El equipo de técnicos de Aragón celebra con el alcalde de Villanueva de Sijena y la consejera de Cultura de Aragón el final exitoso del traslado - ABC

Lérida no restauró las obras de de Sijena que tenía almacenadas, solo las 7 expuestas

Uno de los restauradores relata a ABC cómo prepararon la exitosa operación de traslado de las piezas que llevaban en el Museo desde 1970

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Las obras de Sijena que cruzaron el pasado lunes la frontera física y algunos límites retóricos entre Cataluña y Aragón, en medio del fragor de la campaña electoral, han llegado bien. Comienza una nueva etapa, tras el cumplimiento de la sentencia judicial, a la espera de lo que ocurra con los últimos recursos. Hemos oído generalidades y sospechas lanzadas, con intención evidente, sobre el daño que podría acarrear el viaje de obras tan delicadas, pero hasta ahora no hemos sabido cuál era su estado real de conservación.

Faltaba escuchar a la otra parte. Pero el Gobierno de Aragón ha decretado un cerrojazo informativo inexplicable. Aquí están los datos sobre cómo estaban las obras, cómo se preparó su viaje al monasterio y cómo llegaron... todas menos una, la que permanece «extraviada» en Lérida.

La llegada de las piezas a las instalaciones del monasterio
La llegada de las piezas a las instalaciones del monasterio-ABC

Uno de los restauradores del equipo que viajó desde Aragón, Alfonso Monforte, ha relatado a ABC sus conclusiones profesionales tras la maratoniana jornada vivida en el Museo de Lérida. Las únicas obras restauradas por los especialistas catalanes eran las siete expuestas: las cajas sepulcrales de principios del siglo XV, que son piezas únicas, y los cuatro alabastros del retablo tallado por Gabriel Joly en 1530, están perfectos. El resto, «la práctica totalidad de las piezas guardadas en el almacén, no han sido tocadas desde que entraron en el Museo» en 1970. Algo que llama la atención con un patrimonio sometido a tanta reivindicación y a un pleito de 20 años. «Vimos intervenciones toscas y burdas: parches en los cuadros y unión de fragmentos. No sabemos si son de los años 80 o tal vez anteriores, pero dejan patente que los lienzos no se han intervenido para conocer el estado de las obras sino sólo para arreglar rotos».

Humedades, pérdidas...

Entre las enfermedades más generalizadas en los lienzos -«casi todos están en mal estado, aunque sean las piezas de menor valor artístico», comenta Monforte- figuran las «pérdidas moderadas y graves de capa pictórica, rastros de humedades, y la oxidación del lienzo, que le hace perder elasticidad, aparte de los barnices ennegrecidos por las velas y el tiempo», enumera el restaurador. Su conclusión es que «se nota que estamos ante obras de los siglos XVI, XVII y XVIII sobre las que nadie ha actuado para conservar. En Lérida han estado almacenadas, bien almacenadas, estabilizadas, pero no se han restaurado», remacha.

Los alabastros calcinados

Los trozos del retablo de alabastro de Gabriel Joly que estaban en el almacén son los que más preocupan a los expertos. Los cuatro expuestos están restaurados, en buen estado, pero los del almacén revelan que «se trata de una obra derrumbada en un monasterio incendiado, sin cubierta, fragmentada y dejada a la intemperie muchos años. Pensemos que el alabastro es un yeso y la humedad acaba sulfatándolo». Los técnicos se sorprendieron al ver que las obras no han sido sometidas ni a limpieza ni a consolidación.

«En algún caso vienen pegadas unidades formales con un adhesivo que hace décadas que no se emplea en restauración. El puzle muestra figuras calcinadas, sin policromía casi, que simplemente han sido estabilizadas en el almacén de un museo, pero no intervenidas». Por último, el restaurador nos informa de que «las tablas policromadas del almacén son piezas en mejor estado, aceptable, con deficiencias que requerirán intervención, pero no tan deterioradas como lienzos y alabastros».

En resumen, las obras llegaron al Monasterio cuya historia hace pensar a Monforte que es «el colmo de la mala suerte», no solo por la desamortización y el incendio de los anarquistas en la Guerra Civil, sino también por los retrasos y plantones que las monjas han tenido que ir soportando en la lenta recuperación del edificio, además del litigio.

El operativo de seguridad veló por el traslado, hasta su llegada a Sijena
El operativo de seguridad veló por el traslado, hasta su llegada a Sijena-ABC

Hoy, la parte reformada para albergar el museo está perfectamente dotada de instalaciones que preservaran el arte de la polémica. No en vano, las reformas han corrido a cargo de los experimentados arquitectos Luis Franco y Mariano Pemán, autores de otras intervenciones complejas en edificios de patrimonio, como la misma Seo de Zaragoza. Pero salvo para las 7 obras que tenían expuestas en el Museo de Lérida se abre también un largo proceso de restauración y consolidación de las demás obras trasladadas. Nada comparado con el desgaste que ha ocasionado este litigio de 20 años en los tribunales.

Rifirrafe por la «Inmaculada»

Alfonso Monforte relata también cómo vivió la madrugada y la mañana del lunes dentro del museo. Llegaron a las instalaciones ilerdenses a las 3 de la mañana, acompañados por agentes del Grupo de Patrimonio de la UCO de la Guardia Civil. Eran seis especialistas enviados por el Gobierno de Aragón los que entraron en el Museo de Lérida y allí se encontraron con los cuatro colegas catalanes -tres del museo y uno del MNAC barcelonés- con los que debían proceder al embalaje y preparación para el viaje.

En el interior del museo había más gente. Además de la Guardia Civil, varios letrados llamados como testigos, un notario que levantaba acta llamado por la parte catalana, y un fotógrafo convocado por el museo que documentaba pieza a pieza -hay quienes dicen que lo hacía con todo detalle, como si fuera la primera vez que se documentaban así las piezas del almacén-.

Una de las cajas sepulcrales de las prioras, obra estrella de la colección
Una de las cajas sepulcrales de las prioras, obra estrella de la colección

El trabajo de embalaje comenzó a las 5 de la mañana y a las 12 estaba terminado, según nos cuenta. Pero las obras tardaron aún dos horas en salir del Museo, ¿por qué? «Problemas burocráticos». ¿A qué se refiere? «La firma de actas y el pequeño rifirrafe que se preparó cuando supimos que una obra no aparecía porque se había extraviado», cuenta en relación a la «Inmaculada», el lienzo perdido en 2012 en el Obispado de la ciudad.

Mucho antes, el equipo de técnicos aragoneses preparó, mientras desde Cataluña se ponía en duda su capacidad para gestionar este patrimonio, las cajas y los materiales necesarios, para lo que contrataron a la empresa especializada Queroche. Monforte explica a ABC que «en ningún momento ha corrido riesgo ninguna pieza. En caso de que se hubiera detectado riesgo para alguna se habría dejado allí hasta que pudiera ser intervenida apropiadamente». Además, insiste ante los rumores extendidos, que «en ningún momento hubo prisas. Todos deseábamos acabar bien el trabajo».

Medidas erróneas

El viaje se ha producido en «perfectas condiciones, nada tiene que envidiar a los traslados de los más importantes museos. Se prepararon cajas rígidas con el mejor sistema de almohadillado y aislantes», confirma. Cada caja estaba construida a medida de la obra, aunque sí reconoce que «hubo dos o tres casos en los que las medidas que nos ofrecieron no se ajustaban a la realidad y se realizó in situ la adecuación necesaria del embalaje». Además, el camión llevaba control climático.

Con el helicóptero de la Guardia Civil franqueando el paso a la comitiva de seguridad, fuentes del operativo cuentan que muchos ciudadanos paraban sus coches y salían aplaudiendo del vehículo cuando entraron en territorio Aragonés, al contrario que en Lérida. Monforte recuerda que el alcalde de Villanueva de Sijena comenzó a llorar de emoción al llegar el convoy y tardó bastante en contener las lágrimas.