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Rubens recupera su esplendor en el Prado

Día 25/03/2014 - 14.55h
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El museo restaura las seis tablas de «El triunfo de la Eucaristía» y las exhibe con cuatro de sus correspondientes tapices, que la Infanta Isabel Clara Eugenia encargó para el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid

MUSEO DEL PRADO
PATRIMONIO NACIONAL. MONASTERIO DE LAS DESCALZAS REALES
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A escasos metros de las largas colas que se arracimaban para dar su último adiós a Adolfo Suárez, el Prado también le rendía ayer su particular homenaje. José Pedro Pérez-Llorca, presidente del Patronato del museo y estrecho colaborador en el Gobierno de Suárez (fue ministro de distintos departamentos), tomó la palabra para expresar el sentir del Patronato y la dirección de la pinacoteca, que se suman al luto nacional. Se ha cancelado la inauguración oficial de la nueva exposición del museo, pero, como expresaba Pérez-Llorca, «es un duelo de labores y trabajos. Hay que continuar con el trabajo». En memoria de Adolfo Suárez se guardó un minuto de silencio en el salón de actos antes de la presentación de la muestra.

Casualidades del destino, la historia que narra esta exposición (hasta el 29 de junio) es un encargo derivado de otro luto. En este caso, el de la Infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II e Isabel de Valois, cuyo marido, el archiduque Alberto de Austria, falleció en 1621. Abatida, quiso ingresar en el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, donde había pasado algunos periodos en su infancia. Aunque finalmente el Rey la convenció y no entró en clausura –sí llevó el resto de su vida el hábito de terciaria franciscana–, se mantuvo como gobernadora de los Países Bajos y encargó a su pintor de Corte, Rubens,que diseñase veinte tapices con el tema del triunfo de la Eucaristía, dogma principal del catolicismo. Fue su encargo más caro.

Piadosa y carismática

La exposición arranca con un retrato de la comitente, esta Infanta piadosa, tan carismática y de tanto pedigrí, realizado por Rubens y Brueghel el Viejo. Fue muy estrecha la relación que mantuvieron la Infanta y Rubens, once años menor que su mecenas. No sólo fue su pintor de Corte el más valorado de la época en Europa, el que tenía más fama y ganaba más dinero–, sino también su consejero político y diplomático. Para esta serie, Rubens hizo unos pequeños bocetos, que se conservan en el Museo Fitzwilliam de Cambridge. A continuación, elaboró otros de mayor tamaño y más terminados, denominados modelli. Seis de ellos están en el Prado. Otros tantos se hallan repartidos por colecciones de Washington, Boston, San Diego, Los Ángeles, Potsdam... Los discípulos del taller de Rubens pasaban después dichos modelli a cartones (se conservan unos ocho en Florida) en los que se basaban los tapices. En este caso, tejidos en seda y lana en la Manufactura de Bruselas. Todos los tapices se hallan en el lugar para el que fueron creados:las Descalzas Reales.

En 2011 el Prado decidió acometer la restauración de las seis tablas de Rubens, que presentaban graves daños estructurales, debido en gran parte a los añadidos (en madera de pino) que sufrieron en el siglo XVIII. Éstos impedían admirar en toda su plenitud las espléndidas creaciones de Rubens que, según Alejandro Vergara, comisario de la muestra, «son de una calidad excepcional, de lo mejor de Rubens. Los añadidos distorsionaban la estética y restaban fuerza a las composiciones, llenas de músculos, como si quisieran salir de la tabla los personajes».

Pero también se habían colocado en el reverso de las tablas unas estructuras muy rígidas que provocaban grietas y deformaciones en las finísimas y delicadas tablas de roble usadas por Rubens, algunas de solo 3 milímetros. José de la Fuente, restaurador de soportes del Prado, junto a George Bisacca, del Metropolitan, han creado un bastidor laminado y muy flexible con amortiguadores de muelles –ya utilizado en otras obras del Prado como «Adán» y «Eva», de Durero– que permite la libertad de movimientos de la tabla sin que ésta sufra alteración alguna. La restauradora María Antonia López de Asiaín, por su parte, ha llevado a cabo la estabilización y limpieza de la capa pictórica: se retiraron barnices oxidados, suciedades y restauraciones antiguas, se reintegraron las pérdidas de pintura...

Un pintor muy honesto

Las obras han recuperado la escenografía original de Rubens, su frescura y belleza, los espacios y volúmenes, los movimientos, su prodigiosa técnica. «La gran calidad de Rubens es que pinta vida. Es un pintor sorprendentemente hábil, muy retórico y culto, con una mano muy fresca. Pinta con mucha inmediatez, pero nunca alardea. Tiene una gran honestidad», advierte Alejandro Vergara. Cuatro de las tablas se exhiben en la muestra sin marco y de tal forma que el visitante puede apreciar la restauración de la obra por ambas caras. Otras dos lucen con su nuevos marcos en color negro. Acompañan a las tablas cuatro de los tapices, cedidos por Patrimonio Nacional.

Además, cuelgan una imagen infrarroja y una reproducción en escayola, realizada por Factum Arte, que reproduce la textura del cuadro antes de su restauración (se aprecian las deformaciones). Junto a ellas, un marco con el añadido del siglo XVIII que se ha retirado de una de las obras. Los trabajos de restauración de las seis tablas de Rubens se han llevado a cabo con el apoyo de la Fundación Iberdrola, protector del programa de restauración del Prado, y la Getty Foundation. La exposición viajará en otoño al Getty Museum de Los Ángeles.

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