Jean Claude Gandur, ayer en el Reina Sofía, junto al cuadro «Sarah», obra de Fautrier
Jean Claude Gandur, ayer en el Reina Sofía, junto al cuadro «Sarah», obra de Fautrier - efe

«Sarah», de Fautrier, encabeza el préstamo de la Fundación Gandur al Reina Sofía

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Si el «Guernica» de Picasso es un cuadro emblemático para España, «Sarah», de Jean Fautrier, lo es para la Europa de después de la Segunda Guerra Mundial. Así lo considera el coleccionista suizo Jean Claude Gandur, que ha cedido esta obra, junto con otras 14, al Museo Reina Sofía. Gracias a este préstamo de dos años prorrogables, el museo se enriquece con 15 piezas, en su mayoría pinturas, de la vanguardia europea de la posguerra, cuyo relato comienza «donde acaba el Guernica», según Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía.

El préstamo se compone principalmente de piezas no figurativas de la segunda escuela de París (1946-1962), que se plantean de manera radical los principios estéticos de la cultura occidental como respuesta a la pérdida de horizontes tras la Segunda Guerra Mundial.

Pieza extraordinaria

El tachismo de Fautrier y de Wols; la importante representación del grupo CoBra a través de obras de Karel Appel, Corneille, Jean Michel Atlan o Asger Jorn; el nuevo realismo de César (César Baldaccini) o de Mimmo Rotella; el situacionismo de Constant; la abstracción lírica de Bram van Velde; los ensamblajes de Daniel Spoerri y el «Art Brut» (arte en bruto) de Jean Dubuffet forman el depósito con el que Jean Claude Gandur ha querido acercar sus obras al Museo Reina Sofía. «Sarah» (1943) es, sin duda, la más extraordinaria del préstamo y una pieza fundamental en el trabajo de Jean Fautrier. Adquirida hace cuatro años por Gandur por 6 millones de euros, la obra encarna de manera directa las heridas y el drama humano provocados por la Segunda Guerra Mundial.

Desde su presentación en París en 1945, se estableció la relación entre la obra de Fautrier con el «Guernica» (1937) de Picasso. Las dos son la respuesta de sus creadores a la matanza indiscriminada de seres humanos provocada por la guerra. Formada por empaste de plomo, óleo y pastel sobre papel adherido al lienzo, «Fautrier moldeaba el papel como si fuera pan», consideró Borja-Villel, quien anunció que este préstamo es el inicio de futuras colaboraciones con la Fundación Gandur.

Considerado como uno de los más importantes coleccionistas del mundo, Jean Claude Gandur creó la Fundación en 2010. Las relaciones excepcionales entre su fundación y el Museo Reina Sofía, «lugar perfecto, conocido en todo el mundo», le llevaron a firmar este acuerdo gracias al cual se pueden ver en Madrid unas obras «reflejo de una época muy complicada». Jean Claude Gandur reconoció que le había costado mucho desprenderse de «Sarah», obra que tenía colgada en el salón de su casa «y que contemplaba desde el sofá».

Destacó el simbolismo extraordinario de la pieza y recordó que Fautrier la pintó «a cien metros de donde la Gestapo fusilaba a miembros de la resistencia francesa». En su opinión, esta mujer desgraciada, mutilada, «representa la desgracia en que puede caer la humanidad, pero también la esperanza porque está viva». Gandur bromeó con el hecho de que sus gustos y los del Reina Sofía son similares, ya que han coincidido en dos subastas.

La primera de ellas la sesión en la que se subastó «Sarah», en la que el presupuesto del museo «no llegaba ni para comprar el marco», según el director del Reina Sofía, y la otra la de la obra titulada «Come un poema», de Mimmo Rotella.