La conexión española del gran timo del arte
La marchante Glafira Rosales, camino del juzgado junto a sus abogados - getty
59 millones de euros

La conexión española del gran timo del arte

La Justicia estadounidense relaciona al empresario José Carlos Bergantiños con la marchante Glafira Rosales, que vendió más de 60 obras falsificadas

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En noviembre de 2011 cerró sus puertas la galería Knoedler, una de las más antiguas de Nueva York (fue fundada en 1846). Las razones que entonces argumentaron sus dueños para el cierre fueron meramente comerciales, aunque detrás de la decisión planeaba la sombra de la estafa.

Ann Freedman, exdirectora del centro, aparecía vinculada a la marchante mexicana Glafira Rosales, supuesta responsable de haber defraudado al menos 80 millones de dólares mediante la venta de obras falsas de Mark Rothko, Willem de Kooning, Jackson Pollock o Robert Motherwell, entre otros. La Knoedler habría sido, junto a otra conocida galería neoyorquina, una de las principales clientes de Rosales, que llegó a vender 63 falsificaciones a ambas.

En mayo de este año, las autoridades estadounidenses acusaron formalmente a Glafira Rosales, que en septiembre se declaró culpable de estafa por falsificación de arte, lavado de dinero y evasión de impuestos, y podría ser condenada a un máximo de 99 años (en la actualidad está en libertad bajo fianza a la espera de sentencia firme, prevista para marzo de 2014). Entre los clientes estafados figuran el empresario belga Pierre Lagrange (pagó 7 millones de dólares por un falso Pollock que compró en la galería Knoedler), el consejero delegado de Irving Place Capital John D. Howard o Domenico De Sole, responsable de Tom Ford International.

Para vender algunas de las obras Glafira Rosales aseguraba representar a un cliente suizo que las había heredado y prefería permanecer en el anonimato. Respecto a la procedencia de otras, la mexicana llegó a argumentar que su origen estaba en un misterioso coleccionista español. Pero, ni el suizo ni el español existían y todo el argumentario era parte de un negocio perfectamente estructurado que entre 1994 y 2009 facturó millones de dólares.

Glafira Rosales ha sido la única que se ha declarado culpable, pero la supuesta marchante de origen mexicano ha comenzado a cooperar con la Justicia y amenaza con revelar detalles que apuntan directamente a nuestro país. Según publicaba esta semana «The New York Times», las autoridades estadounidenses han puesto ahora su foco en el empresario español Jose Carlos Bergantiños Díaz, muy conocido en la escena artística neoyorquina y pareja de Rosales durante muchos años.

Según la sentencia del juzgado de Nueva York a la que ha tenido acceso este diario, ambos fundaron en julio de 1995 la empresa King’s Fine Arts, que tuvo un papel activo en el mercado del arte hasta 2006. A través de dicha empresa, Rosales vendía las obras que después han resultado ser falsas.

Bancos en España

El informe del FBI asegura que dichas falsificaciones eran obra de un «pintor» de origen chino que residía en Queens: «Rosales conspiró con su pareja, identificado como co-conspirador (’CC-1’; Bergantiños) para adquirir y vender las obras y para blanquear el dinero del fraude». Según el FBI, habría sido Bergantiños quien «reclutó» al pintor (Pei-Shen Qian) en la década de los 80 al conocerle pintando en la calle. De hecho, con el tiempo el español se convirtió en el representante del «artista» chino, que ejecutaba las falsificaciones en su domicilio de Queens convencido de que eran «obras que compraba la gente que no podía permitirse adquirir los originales».

A veces era Qian el que estampaba la firma del falso Pollock, «pero en otros casos, CC-1 (Bergantiños) reproducía las firmas». El FBI sostiene que una vez que «Rosales y CC-1 obtenían las obras del pintor, CC-1 las daba la falsa pátina del tiempo sometiendo a las obras a una serie de tratamientos diferentes».

Buena parte de los ingresos obtenidos de la venta de las falsificaciones iban a parar a tres cuentas que Glafira Rosales tenía en España y cuya existencia no notificó al Gobierno estadounidense. Según la documentación del juzgado neoyorquino a la que ha accedido ABC, en 1999 el «novio» (Bergantiños) de Rosales abrió una cuenta en el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria en la que estaban autorizados ella y el hermano de él.

En 2006 fue la propia Rosales la que abrió una cuenta en una oficina de Caja Madrid en Lugo y autorizó de nuevo al hermano de su «novio» y a la hija de ambos. Según los datos del Departamento de Tesorería de Estados Unidos, en esta última cuenta habría llegado a haber un balance positivo de 1.848.066 dólares en julio de 2011. La Justicia estadounidense tiene conocimiento de la existencia de una tercera cuenta en el BBVA, abierta en 2006.

Rosales transfería después las ganancias de esas cuentas a otras en Estados Unidos. La investigación sigue ahora la pista de estas cuentas y su posible vinculación con José Carlos Bergantiños Díaz.

No es la primera vez que el español se ve inmerso en causas judiciales en Estados Unidos relacionadas con el mundo del arte. Según informa «The New York Times», en 1995 Christie’s le demandó por impago de una obra de arte. En 2007 el marchante Tony Shafrazi y el coleccionista Guido Orsi llevaron a Christie’s a los tribunales por un supuesto falso Basquiat que la casa de subastas adquirió a través de Bergantiños.

El caso de Maruja Mallo

En España también se ha tenido que enfrentar a los tribunales por la denuncia presentada por el hermano de la pintora Maruja Mallo acerca de varias obras, supuestamente falsas, vendidas por Bergantiños a diversas instituciones como Caixavigo o la Fundación Caixa Galicia. Quien dio la voz de alarma fue un galerista madrileño que gestiona parte de la obra de la artista fallecida en 1995.

El caso fue archivado al ser autentificadas las obras por una experta Pilar Corredoira, aunque según explica el galerista a ABC se debió «a que la familia no se presentó al juicio». A lo que añade, que el mayor experto en la obra de Mallo «era su hermano fue quien consideró que las siete obras eran falsas», recalca, al mismo tiempo que califica a Bergantiños de personaje «siniestro, que hace mucho daño al mundo del arte».