Cultura - Arte

El día que los ingleses clavaron el «Guernica» con puntas a la pared

Una galería barcelonesa expone en Londres obras de Miró y Picasso para conmemorar el octogésimo aniversario del Pabellón de la República Española de 1937

Aspecto de la muestra, comisariada por Juan Manuel Bonet
Aspecto de la muestra, comisariada por Juan Manuel Bonet - ABC

El «Guernica» de Picasso, uno de los cuadros más conocidos y simbólicos del siglo XX, que hoy reposa por fin tranquilo en el Museo Reina Sofía, tuvo una existencia ajetreadísima. Picasso lo completó en París en junio de 1937, atendiendo a un encargo que le había hecho en enero el Gobierno de la República de cara al Pabellón Español de la Exposición Internacional de las Artes y las Técnicas de la capital francesa. Pero de Francia viajó a Escandinavia, Inglaterra, Nueva York, Milán, Sao Paulo, Alemania, Bélgica… El «Guernica» recorrió medio mundo hasta recalar en Madrid en 1981, pero probablemente en ningún lugar recibió un trato tan peculiar como en Inglaterra.

En Londres se exhibió en una exposición auspiciada por el futuro premier laborista Clement Atlee y en Manchester unos estudiantes lo mostraron en un antiguo salón de venta de coches, clavándolo con puntas directamente a la pared.

La muestra londinense

El «Guernica» y su leyenda son evocados estos días en Londres, donde la galería Mayoral de Barcelona ha organizado la exposición «Revolucionarios del arte». La ha llevado a cabo mediante lo que se conoce como un «pop up», una intervención efímera, alquilando hasta el 10 de febrero una sala de la calle Duke Street de St. James’s, vía especializada en el arte sita en el centro más elitista de la capital. Allí se muestran 17 obras de Picasso, Miró, Julio González y el estadounidense Alexander Calder, las estrellas del Pabellón de la República española en la Exposición de París del verano de 1937, del que se quiere conmemorar su ochenta aniversario. La iniciativa, que ya ha pasado por Barcelona y París, se preparó durante un año y su comisario es Juan Manuel Bonet, exdirector del Museo Reina Sofía y según parece el próximo director del Instituto Cervantes.

La exposición no recoge ninguna de las obras originales que estuvieron en el pabellón español en 1937, custodiadas hoy en grandes museos. Pero evoca la arquitectura racionalista del espacio, obra de los arquitectos Luis Lacasa y José Lluis Sert, y hasta reconstruye el mural perdido de Joan Miró para la cita parisina, titulado «El segador». El maestro catalán lo buscó durante toda su vida, pero jamás apareció. Las 17 obras, algunas a la venta, forman parte de colecciones particulares y de fondos de la galería. También se ha recogido material de revistas y carteles de la época, que dan cuentan de las acciones de artistas izquierdistas ingleses en apoyo de la República.

«Hace 80 años, en el marco del Pabellón de la República española, se produjo un momento que yo diría capital en la historia del arte -explica Jordi Mayoral, el director de la galería-. Se apuntaron grandes maestros, como Picasso, Miró, Alexander Calder, Julio González y lo relevante es que hicieron piezas memorables, históricas, como el «Guernica», por supuesto, o «El Segador» de Miró, que después desapareció. Con la colaboración de la fundación de la Fundación Miró lo hemos reconstruido aquí para que la gente lo pueda volver a ver. Pero tal vez lo más interesante sea recordar como aquellos artistas se comprometieron con sus ideales y fueron coherentes con ellos».

En la planta subterránea de la muestra pueden verse los pasquines que dieron cuenta de la primera exposición del «Guernica» en suelo inglés. Fue en octubre de 1937, en las Burlington Galleries de Mayfair. Resultó un pequeño fiasco: en cuatro días solo acudieron a ver el enorme mural unas 3.000 personas.

El "Guernica" de Picasso en el pabellón español de la Feria de París, en 1937
El "Guernica" de Picasso en el pabellón español de la Feria de París, en 1937- ABC

Antes de llegar a Inglaterra, el «Guernica» había estado de gira por Escandinavia. El objetivo era recabar dinero y simpatías para la República española. El mural llegó a puerto británico el 30 de septiembre de 1938, el mismo día que el pusilánime primer ministro Chamberlain firmaba con Hitler los Acuerdos de Munich, que daban luz verde a la anexión de los Sudetes checos por los nazis.

Tras su debut en Londres, el Guernica, que denuncia el brutal bombardeo de la ciudad vasca por los nazis el 26 de abril de 1937, pasó por Oxford y por Leeds. Después volvió a Londres y se mostró con gran éxito de público en la Whitechapel Gallery, en el Este de la ciudad, en una exposición que inauguró el líder laborista y futuro primer ministro Clement Atlee, que apoyaba a la República. En dos semanas pasaron 12.000 visitantes. A los que no tenían dinero para abonar la entrada se les pedía que regalasen un par de botas viejas. Uno de quienes pagaron con calzado fue el padre del mejor pintor inglés actual, David Hockney.

Tras ser enrollado y desenrollado cinco veces, el «Guernica» se despidió de Inglaterra a comienzos de 1939, con la muestra de Manchester, sonada porque los estudiantes socialistas que la organizaron clavaron el mural con puntas y consiguieron como sala un antiguo salón de venta de coches. Penrose, quien en su día había visto en París junto al escultor Henry Moore cómo Picasso preparaba el mural, escribió al artista español para darle cuenta de que «el Guernica está causando una profunda impresión en la gente corriente».

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