Cultura - Arte

ARCO reactiva la confianza de los coleccionistas

Los Reyes inauguran hoy la 36 edición de la feria, acompañados por el presidente argentino, Mauricio Macri, y su esposa, Juliana Awada

En el centro, «Constructif avec quatre figures», de Torres-García, en el estand de Guillermo de Osma. Es la obra más cara de ARCO. Su precio: 1,8 millones de euros - IGNACIO GIL

A sus 36 años, ARCO ya es todo un clásico. Y no lo decimos porque «Don Quijote» cuelgue en el estand de Christopher Grimes, pintado por João Louro, ni porque Sócrates luzca en la portada de «Book Safe», de Thomas Hirschhorn, en Chantal Crousel. Es ya una cita consagrada en el calendario cultural del país y arraigada popularmente. Pero se ha hecho más profesional... y más clásica (que no siempre es sinónimo de aburrida). Es la edición más políticamente correcta que recordamos. Y ya llevamos muchas a las espaldas (y los riñones). Mientras el MoMA planta cara a Donald Trump exhibiendo obras de artistas de países considerados «non gratos» por el presidente norteamericano, en ARCO ni está ni se le espera. No hay rastro de él.

Obras de David Hockney, en el estand de Lelong en ARCO
Obras de David Hockney, en el estand de Lelong en ARCO- IGNACIO GIL

Sí están algunas de las estrellas del mercado internacional. Coincidiendo con la retrospectiva de la Tate Britain, la galería Lelong dedica un espacio de su estand a David Hockney con ediciones de obras recientes hechas con iPad, con ordenador, dibujos fotográficos, retratos... Sus precios, entre 20.000 y 28.000 euros. Un clásico moderno, como Ai Weiwei. En Lisson están a la venta sus «Colored vases»: vasos de la dinastía Han, rociados con pintura industrial. Cuestan 200.000 euros. En Forsblum venden «Remains», restos humanos en porcelana con los que la estrella china denuncia los crímenes del régimen de Mao, por 260.000 euros.

La resurrección de Kounellis

Un hombre admira una obra de Jannis Kounellis, recientemente fallecido
Un hombre admira una obra de Jannis Kounellis, recientemente fallecido- IGNACIO GIL

Y más estrellas: el siempre deslumbrante Anish Kapoor (525.000 libras en Lisson), la siempre inquietante Louise Bourgeois («La maladie de l’amour», en Hauser & Wirth). O el desaparecido Jannis Kounellis. Su reciente muerte ha hecho que algunas galerías desempolven sus obras de los almacenes. Está presente en Lelong con una escultura de hierro pintado, de 2016 (120.000 euros) y en Bo Bjerggaard con un cuadro con sombrero y abrigos (200.000 euros). En Lelong, Jaume Plensa posaba ayer junto a su escultura «Paula» (280.000 euros). A su lado, un bronce de gran tamaño de Miró, «Femme a la chevelure» (470.000 euros). Patrice Cotensin, director de la galería parisina, dice que ambos funcionan muy bien en todo el mundo. Bueno, Plensa menos en el Reina Sofía y el Macba, donde no parecen tenerle tanto aprecio. Destaca que ARCO «en los 80 y 90 era una feria de arte español para coleccionistas españoles. Pero eso ha cambiado. Hoy tiene una calidad muy alta, está muy bien organizada y es un placer venir».

Obras de Anish Kapoor (a la izquierda) y Ángela de la Cruz, en el estand de la galería Lisson
Obras de Anish Kapoor (a la izquierda) y Ángela de la Cruz, en el estand de la galería Lisson- IGNACIO GIL

Pero si hay un artista omnipresente este año en ARCO... no es Julian Opie, sino la española Ángela de la Cruz. Sus óleos y acrílicos sobre aluminio monocromos, sobre los que pasó por encima con su silla de ruedas, están por todos los rincones de la feria: color turquesa en Helga de Alvear, rosa en Lisson, rojo en Krinzinger; naranja y amarillo en Carreras Múgica...

Las piezas más caras

«Una mujer contempla «Three Laughing at One», de Juan Muñoz, en Elvira González. Su precio: 1.550.000 euros
«Una mujer contempla «Three Laughing at One», de Juan Muñoz, en Elvira González. Su precio: 1.550.000 euros- IGNACIO GIL

Si nadie dice lo contrario, la obra más cara este año en ARCO es «The Red Base», un móvil de Alexander Calder, puesto a la venta por 2,5 millones de euros en el estand de la galería Mayoral de Barcelona. En su primer año en ARCO esta galería se estrena con un diálogo entre Calder y Joan Ponç en una muestra comisariada por Pilar Parcerisas. Por su parte, Guillermo de Osma pone a la venta estupendas piezas de Joaquín Torres-García. Su lienzo «Constructif avec quatre figures», de 1932, cuesta 1,8 millones de euros. A su lado, un abecedario, juguetes de madera... Este artista es talismán para De Osma. Abrió la galería en 1991 con sus obras. En Elvira González cuelga otra de las piezas de ARCO: «Three Laughing at One», de Juan Muñoz (1.550.000 euros). Y en Leandro Navarro, «El triunfo de Nautilo», realizado por Dalí en 1941. El cuadro, dice Iñigo Navarro, «es una celebración de su llegada a Estados Unidos». Estuvo expuesto en el MoMA en los años 40. Su propietario es un coleccionista privado suizo. Su precio: 1,4 millones de euros.

Obras en el almacén del estand de Marlborough. Entre ellas, un busto en bronce que Antonio López hizo de su mujer, Mari
Obras en el almacén del estand de Marlborough. Entre ellas, un busto en bronce que Antonio López hizo de su mujer, Mari- IGNACIO GIL

Pero hay más curiosidades, como una miniatura en erección de Calder, «Pendant Man with Phallus» (80.000 euros) y un número especial de la revista «Le Patriote» con motivo del 80 cumpleaños de Picasso. Braque ilustró la portada. Colaboraron Alberti, Cocteau, Cela, Le Corbusier, Kahnweiler, Miró, Zervos... A todos les dedicó Picasso un ejemplar. El que sale a la venta está dedicada a Bores. Su precio: 9.500 euros. En Marlborough, para ver un bronce de Antonio López (un busto de su esposa, Mari, que cuesta 160.000 euros) hay que entrar al almacén del estand. Entre lo más destacado, un lienzo clásico de Manolo Valdés del 89, «La danza» (630.000 euros). El martes, Francisco Leiro se afanaba por dejar en perfecto estado de revista a su «Pigmalión» (85.000 euros).

«Sphere blanche», de Julio Le Parc, uno de los proyectos especiales presentados este año en ARCO
«Sphere blanche», de Julio Le Parc, uno de los proyectos especiales presentados este año en ARCO- IGNACIO GIL

Sin duda, éste es el año en el que han vuelto las grandes piezas a ARCO, síntoma de que cuenta de nuevo con la confianza de los coleccionistas. Pero de la decena de proyectos especiales de gran formato que hay es un error haber concentrado cinco de ellos (obras de Alicia Framis, Julio Le Parc, Bernardí Roig, Los Carpinteros y Sebastián Díaz Morales) en el espacio de conexión entre los pabellones 7 y 9. Están perdidos. Ganarían mucha más fuerza en medio de la feria. ARCO sigue apostando fuerte también por el arte en vivo. Ayer, el cantautor Albert Pla protagonizaba una performance del grupo Mondongo («No soy tan joven como para saberlo todo») en el estand de la galería argentina Barro: un Pinocho contemporáneo, atrapado en el Salón de los Espejos de Versalles.

Optimismo generalizado

«Colored vases», de Ai Weiwei. El artista chino roció con pintura industrial estos vasos de la dinastía Han
«Colored vases», de Ai Weiwei. El artista chino roció con pintura industrial estos vasos de la dinastía Han- IGNACIO GIL

La nota dominante entre las galerías es el optimismo. Para Íñigo Navarro, «las expectativas son grandes. Tras una crisis económica y otra política de propina, ésta es una feria de recuperación. Galerías extranjeras importantes han querido estar en ARCO». Carles Taché intuye «un buen ARCO. Hay buena energía, buenas obras muy bien instaladas. Antes los estands eran caóticos». A las pocas horas de abrir sus puertas Espacio Mínimo ya había vendido varias piezas. Uno de sus galeristas, Luis Valverde, subraya que «este año hay más confianza y menos miedo a comprar. Los nubarrones ya se han despejado». Igual piensa Juana de Aizpuru, que ayer vendía un Wolfgang Tillmans a la Fundación Cristina Masaveu Peterson:«Tras unos años apáticos, la gente viene con entusiasmo, muy energética. ARCO va por el buen camino, es una feria de primer nivel internacional».

Para Guillermo de Osma, «la feria funciona. ARCO debe seguir con este diálogo con América Latina». También es optimista Helga de Alvear, premiada por la Fundación ARCO, que ya había comprado ayer un Tàpies en Cayón y había vendido una escultura de Ana Prada a una coleccionista israelí. Son muchos los galeristas que confían en el poder adquisitivo de los coleccionistas latinoamericanos afincados en Madrid.

Elena Ochoa no se quitó ayer estas vistosas gafas. Ni siquiera para oír a su marido, Norman Foster, que pronunció una conferencia sobre arte
Elena Ochoa no se quitó ayer estas vistosas gafas. Ni siquiera para oír a su marido, Norman Foster, que pronunció una conferencia sobre arte- IGNACIO GIL

Entre los famosos que se acercaron ayer por ARCO, José María Michavila; Jacobo Siruela, su esposa, Inka Martí, y su hermana Eugenia Martínez de Irujo; Mar Flores, Amaia Salamanca y su marido, Rosauro Varo... Elena Ochoa, cual Peggy Guggenheim rediviva, no se quitó sus vistosas gafas ni siquiera durante la conferencia de su marido, Norman Foster, en el Foro, organizado por el Círculo Fortuny, que preside Carlos Falcó, marqués de Griñón; acompañado a su vez por Esther Doña.

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