza al literato norteamericano sin llegar a constituir un debe en su currículo. En esa treintena, sus cuentos, funambulistas que desfilan entre la novela breve o el relato extenso, consiguen poner a remojo la historia que se nos cuenta para trocear con mimo la naturaleza humana que rige las relaciones personales, ingrediente básico en su particular cocina.

No por ello hablamos de historias vacuas. Lo prueban títulos como «De Grey» o «El alquiler fantasmal», tildadas como obras maestras por Berti. Él, que lleva tres años con la cabeza metida en el vasto mundo de James, reconoce en una charla con ABC que el margen que la editorial le dio para hacer el trabajo fue fundamental, ya que a menudo necesitaba «sacar la cabeza tres semanas y volver con otra mirada». También cuenta con un ayudante que le apoya con relecturas de lo que va traduciendo. Tiene casi terminado el segundo volumen, que abarca lo escrito entre 1878 y 1894, y un ojo ya puesto en el tercero, que llega hasta 1910.

Una técnica fascinante

La ilusión que impregna las palabras que Berti escoge para hablar del autor decimonónico es propia de quien siente su oficio como un privilegio. Lo explica: «Cuando uno lee a James, lo que aprende es infinito. Más cuando la lectura se da en un contexto de traducción. Nadie lee como un traductor. Éstos leen como en una especie de cámara lenta, como un mecánico desarma un motor… No significa que sea una lectura mejor, pero sí que es muy singular. Y esa experiencia permite ver cómo James maneja los cambios de perspectiva, de ritmo, cómo pasa de su frase sinuosa, deliberadamente ambigua, a frases que ordenan y funcionan como elipsis. Toda su técnica, uno la ve casi desde adentro. Es fascinante».

Esa frase de escalones que abandera la literatura de James se entiende mejor a razón del orden puramente cronológico en que estos «Cuentos completos» se han estructurado –a cada uno lo acompaña un breve anexo con el contexto y las circunstancias en que fue publicado–. De un primer cuento escrito con 21 años, fruto de una escritura que aún era germen, donde el estilo es directo y el torrente de introspecciones psicológicas a las que somete a sus personajes no pasa de la sugerencia, a la progresiva soltura que James adquiere a golpe de líneas.

Ambigüedad sexual

«Es difícil reconocerlo en el primer cuento, donde casi aconseja al personaje. Transcurre en Francia, es sorprendente. Y no tanto en un cosmopolita como él, pero ya aparece esa fascinación por el misterio del mundo femenino, que tal vez tiene que ver con su ambigüedad sexual, ya aparece un realismo raro, con elementos que están al límite de lo verosímil. Se va construyendo, pero es más simple. Al mismo tiempo, vas encontrándote con él. Según se acerca a la treintena, es muy maduro. El salto del aprendiz de los primeros cuentos al de los últimos es muy rápido», relata Berti.

Cuenta su editor más reciente que este primer tomo está marcado por tres elementos: su asentamiento en Londres (donde vivió la mayor parte de sus años); la publicación de su primer gran éxito, «Daisy Miller», y el comienzo de su cuaderno de notas, cuyos apuntes han permitido enriquecer los relatos traducidos. Al pie de página, el lector podrá encontrar plasmados acontecimientos biográficos relevantes que ayudan a comprender lo que tiene ante sí, la mayoría de Leon Edel, su gran biógrafo.

«Este es el libro de sus viajes de idas y vueltas a Europa», sintetiza Berti, que ha encontrado en estos cuentos un reflejo perenne de cuanto concernía a James: el complejo del americano venido a Europa, la idealización del Viejo Continente, la desilusión posterior, la ingenuidad del americano e incluso la envidia que en las calles londinense se profesaba a las mujeres americanas, menos sujetas por normas sociales. También la pintura, el arte que primero captó su atención, o el anhelo insuflado por la muerte de una prima de la que estaba enamorado. En suma, un «desafío maravilloso» en el que perderse para terminar descifrando la pluma de Henry James.