Imagen del pabellón de Francia con la propuesta de Xavier Veilhan, «Studio Venezia»
Imagen del pabellón de Francia con la propuesta de Xavier Veilhan, «Studio Venezia» - AFP

La Bienal de Venecia: más arte y conciencia social, y menos política

Así es la 57 edición de la gran cita artística del año, que se inaugura el sábado

Enviada especial a VeneciaActualizado:

El título de esta 57 edición de la Bienal de Venecia es toda una declaración de intenciones: «Viva Arte Viva», un grito apasionado por el arte. La francesa Christine Macel, comisaria este año, ha diseñado una bienal con, por y para los artistas. Les devuelve así la voz protagonista que perdieron en anteriores ediciones. Lo que antaño eran reivindicaciones políticas, hoy son más preocupaciones artísticas y sociales.

Desde este sábado y hasta el 26 de noviembre, a las hordas de turistas que invaden a diario Venecia –con 40 millones al año no es de extrañar que el Ayuntamiento quiera restringir la entrada a los lugares más emblemáticos– se suman esta semana artistas, comisarios, directores de museos, periodistas... Los vaporettos no dan abasto. Giardini, Arsenale y el resto de la ciudad acogen los pabellones de los 85 países participantes (este año se incorporan Antigua y Barbuda, Kiribati y Nigeria). Por cierto, solo 7 de los 54 países africanos tienen pabellón en la Bienal de Venecia. Un dato nada alentador.

Para saber cuáles son los pabellones más populares de esta edición basta con ver el número de bolsas que cuelgan en los hombros de los visitantes. El pabellón francés gana por goleada. Xavier Veilhan, junto con los comisarios Lionel Bovier y Christian Marclay (este último ganó en 2011 el León de Oro al mejor artista por su fantástico «The Clock»), ha creado «Studio Venezia»: el pabellón francés se ha tornado en estudio de grabación en el que tendrán cabida todas las músicas... y el público podrá ser testigo de excepción de un acto creativo tan íntimo y personal.

El runrún es que tampoco había que perderse el pabellón alemán, donde la joven Anne Imhof daba rienda suelta a una de sus performances, que nunca pasan desapercibidas. Tampoco defrauda Estados Unidos, que este año apuesta por Mark Bradford. A sus cotizados collages, pinturas y esculturas abstractas que pueblan el pabellón, ha sumado un proyecto muy especial: The Process Collettivo. Siempre preocupado por la justicia social y las crisis humanitarias, se ha unido a una cooperativa local veneciana (Rio Terà dei Pensieri) con un proyecto comunitario, que durará seis años, para la reinserción social de presos. Una tienda en el centro de Venecia vende los productos artesanales que elaboran: alimentos, cosméticos, camisetas, accesorios...

Japón decepciona

El pabellón de Italia es uno de los más dramáticos. Roberto Cuoghi, uno de los tres artistas que exponen en él, ha convertido el espacio en una fábrica de figuras devocionales. Inquietante, el vaciado de Crucificados en una atmósfera futurista. Como curiosidades, los dos trolls (Ügh y Boögar) del original pabellón islandés y el camión haciendo el pino, de Erwin Wrum, en el de Austria, que será una de las piezas más fotografiadas de esta bienal.

Japón, que deslumbró en la pasada bienal, decepciona este año. La propuesta de Takahiro Iwasaki parece un episodio de «Humor amarillo»: la gente está más pendiente de si alguien se estampa la cabeza con las vigas puestas, con muy mala uva, en unos techos bajísimos que con la propuesta artística. Tampoco ha convencido la siempre interesante Suiza. Su particular evocación de Flora, joven amante americana de Giacometti, en «Mujeres de Venecía» prometía más.

En cuanto a la presencia española, encabezada por Manuel Borja-Villel, presidente este año del jurado de la bienal, Jordi Colomer ha creado un pabellón español nómada con bandera apátrida en el que invita a unirse al espectador. Sentados en gradas, contemplan vídeos grabados en Barcelona, Sitges, Atenas y Nashville. Pero hay más españoles este año en Venecia. Antoni Abad ha puesto en marcha un interesante proyecto, «La Venecia que no se ve», apuesta de Cataluña para la bienal. Se trata de una cartografía inédita de la Serenísima, elaborada por invidentes, que harán tours gratuitos. Paradójicamente, otra forma de «ver» una de las ciudades más hermosas del mundo.

Teresa Lanceta ha sido seleccionada por Christine Macel para la exposición internacional, que reúne a 120 artistas de 51 países (más de cien exponen por vez primera) en 9 trans-pabellones, dedicados a los libros (al igual que hizo Walter Benjamin, que desembaló su biblioteca, se anima a los artistas a recopilar en una lista sus libros favoritos), las utopías, los goces y los miedos, las tradiciones, los colores, lo dionisíaco...

Es el caso de Lanceta, que reivindica la artesanía como expresión artística con unos tejidos bereberes que cuelgan en el Arsenale. Antoni Miralda y Joan Rabascall –los catalanes de París– llevarán a cabo un happening comestible. Y hablando de comida, hay «mesas abiertas» en las que importantes artistas compartirán un almuerzo informal con el público. Finalmente, el mallorquín Bernardí Roig estará presente en «Intuición», una exposición colectiva en el Palacio Fortuny, dentro de los eventos colaterales de la bienal.

Y es que este «Fitur artístico» es un imán para los mejores artistas del mundo. Como el director de escena norteamericano Bob Wilson, al que vimos acompañado por su amigo el bailarín Mikhail Baryshnikov. Ha creado en los Magazzini del Sale una bella e hipnótica instalación teatral, «El plato que se escapó con la cuchara», para celebrar el 25 aniversario de illy Art Collection: animales amenazadores (lobos, un puma y un tigre daliniano) conviven con inocentes conejos saltarines.