Carlos Pérez Siquier (izquierda) y Ramón Masats, ayer en el Museo Reina Sofía
Carlos Pérez Siquier (izquierda) y Ramón Masats, ayer en el Museo Reina Sofía - MAYA BALANYÁ

Afal, el grupo que revolucionó la fotografía española de posguerra

Adolfo Autric y Rosario Tamayo donan al Reina Sofía 650 instantáneas: 200 de ellas se muestran en una exposición. El archivo del grupo ya fue legado por Carlos Pérez Siquier en 2015

MadridActualizado:

En diciembre de 1963 se publicaba el último número de la revista «Afal». «Las revoluciones tienen que morir jóvenes –decía Carlos Pérez Siquier, uno de sus fundadores– y no hay que procurar alargarles la vida porque languidecen». Pero Afal nunca murió. Fue el sueño de dos jóvenes veinteañeros (José María Artero, de 29, y Carlos Pérez Siquier, de 26), locos y valientes, que en la aislada Almería de los 50, en plena dictadura, obraron un milagro: crear una moderna e innovadora revista de fotografía y cine bimestral que tomó el nombre de la Agrupación Fotográfica Almeriense (AFAL). Apenas sobrevivió siete años (de 1956 a 1963). Tiempo suficiente para llevar a cabo una revolución de la fotografía española de posguerra. Fue un imán que atrajo a fotógrafos de toda España: Alberto Schommer (Vitoria), Gabriel Cualladó (Valencia), Gonzalo Juanes (Gijón), Julio Ubiña (Santander), Joan Colom, Leopoldo Pomés, Oriol Maspons, Ramón Masats, Ricard Terré, Xavier Miserachs (todos ellos de Barcelona)... La mayoría ya han muerto.

Fue la Edad de Oro de la fotografía española. Afal fue para ésta lo que Dau al Set y El Paso a las artes plásticas en nuestro país. Una ventana al exterior en plena dictadura franquista. Afal despertó el interés de figuras internacionales como Edward Steichen, que pensó en incluir a algunos de estos fotógrafos en una exposición que preparaba en 1959 en el MoMA, y Henri Cartier-Bresson, un referente para muchos de ellos, que mandó una carta felicitándoles por tan interesante iniciativa.

En 2006 una exposición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla resucitaba al grupo. Tres años después se estrenaba el documental «Afal. Una mirada libre», de Alberto Gómez Uriol. En 2012 el Reina Sofía remodelaba su colección: la fotografía se integró plenamente en el discurso, al mismo nivel que el resto de las disciplinas artísticas. En 2015 Carlos Pérez Siquier donó a la pinacoteca el Archivo Afal. Pero aún quedaba un último capítulo en esta historia. Dos protagonistas entran en escena: la pareja de coleccionistas madrileños formada por Adolfo Autric y Rosario Tamayo. Llevan dos décadas coleccionando. No solo fotografía. También, diseño industrial (atesoran más de 4.000 piezas). Han hecho un depósito de 500 obras al Museo de Artes Decorativas.

Xavier Miserachs. «Costa Brava Show» (1965)
Xavier Miserachs. «Costa Brava Show» (1965) - MUSEO REINA SOFÍA

Proyecto de adquisición

El Reina Sofía mostró interés por su colección de fotografía española. Pero Autric y Tamayo no se limitaron a donar las 150 instantáneas que tenían de Afal. Hace dos años se inició un proyecto de adquisición, coordinado por Laura Terré, hija de Ricard Terré –uno de los fotógrafos del grupo– y principal historiadora de fotografía de la época. Desde entonces se han adquirido 500 imágenes más, por lo que la donación al museo se compone de 650 fotografías, valoradas entre 1,5 y 2 millones de euros. El Reina Sofía se convierte así en el centro de referencia para el estudio e investigación de Afal.

Las instantáneas fueron compradas en galerías, ferias o directamente a los propios artistas, explican los coleccionistas. Entre las directrices del proyecto, que no sólo fueran fotos icónicas, sino grupos de obras de sus principales series; a ser posible, copias de época y positivadas por el artista o bajo su supervisión. Laura Terré sabía bien qué y dónde adquirirlo. Muchas fotografías fueron compradas por debajo de su valor gracias a la generosidad de las familias de los fotógrafos. En algunos casos fueron donaciones: los herederos de Schommer donaron doce obras importantes.

Oriol Maspons. «Tres jambes» (1965)
Oriol Maspons. «Tres jambes» (1965)- MUSEO REINA SOFÍA

A Rosario le costó más que a Adolfo desprenderse de las fotografías, con las que había convivido en casa. De hecho, se ha quedado una de Miserachs (un niño mirando un globo), a la que no pudo dejar marchar. Ella prefería el depósito a la donación, pero sus hijos estuvieron de acuerdo y se decantaron por esta fórmula. ¿Cuáles han sido las contrapartidas? Una sala permanente con el nombre de los coleccionistas (se instalará en la cuarta planta del museo), un catálogo y una exposición itinerante por España y el extranjero: Estados Unidos, México, Francia... Para Adolfo Autric, «éste es un ejemplo de mecenazgo participativo». Se lamenta de la falta de una ley de Mecenazgo en España, que ve como algo injusto y discriminatorio: «Es difícil que prosperen iniciativas como esta con la actual normativa».

De las 650 imágenes donadas, 200 de trece fotógrafos se han reunido en una exposición, incluida en PHotoEspaña, que permanecerá abierta desde hoy hasta el 19 de noviembre. La comisaria es la propia Laura Terré. Junto a los dos centenares de imágenes se exhiben algunos números de «Afal» (concretamente, del 1 al 18), el «Anuario de la Fotografía Española» editado en 1958; cartas, telegramas, documentos...

Una de las salas de la muestra en el Reina Sofía
Una de las salas de la muestra en el Reina Sofía - MAYA BALANYÁ

Visión humanista

Para la comisaria, es «una colección muy coherente, que responde a las ideas de los autores. No firmaron un manifiesto, no son un grupo con un programa ni una estética propia. Fue una respuesta de libertad, un relato de su tiempo, una mirada personal, subjetiva». Advierte Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, que «hay un antes y un después de Afal en la fotografía española. Fue esencial, revolucionario, rupturista. Aunque fotografiaban la realidad, defendían la pintura abstracta. Tenían una visión humanista y una voluntad de modernizar y abrir España al exterior».

Los miembros de Afal nos ayudan a entender la compleja España de aquella época: la Vitoria de Schommer, el impacto del primer turismo de Miserachs, el Madrid de Ontañón, los Sanfermines de Masats, el Raval de Joan Colom, La Chanca de Pérez Siquier, la Galicia de Ricard Terré, la moda vista por Oriol Maspons, los toros por Leopoldo Pomés, la muerte de Carmen Amaya o el paso de Hemingway por Pamplona a través de la cámara de Julio Ubiña.

Carlos Pérez Siquier, ayer en el Reina Sofía junto a una fotografía de su serie sobre La Chanca (Almería)
Carlos Pérez Siquier, ayer en el Reina Sofía junto a una fotografía de su serie sobre La Chanca (Almería) - MAYA BALANYÁ

Pérez Siquier: «Fue una actitud ante la vida»

Se habla siempre de Afal no como un grupo homogéneo, sino como una suma de individualidades. «Era una actitud ante la vida, ante el momento que estaba viviendo España. Cada uno tenía su forma de ser y estar en el mundo, su identidad y su estilo fotográfico. Unos iban más hacia el surrealismo, otros al humanismo o la abstracción. Lo que había era una comunidad de ideas. Éramos, aunque sea un poco atrevido decirlo, gente moderna». ¿Cuáles eran los nexos comunes? «Teníamos interés no por una España lineal, igual, sino que nos fijábamos en lo social, lo humano... en una imagen del hombre que no era la que el régimen quería exportar. La fotografía que se conocía fuera de España era grandilocuente. El máximo representante era Ortiz Echagüe, quizá el único español conocido internacionalmente. Después llegamos nosotros, que fotografiamos una España auténtica, no en el sentido de denuncia. La mayoría de los fotógrafos de Afal dirigieron su mirada al hombre y sus circunstancias».

¿Cómo burlaron la censura, en plena dictadura? ¿Tuvieron que tirar de ingenio? «El ingenio siempre se tuvo. Por supuesto que tuvimos censura, pero también autocensura. Nosotros sabíamos ya lo que no podíamos publicar. Pero tuvimos problemas. Yo llegué a estar en comisaría. Me denunciaron porque creían que había hecho una foto para vender a Francia en contra del régimen. La tomé en un barrio donde hicieron unas casas sindicales. Un letrero decía: "Yo haré que el sol y la luz entre en los hogares españoles. Franco". Había casas deterioradas y alguna chabola, un niño desnudo... Alguien me denunció. Cuando fui a coger la vespa me llevaron a comisaría. El jefe de policía me dijo: "De esta te has escapado, pero ya te pillaré"».

Sorprende que esta revolución comenzara en Almería. «Hay varios factores -explica Pérez Siquier-. Almería estaba incomunicada tanto geográfica como culturalmente. No teníamos acceso a lo que se estaba publicando. También por aburrimiento. Vimos que teníamos cualidades para hacer fotografía y, en vez de hacer una fotografía convencional, hicimos un manifiesto diciendo que la fotografía podría tener proyección nacional e internacional. No sabíamos a dónde iba a llegar todo aquello». ¿Cuál fue la auténtica revolución de Afal? «El conocimiento de la fotografía española fuera. La semilla para que otros siguieran nuestra senda. Hubo una comunión entre las distintas comunidades: vascos, catalanes, andaluces, madrileños hicieron una piña común que continuó durante 50 años. Algo difícil ahora».

Ramón Masats, ayer ante una de sus fotografías más conocidas
Ramón Masats, ayer ante una de sus fotografías más conocidas - MAYA BALANYÁ

Masats: «No pretendíamos ser modernos»

Hace quince años guardó su cámara para siempre: «Para mí se terminó la fotografía», dice con cierta tristeza Ramón Masats. «No voy por la calle buscando fotografías. Voy procurando no pegarme una hostia. Ya no miro nada más». Del grupo Afal, del que es un superviviente, destaca «la inteligencia y la individualidad de sus miembros. Cada uno hacía lo que le parecía. No pretendíamos ser modernos. Hacíamos lo que nos gustaba y nos salía del corazón. Lo que la fotografía necesitaba en aquel momento». ¿Cuál fue la auténtica revolución del grupo? «Pérez Siquier y Artero, unos locos de Almería, una provincia por entonces casi fuera de España. Que se atrevieran a hacer eso... Ellos sí que eran modernos».

Para él, «Afal» es «la mejor revista que ha habido nunca en España». ¿Tuvo problemas con la censura? «A veces la burlábamos con la ironía, pero nos autocensurábamos». Se lamenta de que «había mucho desprecio por parte de jóvenes que no valoraban lo que habíamos hecho. A lo mejor es que no tenía ningún interés para ellos. Ahora este renacimiento del interés por Afal me parece fantástico». Su célebre fotografía de unos curas jugando al fútbol abre la exposición. «La odio». Se explica: «Me parece espléndida, pero cuando me dicen que quieren comprar una foto mía ya sé cuál es. Hay muchas a las que tengo cariño. El que más me gusta es el libro de los Sanfermines, el primero que hice. Empecé a hacerlo siendo amateur y lo acabé siendo profesional».