Una mujer admira una pieza de la artista rusa Irina Nakhova en el pabellón de su país
Una mujer admira una pieza de la artista rusa Irina Nakhova en el pabellón de su país - AFP

Bienal de Venecia: arte para todos los gustos

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Un total de 136 artistas, 89 países con sus respectivos pabellones y 44 exposiciones colaterales. Toda esta oferta puede contemplarse en Venecia desde esta semana y hasta el 22 de noviembre en la 56 edición de una Bienal que cumple ya 120 años. Un gran evento en el que hay arte para todos los gustos pero en el que, como dice su comisario general, Okwui Enwezor, se pretende «ocupar los espacios de la Bienal y pre-ocupar el tiempo y el pensamiento del público». Unos pensamientos que el artista Sean Scully plasma en una serie pinturas abstractas que se pueden ver en el Palacio Falier, situado en el Gran Canal. La figura de Scully destaca entre las habitaciones de este precioso palacio y él mismo explica que cuando realizaba estas pinturas –caracterizadas por el uso intenso de los colores azul, gris y verde– «estaba preocupado con mis memorias de Venecia, el movimiento del agua, cómo golpeaba a los ladrillos y las piedras de la ciudad».

Un movimiento del agua que llega a su máxima expresión con la llegada de los cruceros que desembarcan a las hordas de turistas que convierten a esta ciudad prácticamente en intransitable a lo largo de todo el año. Unos barcos que estos días se cruzan con los elegantes yates de los coleccionistas que acuden de todos los lugares para visitar su exposición principal y los distintos pabellones dispersos por el Arsenale y el Giardini y que, además, se pueden encontrar con cosas maravillosas como un jardín totalmente remodelado por Ursula von Rydingsvard para instalar allí sus esculturas monumentales.

La exposición general lleva el título de «Todos los futuros del mundo» y, como hace presagiar un título tan amplio, aquí cabe de todo. El comisario ha echado mano de artistas consagrados como Georg Baselitz (del que pueden contemplarse un buen conjunto de obras de gran formato), Christian Boltanski y Steve McQueen (ambos con videoarte), Andreas Gursky (con obras tanto de gran como pequeño formato), Marlene Dumas (con una serie de pequeños retratos de calaveras), Hans Haacke (con una instalación en la que un ventilador es el protagonista), Walker Evans (con sus míticos retratos de los años 30), Katharina Grosse (quien recurre a su habitual colorido, que pudimos ver este año en ARCO, pero trasladado a una gran instalación con tierra y telas), Robert Smithson (con la reproducción de su mítico árbol muerto de 1969) o Bruce Nauman, quien expone sus conocidos tubos de neón junto con un conjunto de machetes realizados por Adel Abdessemmed. Entre los artistas emergentes incluidos en la emuestra abundan los africanos, entre los que destaca la instalación de Barthélémy Toguo y los dibujos de manifestantes de Rirkrit Tiravanija.

Dalí y el pabellón español

De entre los pabellones nacionales, resalta el de Japón, que ha apostado por la joven artista Chiharu Shirota (Osaka, 1972), quien ha instalado dos barcas en el interior del pabellón a las que ha rodeado de sus característicos hilos de lana roja que se apoderan de todo el espacio y del que cuelgan 50.000 viejas llaves que simbolizan la memoria. Suiza ha optado por Pamela Rosenkraz, quien ha diseñado una instalación en la que contemplamos una enorme e inquietante balsa de color marrón que simboliza el eurocentrismo encarnado en el color «carne» de la piel. Mientras que Gran Bretaña, Francia y EE.UU. han optado por artistas consagrados como Sarah Lucas, Céleste Boursier-Mougenot y Joan Jonas, respectivamente.

Por su parte, el pabellón español acoge el diálogo de tres artistas con la figura (que no la obra) de Dalí, quien está presente a través de diversos vídeos documentales. Pepo Salazar ha realizado una gran instalación para ser recorrida con la vista, el oído y el olfato. Francesc Ruiz ha homenajeado a la publicación «Dalí News» con un quiosco repleto de noticias de escándalos sobre Berlusconi y un apartado de publicaciones para adultos. Y Cabello y Carceller apuestan por un vídeo de 17 minutos que muy pocos visitantes se detienen a contemplar, dada la amplia oferta existente y el poco tiempo disponible.

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