El profesor Charles Hope argumenta contundentemente para razonar su teoría
El profesor Charles Hope argumenta contundentemente para razonar su teoría - ABC

Un experto asegura que el retrato de Miguel Angel atribuido a Piombo es una falsificación

El cuadro se muestra en la National Gallery de Londres como parte de una polémica exposición sobre el gran pintor del Renacimiento

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La National Gallery, la pinacoteca más importante del Reino Unido, mantiene en cartel hasta el próximo 25 de junio la muestra «Miguel Ángel & Sebastiano», que aborda la amistad del genio florentino y de su protegido veneciano a través de obras de ambos. La exposición de pago -20 euros al cambio-, criticada ya por el poco material del gran maestro renacentista que ofrece, sufre ahora un nuevo revés. Un respetado historiador del arte, Charles Hope, asegura que el retrato de Miguel Ángel atribuido a Sebastiano que se data en 1520 es «una obvia falsificación» de los años cincuenta del siglo XX.

El cuadro retrata a Buonarroti mostrando un libro de dibujos. La galería de Trafalgar Square lo presenta como «probablemente de Sebastiano Piombo», pero Hope sostiene que en realidad llevaba cuatro siglos enterrado cuando fue pintado. «Todo sugiere una falsificación moderna, pintada probablemente antes de que apareciese la obra, en 1960».

El cuadro surgió de la nada en una colección privada en Francia en 1960. Hasta entonces nadie lo había visto jamás, o al menos no existía testimonio alguno en ese sentido. La National Gallery reconoce en su catálogo que se sabe «poco menos que nada» sobre la historia del presunto retrato de Miguel Ángel atribuido a Sebastiano del Piombo.

Charles Hope fue director entre 2001 y 2010 del prestigioso Instituto Warburg de la Universidad de Londres, centro dedicado al arte de la antigüedad del que hoy es profesor emérito. En una crítica que ha publicado en el «London Review of Books» va desmontando la atribución del retrato a Sebastiano con argumentos plausibles.

En primer lugar repara en que el retrato de Miguel Ángel es casi idéntico a uno que hizo Sebastiano del Piombo de su médico tres años antes. «Es difícil pensar que un artista de este nivel se repitiese tan literalmente en menos de tres años», razona Hope, que añade que probablemente Miguel Ángel conocería la obra y no le gustaría verse reflejado exactamente igual que el médico, sosteniendo un libro con su mano izquierda y haciendo un gesto con la derecha.

En 2014 se descubrió que la imagen de Miguel Ángel del retrato de Sebastiano de 1511 (1950 según Hope) está pintada sobre un trabajo anterior de Andrea del Sarto, que muestra a la Virgen y el niño con Juan el Bautista. «Qué un artista importante hubiese tratado de manera tan despectiva la obra de otro destacado contemporáneo es inconcebible», indica el profesor Hope.

La National Gallery intenta salir del entuerto diciendo que «la inclusión de la obra es un modo de continuar la discusión sobre su atribución». Además explica que «las atribuciones se hacen sobre la base de estudios históricos y técnicos, con la información disponible decidimos presentar este trabajo».

Hope todavía guarda un rejón más para la exposición. Uno de sus momentos cumbres es una escultura de Cristo resucitado desnudo y con la cruz, que se presenta como una de Miguel Ángel rematada por otros autores. En la muestra la National Gallery explica que el maestro la dejó a medio hacer al encontrarse con una veta negra en la zona del mármol empleada para la cara del Cristo. Hope sostiene que «lo cierto es que en la actual superficie de la estatua no hay nada que sea suyo».

Sebastiano Piombo, 17 años menor que Miguel Ángel, llegó de su Venecia a Roma en 1511. Era un dotado profesional del óleo, de un colorismo vivaz, que pronto trabó amistad con el maestro florentino. Miguel Ángel trabajaba en la Capilla Sixtina, mientras que su odiado rival, el emergente Rafael de Urbino, se aplicaba en los apartamentos papales. Buonarroti concluyó que solo Sebastiano podía competir con la facilidad para el óleo de Rafael y colaboró con él con dibujos y aportando conceptos para sus obras.

La amistad acabó en bronca, atestiguando una vez más el carácter áspero del genio Buonarroti. Rompió con Sebastiano cuando volvió a la Capilla Sixtina para componer el Juicio Final. La ruptura se desató por una discusión sobre qué técnica pictórica se debía emplear (Sebastiano recomendaba el óleo). Acabada la relación, Miguel Ángel hablaba despectivamente de su antiguo amigo y colaborador, al que tachaba de artista menor.