Maya y Picasso. «El misterio Picasso», Niza (Estudios de la Victorine), 1955
Maya y Picasso. «El misterio Picasso», Niza (Estudios de la Victorine), 1955 - © edwardquinn.com/© Succession Picasso 2017

La cara más tierna de Picasso

La Galería Gagosian de París explora en una exposición la cómplice relación con su hija Maya, su musa más joven

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El 8 de enero de 1927, a la salida de las Galerías Lafayette de París, Pablo Picasso se topa con una joven rubia de ojos azules, de origen sueco, que le cautivó de inmediato. Le propuso retratarla. Marie-Thérèse Walter tenía 17 años, él 28 más. El artista seguía casado con la bailarina rusa Olga Khokhlova, con la que había tenido a su único hijo hasta entonces, Paulo. Desde aquel día Pablo y Marie-Thérèse se volvieron inseparables. Ella se enamoró perdidamente y él la convirtió en su nueva musa y amante. Supuso una erupción creatividad en su carrera. La pintó y esculpió obsesivamente en innumerables obras, siempre voluptuosa, sensual, con pinceladas curvas.

Picasso con sus hijos Maya, Claude y Paloma en la playa. Golfe-Juan, 1953
Picasso con sus hijos Maya, Claude y Paloma en la playa. Golfe-Juan, 1953-© edwardquinn.com/© Succession Picasso

En 1930 Picasso compra el Castillo de Boisgeloup (Normandía), donde vive su apasionado amor con Marie-Thérèse, fruto del cual nació su hija Maya el 5 de septiembre de 1935 en la clínica del Belvedere en Boulogne-Billancourt. Una exposición en la galería Gagosian de París explora, hasta el próximo día 22, la relación entre padre e hija a través de lienzos, dibujos, esculturas, fotos inéditas, vídeos, cartas y poemas. La comisaria es Diana Widmaier Picasso, historiadora del arte y nieta del artista. Es hija de Maya. Todo queda en familia.

En memoria de su hermana

Picasso con Maya en brazos. Clínica del Belvédère, Boulogne-Billancourt, 6 de septiembre de 1935
Picasso con Maya en brazos. Clínica del Belvédère, Boulogne-Billancourt, 6 de septiembre de 1935 - Archives Maya Widmaier-Ruiz-Picasso/© Succession Picasso 2017

Su verdadero nombre era María Concepción, nombre que le puso Picasso en memoria de su hermana menor, que falleció a los 14 años a causa de la difteria. Él había prometido no volver a pintar ni dibujar más si ella se salvaba. No fue así, desgraciadamente para él, pero afortunadamente para la Historia del Arte. Maya era un calco de su padre. «Cuando me cogió en brazos se dio cuenta de que tenía una réplica exacta de su cara en sus manos», relata Maya. Y así es. Viéndola de cerca es como Picasso redivivo, pero con peluca rubia. Los mismos ojos penetrantes que te fulminan al mirarte.

Picasso amaba incondicionalmente a Marie-Thérèse y a Maya. Han salido del archivo familiar fotografías, firmadas por maestros como Edward Quinn, Man Ray o André Villers, de Picasso con su hija recién nacida en brazos, en la intimidad de su casa (jugando con sus hermanastros Claude y Paloma, nacidos de una relación de Picasso con Françoise Gilot), en la playa durante las vacaciones, e incluso compartiendo un proyecto profesional. Vemos juntos a padre e hija durante el rodaje del espléndido documental «El misterio Picasso», de Henri-Georges Clouzot, en los estudios Victorine de Niza en 1955.

«Retrato de Maya de perfil», dibujo de Picasso (1943)
«Retrato de Maya de perfil», dibujo de Picasso (1943) - Cortesía Gagosian/© Succession Picasso 2017

Había una gran complicidad entre ellos. Durante su infancia y adolescencia Maya estuvo muy apegada a su padre. Se convirtió en la joven musa de un tierno Picasso, que retrataba a su hija en preciosos dibujos de corte clásico. Entre 1935-36 se toma un año sabático en pintura. Se dedica a dibujar y escribir. Hasta que en 1938 pinta seis retratos de Maya que recuerdan a los enanos y bufones de Velázquez. Siempre estuvieron en manos de Picasso. Todos son de colección privada, menos uno, del Museo Picasso de París. «Todo está ahí. Mi ropa de pequeña, mis juguetes... Son retratos maravillosos», advierte Maya. En cada uno la niña va vestida de manera diferente, siempre con algún juguete en sus manos: una muñeca, un caballito, un barco...

Un padre ausente

Picasso retrata a Marie-Thérèse y Maya en la intimidad del apartamento que había alquilado en secreto en el número 44 de la rue La Boétie de París, muy cerca de su estudio. Pinta a su joven amante mientras amamanta a Maya. Como curiosidad, en uno de los dibujos la madre aparece con la boca y la nariz tapadas, por insistencia del artista, para que no contagiara el resfriado a su hija. En otras obras semejan una Madonna renacentista con el Niño en brazos.

Maya vestida de torero
Maya vestida de torero - RMN-GRAND PALAIS (MUSEO PICASSO DE PARÍS)/THIERRY LE MAGE

Según Maya, fue un padre ausente pero muy cariñoso y siempre de buen humor con ella. Las fotografías dan buena fe de ello. Y, aunque siempre se habla de la relación de Picasso con las mujeres, según Maya «fue el artista que más y mejor estudió a los niños. Estaba obsesionado con el tema. Dibujó y pintó más niños que mujeres». Cuando en 1937 Picasso afronta el «Guernica» se halla en una crisis personal: se ha separado de Olga, su primera esposa, y está a punto de abandonar a la madre de su hija –con quien nunca se casó y que acabaría suicidándose en 1977– por una nueva musa: la fotógrafa Dora Maar, quien inmortalizó el proceso de creación del «Guernica» en el estudio de la rue des Grands Augustins de París.

Diana Widmaier Picasso ya ha comisariado otras exposiciones sobre su abuelo: «Picasso y Marie-Thérèse: el amor loco» (2011), «Picasso.mania» en el Grand Palais de París (2015) y «Los Picassos de Picasso» (2016). Además, en 2005 publicó un libro sobre las obras eróticas de su abuelo. Su hermano Olivier también hizo lo propio con «Picasso. Retratos de familia». Tanto en ese libro como en esta muestra se esboza un retrato de Picasso muy alejado del que hizo otra de sus nietas, Marina, en «Picasso. Mi abuelo», un durísimo ajuste de cuentas familiar.