Elmyr de Hory, el gran impostor

Logró hacer pasar sus cuadros por obras de Picasso, Modigliani y Matisse. Fue denunciado por un magnate tejano que había sido engañado por los marchantes. Se refugió en Ibiza en sus últimos años para huir de la persecución de la Justicia. Una película de Welles amplificó el mito

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Se sabe que Elmyr de Hory nació en 1906 en Budapest y que se suicidó en Ibiza en 1976 antes de ser extraditado a Francia. Pero ni siquiera es posible dar por ciertas esas afirmaciones porque le gustaba mentir sobre su edad y su propio biógrafo aseguró que un amigo le había visto en Sidney meses después de su muerte. Su leyenda sigue viva.

"Le he conocido con decenas de nombres en EE.UU., México, Canadá y Suiza. La realidad es que nadie sabe quién es Elmyr de Hory", decía uno de sus socios. Ciertamente su vida fue un enigma y también su legado, puesto que muchos de los miles de cuadros que pintó son todavía hoy obras maestras que llevan la firma de Renoir, Picasso, Matisse, Modigliani, Van Dongen y otros. Todas fueron concebidas como piezas originales y todas salieron de los pinceles de este virtuoso de la imitación, considerado como el mayor estafador y falsificador de la historia del arte.

Instalado en una villa de Ibiza en 1959 para huir de sus problemas con la Justicia de EE.UU., De Hory se convirtió en un personaje familiar de la bohemia local. Abiertamente homosexual, con su monóculo y sus anchas blusas de colores, ceñidas por un gran cinturón, se hizo famoso por sus fiestas a las que asistían la flor y nata de la isla, que le escuchaba jactarse de su amistad con Hemingway, Gore Vidal, Anita Loos y Tennessee Williams.

"Yo no engaño a nadie, soy un creador. No me he enriquecido. Han sido los intermediarios los que se han hecho millonarios a mi costa. Nunca he firmado un cuadro de los que hoy están en los museos", aseguraba. Sus afirmaciones son muy dudosas porque el pintor fue denunciado en los años 60 por un magnate del petróleo tejano que había comprado más de 40 cuadros de Picasso y Modigliani que habían sido pintados por él.

En realidad, el artista húngaro de origen judío emigró a EE.UU. en 1946, tras huir de un campo de concentración nazi, para intentar triunfar con su obra. Pero pronto se dio cuenta de sus imitaciones eran mucho más rentables que sus cuadros, como cuenta su biógrafo Clifford Irving. Aunque tampoco hay que fiarse de lo que sostiene Irving, que fue condenado a varios años de cárcel por falsificar una biografía de Howard Hughes. La peripecia de Irving aparece en "Fake", la película de Orson Welles, rodada en la villa de Elmyr en Ibiza, que mezcla la trayectoria de estos dos estafadores cuyas vidas se cruzaron casualmente al intentar engañar el uno al otro.

¿Fue el artista húngaro un genio o un simple imitador? La pregunta queda en el aire, pero, como apunta Welles, la falsificación es consustancial al mercado del arte, donde la firma es un valor de cambio. Crear es algo distinto a ser reconocido. Por eso, los cuadros de Elmyr siguen hoy en los museos.