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Impresionismo «made in USA»

El Museo Thyssen reivindica las obras de este movimiento que pintaron artistas del otro lado del Atlántico como Mary Cassatt o John Singer Sargent

«Dos mujeres dormidas en una barca bajo los sauces», de John Singer Sargent
«Dos mujeres dormidas en una barca bajo los sauces», de John Singer Sargent - MUSEO CALOUSTE GULBENKIAN, LISBOA
NATIVIDAD PULIDO - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura Arte

Francia es la patria impresionista por excelencia, con Monet como patriarca y líder indiscutible del movimiento y su idílico retiro en Giverny -lo más cercano al Parnaso en la tierra-, obligado lugar de peregrinaje para todos sus adeptos, que son legión. Le acompañaron en la apasionante aventura impresionista nombres como Renoir, Pissarro, Manet, Sisley, Degas, Morisot... Todos ellos pusieron patas arriba el mundo del arte a finales del XIX con su revolucionaria (y difuminada) manera de pintar: al aire libre, con colores descompuestos y una pincelada discontinua.

Pero, ¿cómo se vivió en Estados Unidos? «Los norteamericanos llegaron tarde al impresionismo -comenta la comisaria de la exposición, Katherine M. Bourguignon-. Hay que esperar a la década de 1880 para que los artistas norteamericanos se interesen por los nuevos colores, los temas cotidianos y la pincelada suelta». Al otro lado del Atlántico la crítica no entendió esta nueva estética -pasó de la conmoción inicial al entusiasmo-, aunque los coleccionistas americanos que viajaban a Europa volvían con obras de Monet, Renoir y compañía bajo el brazo. Tuvo que llegar el marchante Paul Durand-Ruel y organizar dos exposiciones (en Boston en 1883 y en Nueva York en 1886) para despertar el apetito impresionista.

Expatriados

El Museo Thyssen revisa en una exposición, a través de 80 pinturas y hasta el 1 de febrero, el impresionismo americano, que haberlo, haylo, y muy interesante, pese a ser bastante desconocido para el gran público. Organizada por el Museo de los Impresionismos de Giverny y la Terra Foundation for American Art, en colaboración con el Museo Thyssen y las Galerías Nacionales de Escocia, la muestra nos descubre, en primer lugar, a tres pintores expatriados que, siendo norteamericanos, llevaron a cabo sus carreras en Europa. Amiga de Degas y Morisot, Mary Cassatt (1844-1926) fue la primera norteamericana en exhibir su obra en una Exposición Impresionista (concretamente en la cuarta, en 1879). Siguió haciéndolo en tres ediciones más. Célebre por sus retratos de mujeres y niños, residió en Francia hasta su muerte. Jugó un papel decisivo en la promoción del impresionismo francés en Estados Unidos.

John Singer Sargent (1856-1925), aunque tenía nacionalidad norteamericana, siempre residió en Europa. Mantuvo una estrecha amistad con Monet, a quien retrató en Giverny. El viejo maestro no recibía a todos los jóvenes pintores que llamaban a las puertas de su casa, un oasis en pleno corazón de Normandía, y muy pocos eran los elegidos para pintar junto a él. Sargent combinó el impresionismo con una pintura más tradicional. Junto a Cassatt y Sargent, completa la santísima trinidad del impresionismo americano Whistler (1834-1903). Nunca llegó a exponer con los impresionistas, siempre fue por libre en su carrera, como muestran sus bellos nocturnos monocromos, algunos de los cuales cuelgan en el Thyssen. Pero los impresionistas le admiraban y siempre le situaron en sus filas.

Regreso a EE.UU.

Al igual que ocurrió con Sorolla, que supo reinventar el impresionismo a su regreso a España, hubo un grupo de pintores norteamericanos que hizo lo mismo al volver a su país en torno a 1890: incorporaron a su estilo y su paleta los mismos temas, colores y composiciones de los impresionistas franceses, pero adaptándolos a la realidad de Estados Unidos. Así, William Merritt Chase inmortaliza parques públicos de Nueva York y los paisajes de Long Island, donde pasa los veranos; Theodore Robinson, lugares típicamente americanos, como Vermont, adonde se fue a trabajar...

Y hubo artistas que supieron conjugar los dos impresionismos (europeo y americano). En el caso de Edmund Charles Tarbell, incluso en un solo cuadro. «En el huerto», que cuelga en la exposición, fue pintado en Francia en 1886. En 1891, ya en Estados Unidos, incopora a la escena familiares y amigos. Acompañan en la exposición a estos pintores norteamericanos algunos de sus colegas franceses, como Monet, Manet, Degas, Pissarro y Morisot.

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