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Lyonel Feininger: tocata y fuga de un pintor caleidoscópico

La Fundación Juan March pone en valor a este gran artista con una completa retrospectiva de más de 400 obras

«Zirchow VII» (1918), de Lyonel Feininger
«Zirchow VII» (1918), de Lyonel Feininger - NATIONAL GALLERY, WASHINGTON
Lyonel Feininger dibujando en la playa, retratado por su hijo Lux
Lyonel Feininger dibujando en la playa, retratado por su hijo Lux- © The Lyonel Feininger Project, Nueva York-Berlín

Lyonel Feininger siempre anduvo entre dos aguas: entre Europa y Estados Unidos, entre la figuración y la abstracción, entre el cubismo y el expresionismo, entre la magia y el romanticismo, entre la ilustración y la pintura, entre la música y sus clases de grabado en la Bauhaus... Quizá por ello no ha tenido nunca su trabajo la repercusión que merece. Pero una visita a la ambiciosa retrospectiva que le dedica la Fundación Juan March, la primera en España, basta para darnos cuenta de que es uno de los grandes artistas del siglo XX. No se ha escatimado en préstamos. Más de 400 obras, cedidas por destacadas colecciones públicas y privadas, desvelan todas las aristas de este pintor caleidoscópico, como lo define Manuel Fontán del Junco, director de exposiciones de la Fundación March. Pionero del cómic, compuso música, abordó la ilustración, la pintura, el dibujo, el grabado, la fotografía, la construcción de juguetes... Y todo lo hizo con la misma calidad.

«Los niños Kin-der», dibujo publicado en el «Chicago Sunday Tribune» el 29 de abril de 1906
«Los niños Kin-der», dibujo publicado en el «Chicago Sunday Tribune» el 29 de abril de 1906- MOELLER FINE ART, NUEVA YORK

La primera de estas aristas es la caricatura, con la que arranca la muestra. Aunque nació en Nueva York, llegó a Hamburgo con 16 años. Sus padres, músicos de origen alemán, pretendían que el joven Lyonel siguiera sus pasos. Y, aunque compuso 16 fugas, su gran pasión fue el arte. Un arte muy musical. Sus primeros pasos le llevaron por la ilustración en revistas satíricas como «Ulk», «Lustige Blätter» y «Le Témoin». El «Chicago Sunday Tribune» se fijó en sus brillantes y mordaces viñetas y lo fichó en 1906. Para el diario norteamericano creó dos tiras, presentes en la exposición: «The Kin-der-Kids» (Los niños Kin-der) y «Wee Willie Winkie’s World» (El mundo del pequeño Willie Winkie). En una de las viñetas se autorretrata como el tío Feininger manejando las cuerdas de las marionetas, que son sus creaciones. También podría ser un autorretrato su célebre «Hombre blanco» (colección Carmen Thyssen): un altísimo y desgarbado señor atraviesa la ciudad, y el lienzo, fumando una pipa. Hay una foto de Feininger, que era muy alto, en actitud similar. Este cuadro aún tiene mucho de caricatura. A su lado cuelga «La dama de malva», del Museo Thyssen. Fue un pintor tardío: hizo su primer cuadro a los 36 años.

Cielos que parecen mares

«Gelmeroda VIII» (1921), de Lyonel Feininger
«Gelmeroda VIII» (1921), de Lyonel Feininger- WHITNEY MUSEUM, NUEVA YORK

Aunque siempre le interesó la figuración, coqueteó con el cubismo (en realidad, un cubismo pasado por el futurismo): sus poéticos lienzos se descomponen en prismas de color. Uno de los colores más repetidos en sus cuadros es el verde aguamarina: sus cielos parecen mares. Se aprecia en obras maestras como «Gelmeroda VIII», del Whitney Museum de Nueva York.

Muy vinculado al expresionismo alemán («sus personajes parecen salidos del gabinete del Doctor Caligari», según Fontán), se codeó con grupos pioneros de la modernidad en Europa, como la Secesión de Berlín, Die Brücke (El puente) y Der Blaue Reiter (El jinete azul). Feininger fue un apasionado de los barcos y los trenes, que se convierten en temas obsesivos de su trabajo, al igual que las ciudades, los paisajes, los océanos... Proyectó la creación de juguetes, pero la idea se quedó en unos bocetos y algunos prototipos.

Manifiesto de la Bauhaus de Weimar, ilustrado con «La catedral de la luz», de Feininger (1919)
Manifiesto de la Bauhaus de Weimar, ilustrado con «La catedral de la luz», de Feininger (1919)- HARVARD ART MUSEUMS

En 1919 Martin Gropius funda en Weimar la mítica Bauhaus. Al primero que le pide que se sume como profesor (en su caso de grabado) es a Feininger. A él se unirían Klee, Kandinsky, Albers, Max Bill... A todos ellos les ha dedicado exposiciones la Fundación March. Para el manifiesto fundacional de la Bauhaus escogió Gropius un grabado de Feininger: «La catedral de la luz». Pero con la llegada de los nazis éste regresó a Estados Unidos. Sus obras fueron consideradas arte degenerado. Hay una imagen en la que se ve a Hitler revisando unos cuadros de ese arte degenerado. Fue inmortalizado en el instante en que contempla un lienzo de Feininger. El montaje de la exposición, muy feiningeriano, nos lleva hasta sus últimos años, incluida su última e inacabada pintura, «Azoteas de Manhattan», de 1955, un año antes de su muerte.

La muestra se completa con un catálogo, que es la primera monografía en español de Feininger, y una edición semifacsímil, por primera vez en castellano, de «La ciudad en los confines del mundo» (1965), libro realizado por dos de los hijos del artista: textos de Lux y fotografías de Andreas. En la inauguración de la muestra esta tarde sonará la música del propio Feininger.

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