Cultura - Arte

Francis Bacon: los dibujos de la polémica

Hubo un largo litigio sobre la autenticidad de las 50 obras expuestas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

«Retrato de Cristiano Lovatelli Ravarino» (1992), de Francis Bacon. Detalle
«Retrato de Cristiano Lovatelli Ravarino» (1992), de Francis Bacon. Detalle - COLECCIÓN LOVATELLI RAVARINO
«Papa» (1990), de Francis Bacon
«Papa» (1990), de Francis Bacon- COLECCIÓN LOVATELLI RAVARINO

¿Sabía dibujar Francis Bacon? Es más, ¿dibujó alguna vez? Las respuestas a estas preguntas flotan en una exposición que reúne, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, medio centenar de dibujos del genial artista británico en el 25 aniversario de su muerte. Falleció en esta ciudad en 1992. Y es que 700 dibujos (entre ellos, los 50 expuestos) han sido el centro de un agrio y largo litigio que enfrentó, de 2009 a 2014, en un tribunal de Cambridge al dueño de las obras, el periodista italiano Cristiano Lovatelli Ravarino, y el Estate Bacon (los herederos de su legado). Martin Harrison, autor del catálogo razonado, negó la autoría de los dibujos.

Según el Estate Bacon, son falsos. Según Lovatelli, se los regaló, firmados y fechados entre 1977 y 1992, el propio pintor, con quien mantuvo una relación sentimental. De momento, gana la partida Lovatelli, pues unos peritos confirmaron la autenticidad de la firma de los dibujos cuestionados y no se ha podido demostrar que éstos sean falsos. Para Juan Barja, director del Círculo de Bellas Artes, «detrás de todo esto hay una historia de intereses. Las obras han ganado la batalla».

Sylvester alimentó el mito

«Crucifixión» (1986), de Francis Bacon
«Crucifixión» (1986), de Francis Bacon- COLECCIÓN LOVATELLI RAVARINO

Contribuyó a la ceremonia de la confusión David Sylvester, quien mantuvo a partir de 1962 conversaciones con Francis Bacon, publicadas en un libro considerado la biblia baconiana. Explica Fernando Castro Flórez, crítico de arte de ABC Cultural y comisario de la muestra, que Sylvester le preguntó al artista: «¿Nunca haces bocetos de tus cuadros?» Y Bacon respondió: «A veces pienso que debería hacerlos, pero no los hago». De ahí, dice, surgió el mito de que Bacon no dibujaba: «Solo dijo que no hacía bocetos preparatorios de sus pinturas. Y los aquí expuestos no son bocetos, sino obras en sí mismas, de gran tamaño (en algunos casos de 1,5 por 1 metros). Además, sus lienzos tienen mucho de dibujístico».

Algunos de estos trabajos se exhibieron en 1981 en una galería de Bolonia, cuando Bacon estaba vivo. «Sería extraño que él no hubiera montado en cólera si fueran falsos», comenta Castro Flórez. Y recuerda que Barry Joule, vecino del pintor, que trabajaba para él como manitas, recibió 1.200 dibujos de Bacon, poco antes de su muerte, que donaría a la Tate. Para el comisario, los dibujos son auténticos, «aunque nunca se puede estar seguro al cien por cien. Son vibrantes de color, muy enérgicos». Recuerda que, cuando fue por vez primera a la fundación de Lovatelli en Bolonia, le sorprendió «la magnitud de la colección, la intensidad de las obras, enorme en cantidad y en calidad».

En estos dibujos están presentes cuatro temas recurrentes en la producción de Bacon: los Papas (obsesionado con el «Inocencio X», de Velázquez, hizo innumerables versiones, aunque nunca quiso ver el original), crucifixiones, retratos, figuras sentadas... En ellos están los rostros deformes marca de la casa y destilan la soledad y melancolía propias de sus trabajos. La fundación buscó sede en Londres. Trató de hacerse con el estudio de Bacon en Reece Mews. No fue posible. Ahora tiene en el punto de mira un palacio boloñés. Entre los proyectos puestos en marcha, exposiciones en Treviso, Dubrovnik y una centrada en las crucifixiones pintadas por un ateo confeso como Bacon, que se abrirá el 6 de marzo en la primera iglesia anglicana de Londres.

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