Júlio Pomar
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Júlio Pomar, el pintor que cimentó la modernidad a la portuguesa

El artista falleció a los 92 años en el Hospital da Luz de Lisboa

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Una casa-museo rememora el legado de Júlio Pomar en el centro de Lisboa, donde su obra echó raíces para sentar las bases de la pintura moderna en Portugal. Primero desde los postulados sociales y desde la resistencia al Estado Novo, antesala para introducir el neorrealismo al otro lado de la frontera.

Pero la policía política de Salazar estrechó el cerco a su alrededor y no tardó en ser encarcelado. Tanto es así que compartió celda con el histórico fundador del Partido Socialista, Mário Soares, a lo largo de cuatro meses.

Puso después tierra de por medio y se estableció en París, donde realizó retratos de creadores portugueses de vanguardia como Almada Negreiros o Souza-Cardoso.

Se rindió ante la nueva figuración y terminó por alejarse del activismo, antes de realizar unas exquisitas ilustraciones para las ediciones lusas de «El Quijote».

Desde entonces, adquirió su aureola hechuras de tótem para las generaciones posteriores, hasta el punto de que los principales artistas contemporáneos de Portugal suspiraban por interactuar con él.

Así pudo comprobarse en el diálogo expositivo que mostró el año pasado junto a Pedro Cabrita Reis, uno de los grandes nombres de la actualidad, y así lo testimonia José Pedro Croft cuando declara: «Júlio Pomar era una referencia de toda la vida».