El artista Iván Sikic pega láminas doradas en el cuerpo de un refugiado sirio. Forma parte de una performance
El artista Iván Sikic pega láminas doradas en el cuerpo de un refugiado sirio. Forma parte de una performance - MAYA BALANYÁ

ARCO «acoge» a los refugiados

Artistas comprometidos reflexionan en la feria sobre inmigración, discriminación de la mujer y racismo

MadridActualizado:

Nadie entendía ayer qué hacía un hombre en calzoncillos, descalzo, andado hacia atrás, mientras otro le iba pegando láminas doradas en su cuerpo. Durante cuatro horas recorrió, en una silenciosa procesión ritual, tanto el exterior de los pabellones de Ifema como los stands de ARCO. Miradas incrédulas, medias sonrisas, mucha foto... pero nadie sabía en realidad de qué se trataba. «Madrid Chapter» es una performance del artista peruano Iván Sikic –de padre peruano y madre nicaragüense, abuela mexicana y abuelo croata–, presente en la galería Luis Adelantado de Valencia, tercera entrega de su serie «The Gold» (en las dos anteriores abordó la colonización de los aborígenes y la crisis migratoria en Australia, país donde el artista vivió un tiempo).

Y el hombre en calzoncillos es Mohamad Karaman, un joven sirio que llegó en 2013 a España como refugiado político con su madre y su hermano. Como tantos otros, huyó con su familia del horror de su país a través del Líbano, donde su padre murió de un infarto. Sikic estuvo meses buscando en las redes sociales al protagonista de la performance. Hasta que dio con este estudiante de Ingeniería en Lugo, de 23 años.

La belleza de las cicatrices

La performance se inspira en la filosofía japonesa del Kintsugi: cuando se rompía una vasija la reparaban usando lacra y oro. No se esconden las cicatrices del pasado, sino que resaltan su belleza, pues cuentan su historia. Una hermosa metáfora con la que explicar los conflictos sociales, como el drama de los refugiados. Karaman anda hacia atrás: trata de sanar sus heridas retrocediendo en el tiempo. En el stand de Luis Adelantado se exhibe «Deriva», un pieza de Sikic relacionada con la performance: es un cubo de cristal medio lleno con agua del Mediterráneo. En él flota una botella de agua recubierta con oro de 24 quilates: en su interior, agua fresca, aire y una moneda de 5 céntimos. Su precio: 3.000 euros.

Fragmento de una obra de Travis Somerville
Fragmento de una obra de Travis Somerville- MAYA BALANYÁ

ARCO siempre ha sido una plataforma donde ha tenido cabida el arte en todas sus expresiones, incluido el más guerrero. Galerías como ADN de Barcelona o T20 de Murcia suelen apostar por propuestas sociales y políticas muy reivindicativas. En esta última cuelga una obra de Francesc Torres, en la que utiliza una manta térmica, como la que vemos a diario cubiendo los cuerpos de los inmigrantes que tratan de alcanzar, hacinados a bordo de balsas, las costas de Europa. La manta térmica contrasta radicalmente con otras mantas bien distintas, las utilizadas para dar masajes.

Muy combativa, la propuesta que ha traído la galería Beta Pictoris de Alabama. La artista norteamericana de origen iraní Taravat Talepasand expone la posición de la mujer en su país en un Mercedes tuneado: en el capó, una mujer se tapa los ojos y los oídos. En la misma galería el artista Travis Somerville da voz al drama de los inmigrantes negros, latinos, indígenas con piezas muy potentes en las que mezcla horcas, petróleo, el Ku Klux Klan... en una actualización moderna de «La balsa de la medusa», de Géricault.

El arte se mueve

Camión pintado por Marina Vargas
Camión pintado por Marina Vargas- MAYA BALANYÁ

En ARCO no solo se mueve el arte gracias a las performances. También, a la propuesta «Truck Art Project», que se presentó ayer en ARCO. Una iniciativa del empresario y coleccionista Jaime Colsa gracias a la cual seis artistas (Abraham Lacalle, Javier Arce, Suso 33, Javier Calleja, Marina Vargas y Okuda San Miguel) han pintado sobre soportes muy especiales: unos camiones que, tras exhibirse fuera de ARCO, recorrerán España. Primero llegaron los food trucks. Ahora rugen los art trucks.