Vermeer a la venta
«Santa Práxedes», de Vermeer - COLECCIÓN BARBARA PIASECKA JOHNSON

Vermeer a la venta

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Santa Práxedes fue una virgen romana del siglo II que se dedicaba a enterrar a los cristianos asesinados. Fue retratada por el pintor italiano Felice Ficherelli. El cuadro, de la Colección Fergnani de Ferrara, fue copiado por un joven Joannes Vermeer (h. 1632-1675), cuando tenía unos 22 o 23 años. Vermeer aún no era Vermeer. No era ese genio que hechiza con su pintura, que te atrapa y no puedes dejar de mirarla. Solo era un proyecto del genio en el que se convertiría años después.

Pero la noticia de que sale al mercado una obra de Vermeer siempre es un acontecimiento de primer orden. [Visite aquí las mejores obras del pintor]. En primer lugar, porque suele ocurrir muy pocas veces. Concretamente, tres en los últimos cien años. En 1921 salió a la venta «La callejuela», una preciosa vista de las calles de su Delft natal. No encontró comprador. Fue donada al Rijksmuseum de Ámsterdam, que atesora algunas de sus obras maestras, como «La lechera». Tuvieron que pasar 83 años hasta que otro Vermeer saliera a subasta. «Muchacha sentada al virginal» logró despejar las dudas sobre su autoría y fue adquirida en Sotheby’s-Londres por 30 millones de dólares. Su comprador, el magnate de los casinos de Las Vegas Steve Wynn.

Fines benéficos

Diez años después, el maestro vuelve al mercado. También en Londres, pero en este caso en Christie’s. Mañana sale a la venta «Santa Práxedes», óleo sobre lienzo (101,6 por 82 centímetros), firmado y fechado en 1655. Su precio estimado: 6-8 millones de libras (7,4-9,8 millones de euros). En 1987, un año después de que saliera a la luz la firma del maestro en un estudio que se realizó al cuadro en el Metropolitan neoyorquino, lo adquirió la filántropa y coleccionista Barbara Piasecka Johnson, esposa de uno de los fundadores de la empresa Johnson & Johnson. Ella falleció el año pasado y parte de su colección de arte se está vendiendo con fines benéficos. El dinero irá a parar a su fundación para niños autistas.

El cuadro es algo gore: muestra a la santa exprimiendo la sangre de una esponja. Al fondo, el mártir yace decapitado. Ya en 1969 la obra se atribuye a Vermeer, pero fue objeto de una discusión académica. Tras la investigación citada en el Met en 1986, la obra pasó a su corpus canónico, que es tan solo de unos 36 cuadros. Y es precisamente éste otro de los alicientes de la venta. Solo quedan dos Vermeer en manos privadas: éste y el que compró Steve Wynn en 2004.

Primera obra fechada

«Santa Práxedes», primera obra fechada conocida de Vermeer, formó parte de la histórica exposición dedicada a Vermeer en 1995-96 en el Museo Mauritshuis de La Haya y la National Gallery de Washington. Se reunieron 22 de sus obras. Algo irrepetible. Podría sorprender la temática religiosa, no habitual en la producción del artista. Protestante, se cree que se convirtió a la fe católica antes de casarse con Catalina Bolnes el 20 de abril de 1653. Tuvieron 15 hijos. Por si quedaba alguna duda de la atribución, el Rijksmuseum y la Universidad Libre de Ámsterdam llevaron a cabo recientemente estudios técnicos del cuadro que confirman que se trata de un Vermeer.

Entre otras cosas, se sabe que empleó un blanco de plomo que podría ser incluso del mismo lote que utilizó en «Diana y sus ninfas»(h. 1654-55, Museo Mauritshuis de La Haya). Ambos cuadros, junto con «Cristo en casa de María y Marta» (h. 1654-56, Galería Nacional de Escocia, Edimburgo), son sus únicas obras conocidas de su etapa juvenil. En 2012/2013 las dos Santas Práxedes (la de Ficherelli y la de Vermeer) se expusieron juntas en el Quirinale de Roma en la exposición «Vermeer y el siglo de oro del arte holandés». Hay algunas diferencias entre ambas. La más llamativa, el crucifijo que lleva la santa pintada por Vermeer. Pudo ser un añadido posterior para enfatizar la religiosidad de la imagen.

Un lenguaje propio

Juan Várez, consejero delegado de Christie’s en España, subraya que «no se sabe nada de sus inicios. No tenía taller, su producción es muy escasa». Sus años de formación son un misterio. Se cree que pudo haberse formado en Ámsterdam, Utrecht y Delft, que pudo ser alumno de Carel Fabritius e incluso autodidacta. «Es tan bueno... Capta momentos que te atrapan, te hacen soñar. Es magnético. La calidad de su pincelada es brutal. Posee un lenguaje muy propio».

Se muestra cauto, no se atreve a especular hasta cuánto subirán las pujas, ni si habrá muchas:«Lo veo en un museo, en una colección particular que busca grandes nombres o como un trofeo en manos de un coleccionista nuevo. Es una obra que interesa mucho a los historiadores». Pese a los estudios que han confirmado su autoría, es consciente de que «es un cuadro religioso, atípico y basado en uno de otro pintor. Hay mucha diferencia de precios entre obras de un mismo artista. “Las lágrimas de San Pedro”, de Velázquez, por ejemplo, costó la cuarta parte que “El barbero del Papa”».

Pintura prodigiosa

Tras una pintura de transición («Muchacha dormida», del Met, h. 1656-57), la producción de Vermeer a partir de entonces es asombrosa. Lamentablemente, no hay ninguna de sus obras en España. Hitler se encaprichó de «El arte de la pintura» (Las Meninas de Vermeer) y forzó su compra. Hoy está en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Proust se enamoró de la «Vista de Delft» (Mauritshuis) –difícil no hacerlo– y la incluyó en un fragmento de «En busca del tiempo perdido». Dalí pensaba que «La encajera» (Louvre) no es menos extraordinaria que el «Juicio Final» de Miguel Ángel. Tracy Chevalier dedicó un libro a «La joven de la perla»; Peter Webber, una película...

Hijo de un marchante de arte, Vermeer fue apoyado por sus mecenas, que adquirieron casi todos sus trabajos. El universo Vermeer, prodigioso, está plagado de mujeres en el hogar, que leen o escriben una carta, tocan música o simplemente están ensimismadas. Magia en estado puro.