«Rings of Lispector», obra de Roni Horn basada en la obra de la escritora Clarice Lispector
«Rings of Lispector», obra de Roni Horn basada en la obra de la escritora Clarice Lispector - LA CAIXA

Las obsesiones de Roni Horn, en CaixaForum Madrid

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No es una artista fácil. Todo lo contrario. Roni Horn (Nueva York, 1955) atesora una biografía tan compleja como su trabajo, repleto de ambigüedades y paradojas difíciles de comprender. Demonios, obsesiones, fantasmas... se cuelan en ambas por igual. La artista norteamericana, que pasa largas temporadas en Islandia -ecologista comprometida, se enamoró de los paisajes de un país que es, para ella, un espacio de libertad-, obtuvo la cuarta edición del premio Joan Miró. Con este motivo la Fundación Miró y la Obra Social «la Caixa» organizaron en Barcelona una exposición, que ahora llega a CaixaForum Madrid en la primera visita de esta artista a la capital.

El título de la muestra ya nos da una idea de una de sus obsesiones: siente fascinación por la literatura, el lenguaje, las estructuras lingüísticas, que se cuelan en sus obras. Horn ha escogido una frase del «Libro del desasosiego», de Pessoa: «Todo dormía como si el universo fuera un error». No es la única referencia literaria en la exposición. En otra de sus obras, «White Dickinson», aparece la poeta norteamericana Emily Dickinson. En concreto, algunos de sus versos están inscritos en esculturas verticales apoyadas en las paredes de las salas de CaixaForum. También recurre a Clarice Lispector en su obra «Rings of Lispector (Agua Viva)»: algunos de sus textos pueden leerse en unas baldosas de goma.

Asocial y esquiva

Esta monográfica de Roni Horn -que ha estado en Madrid ultimando la exposición, pero se ha mostrado tan esquiva como es habitual en ella: es asocial y alérgica a la prensa- reúne 25 de sus personalísimos trabajos, siempre a caballo entre el arte conceptual y el minimal, realizados entre 1996 y 2011. Hay dibujos de gran tamaño, fotografías, esculturas, instalaciones... En algunos de ellos el agua es el auténtico protagonista. Es el caso de «Still Water», la serie que dedica al Támesis. En sus instantáneas del río figuran unos números que remiten a unos textos a pie de foto.

También hay agua en dos series de fotografías complementarias, que se exhiben juntas por vez primera. Se trata de «You are the Weather», de 1997, en la que fotografió a una mujer en un primer plano mientras ésta se sumergía en las aguas termales de Islandia. No son en realidad retratos, como podría parecer: Roni Horn huye de cualquier rasgo distintivo de la modelo. Son fotografías neutras, sin expresión alguna. Al contrario de lo que suelen buscar los fotógrafos en sus retratos (tratar de captar su alma), Horn no da pista alguna del lugar donde se hizo la foto, ni del tiempo en que fue tomada, ni de la vida de la modelo o de su estado de ánimo.

Catorce años después, en 2010-11, vuelve a retratar a la misma mujer. Roni Horn desmiente al mismísimo Heráclito, quien decía que «nunca podremos sumergirnos dos veces en las mismas aguas». Ella sí lo hizo. Y más agua... Esta artista aborda en sus esculturas el vidrio como un juego entre lo sólido y lo líquido. En este caso se exhibe «Opposite of White», de 2007, una pieza de vidrio fundido en negro opaco. Este color, dice la artista, «es un lugar. No sé cómo es, no puedo verlo, pero sé que existe. Es incorruptible como el oro. El negro es donde podemos suspender nuestra fe».

Percepción e identidad

Pasear por esta exposición es seguir descubriendo más obsesiones de Roni Horn: los cambios climáticos, el tiempo... Reflexiona una y otra vez sobre la percepción, la significación y la comprensión de las cosas; su identidad. Le gusta trabajar con parejas, con dobles... En una pared cuelgan dos búhos. El visitante se pregunta: ¿Son iguales? ¿Es un original y una copia? Toda la obra de Roni Horn es autobiográfica: ahí están siempre la ambigüedad (su androginia), las constantes paradojas...

No hay cartelas explicativas en las salas por expreso deseo de la artista. El visitante solo dispone de unos folletos de mano para desentrañar el denso y filosófico discurso que hay tras las obras de Roni Horn. Es como si ella reclamara a gritos ese esfuerzo del espectador por comprender sus mensajes ocultos. Solo hay problema: que, debido a la falta de tiempo o a la propia dificultad, el mensaje quede sin desvelar y, por tanto, la obra sin comprender.