Rafael Alberti, escritor. Impresión fotográfica sobre papel baritado, 40 x 30 cm. 1985
Rafael Alberti, escritor. Impresión fotográfica sobre papel baritado, 40 x 30 cm. 1985 - alberto schommer

Schommer le planta cara al Prado

El fotógrafo expone en la pinacoteca su serie de retratos «Máscaras», que incluye instantáneas de Rafael Alberti, Luis García Berlanga, Camilo José Cela y Francisco Ayala, entre otros

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Intelectuales y artistas como San Juan de Ribera, Luis de Góngora o Alonso Cano pintados por artistas españoles desde el XVI hasta principios del XX miran de frente a sus colegas retratados por Alberto Schommer en los años ochenta, en la exposición «Máscaras», presentada hoy en el Museo del Prado.

Rafael Alberti, Francisco Ayala, Julio Caro Baroja, Luis García Berlanga, Camilo José Cela, Eduardo Chillida o Antonio López, forman parte de esta selección de dieciocho imágenes que entran en diálogo con los trece retratos de las colecciones del Prado, que responden al mismo criterio iconográfico y a similares modelos compositivos.

Organizada por la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes, en colaboración con el Museo del Prado y PHotoEspaña, la exposición rinde homenaje a Schommer (Vitoria, 1928), fotógrafo, pintor, escritor y poeta, académico de Bellas Artes y Medalla de Oro de las Bellas Artes, con motivo de la concesión del Premio Nacional de Fotografía 2013.

«Máscaras» es el título de una larga serie de retratos fotográficos realizados en los años ochenta a intelectuales españoles contemporáneos y que componen una de las más originales galerías iconográficas del siglo XX, a la que se suman en esta exposición pintores como Luis de Morales, Diego Velázquez, José de Ribera, Goya o Mariano Fortuny.

La histórica serie de Schommer ofrece la oportunidad de recorrer «el particular camino que ha seguido una manera de hacer retrato que tiene sus precedentes en los bustos romanos», comentó el director del Prado, Miguel Zugaza, para quien en el caso español esta topología la incorporó el Greco.

Así, esta exposición puede ser una prolongación de la que actualmente dedica el museo a «El Greco y la pintura moderna», a través de la obra de un artista contemporáneo que se enfrenta cara a cara con los retratos del Prado.

«Góngora mira a Vicente Aleixandre, mientras que Goya observa a Chillida o a Antonio López» en una galería de retratos de hombres ilustres muy habitual en los países anglosajones pero que se produce tanto en la cultura latina, según Zugaza, para quien en España falta esa vocación de retratos.

Cultivar el género del retrato

Para el director general de Bellas Artes, Jesús Prieto, cuando no existía la fotografía, los pintores eran los encargados de retratar a los hombres ilustres. «Después han sido los fotógrafos los encargados de cultivar de forma espacial este género y lo han hecho con el mismo cuidado que los pintores».

El fotógrafo, afirmó, representa «algo de lo mejor de la fotografía española, que no está todavía suficientemente valorada, ya que hemos tenido al mejor grupo de fotógrafos del mundo y Schommer es uno de los más innovadores y más investigadores».

Con «sensación de humanidad, calor, tiempo y casi irrealidad» saludó el artista a los medios de comunicación que se encontraban en una presentación casi «irreal, porque la realidad está en las paredes, estática, pero mandándonos un mensaje a cada uno de nosotros. Vosotros sois la irrealidad de la realidad que me rodea».

Schommer se definió como «un mensajero» que en un momento dado hizo estas obras y que las fue poniendo una encima de otra «y se me fueron muriendo las personas que había retratado», ya que de los presentes en esta exposición «solo quedan vivos tres».

El propio artista ha sido el encargado de seleccionar las obras que iban a formar parte de la exposición y lo ha hecho buscando unas imágenes «de gran austeridad» que encajaran en el espacio del Prado y con los austeros retratos de intelectuales pintados por artistas españoles.

«Estos personajes miran de frente a los ojos de mis retratados, que también miran de frente aunque son miradas negras, en las que apenas se distinguen los ojos, y por ello las llamo mascaras», explicó el autor para quien la fotografía le ha dado la vida «no la espiritual, pero si la material. Ese instinto de ver la vida que te rodea y tener la maravilla de poder captarla».