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Cultura - Arte

José Manuel Navia: la huella de la vida

El fotógrafo presenta en el Instituto Cervantes una reflexión sobre el universo del genial autor del Quijote

España, provincia de Cuenca, Tarancón
España, provincia de Cuenca, Tarancón - Navia

En un lugar de la Mancha fue donde el fotógrafo Jose Manuel Navia se adentró en su paisaje interior y más íntimo. En la tierra del ingenioso hidalgo fue cogiendo cuerpo la idea de «Nostos», un libro anterior, buscando la esencia del viaje y las necesidades que en él tiene el ser humano. Desde la «Iliada» hasta hasta nuestros tiempos el viaje, el retorno y el recuerdo del origen han estado presentes en la literatura. De estos textos se nutre Navia y elabora su propio devenir por esa España interior, no exclusivamente mesetaria, sino nuestro territorio personal y ancestral.

José Manuel Navia
José Manuel Navia- MATÍAS NIETO

Y no es casual que entrara en contacto las andanzas de ese caballero soñador y errante. Ya hizo un libro sobre el territorio del Quijote, si bien esa obra tiene una características algo distintas. Ahora se adentra explorando el universo del autor. Siguiendo su vida escasa en datos aprovecha esas lagunas para rellenarlas con las referencias biográficas de las obras de Cervantes. Esos vacíos le permiten además acercarse más a nuestro tiempo. Lo que en el fondo Navia nos muestra es cómo Cervantes podría ver el mundo. En este caso concreto el actual. Cernuda entendía y admiraba que Cervantes se ocupara de las cosas anodinas como las ventas y los caminos. Y Navia retoma esta idea y vuelve a dar voz a las personas sin voz, a las esquinas fugaces y a las estatuas olvidadas.

Estilo sobrio y preciso

Navia nos lo muestra siempre con su estilo característico, sobrio y preciso, dominando todos los elementos. Y lo que mejor domina es la luz, su luz, llamemos «la luz Navia», la que mejor resalta las cualidades de los objetos. La luz que transmite emociones. Busca con determinación y encuentra siempre esa luz que le fascina, sea tenue o dramática, sea cálida o fría. Esa luz ya tiene su nombre, ya es su marca. Siendo dueño de la luz y teniendo todos los conocimientos y sensibilidad, sale a explorar los lugares más recónditos de nuestro paisaje y de nuestra memoria que ya tenemos olvidados. Recuerda estilísticamente mucho a su primera gran obra, «Pisadas sonámbulas». Aquí ya está el leitmotiv del trabajo de Navia, la búsqueda de la impronta dejada por otros hombres, conocidos o anónimos, y cómo sobrevive y pervive.

«Miguel de Cervantes o el deseo de vivir» es el título de esta exposición de 66 obras, auspiciada por Acción Cultural Española, E. Anómalas y el Instituto Cervantes, que contiene el concepto fundamental, la vida, en la obra de Navia. La vida con todo su esplendor, que brota en cualquier camino y surge con fuerza de las piedras labradas por otros hombres. Fotográficamente, Navia se ha acercado a una gran variedad de autores, como Roa Bastos, Miguel Torga y Delibes, entre otros. Y culmina su relación con la literatura con el Principe de los Ingenios. Probablemente, el devenir de su trabajo será distinto. Más libre y esa conjugación de imágenes y palabras, en definitiva de ideas, tendrán como referencia fundamental la obra que ahora podemos ver.

Formado en la prensa, se decidió por el color, cuando esto aún era una tarea ingente y complicada. Su obsesión por dominar un oficio le ha valido el reconocimiento de todo el mundo. Filósofo de formación y antropólogo por devoción, siempre se ha considerado exclusivamente fotógrafo. Él es autor, no se entiende como artista. Igual que Cervantes, su materia prima es la realidad y el tiempo. Dos elementos de la vida a los que el rinde un constante homenaje. A poco que recapacitemos nos sorprenderá cómo el mundo conocido del siglo XVI es tan parecido al de hoy, esencialmente poco cambia y evoluciona. Seguimos confundiendo el sueño con la realidad.

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