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Cultura - Arte

El pabellón español en la Bienal de Venecia, a examen

El director de La Casa Encendida, José Guirao, y el crítico de arte Fernando Castro Flórez se posicionan a favor y en contra, respectivamente, del proyecto de Lara Almarcegui

ABC.ES - Actualizado: Guardado en: Cultura Arte

Mañana se inaugura la 55 Bienal de Venecia, la gran cita mundial del arte contemporáneo. ABC ha pedido a dos especialistas que se posicionen a favor y en contra del proyecto de Lara Almarcegui en el pabellón español, que está dando mucho que hablar.

A favor: José Guirao

El trabajo de Lara Almarcegui se inscribe en la búsqueda de los lugares que el tiempo y el progreso de la Historia han abandonado a su suerte, como si el devenir de ambos necesitaran de ese abandono de lo previo para seguir avanzando, como si la desmemoria se constituyera en el espacio simbólico sobre el que la sociedad contemporánea se construye a sí misma. Lo que ella propone es volver nuestra mirada crítica hacia aquello que hemos condenado al olvido, a la destrucción, para construir un nuevo espacio de reflexión en el que repensar lo que somos y los espacios que habitamos colectivamente. Constituyendo una especie de arqueología de la contemporaneidad que, lejos de llevarnos a la indulgencia o la melancolía sobre aquello que está en trance de desaparecer, nos lleve al territorio especular en el que podamos vernos a nosotros mismos como sujetos protagonistas de nuestro tiempo. Los escombros que hoy vemos en el Pabellón de España en la Bienal de Venecia no son, como se ha especulado, una lectura simbólica de nuestra actual crisis, sino sobre las formas de vida contemporánea que nos abocan indefectiblemente a la destrucción de la cultura, a su disolución.

En contra: Fernando Castro Flórez

Heráclito encontró una rara imagen de la belleza en un montón de escombros, bien es verdad que encontrados caminando al azar y no dispuestos en el glacial mundillo del arte. La ruina acumulada o, mejor, expuesta en el Pabellón de España en la Bienal de Venecia no es otra cosa que un gesto rutinario, la más triste manifestación de la inercia mental en la que viven algunos artistas sobrevalorados y acomodados en el seno de una práctica curatorial que tiene como único criterio la complicidad. Lara Almarcegui repite hasta la saciedad una «cita» sin misterio, en una suerte de manierismo en el que combina, sin profundidad, planteamientos de Matta-Clark o Smithson con una pretendida crítica de lo arquitectónico que se queda en el más aburrido pantano de la perogrullada. Ni siquiera da una «mala imagen» de España y de su desastre inmobiliario. Tampoco me interesa especialmente que el gasto del proyecto sea excesivo y el planteamiento general «inadecuado» (más lo fue con Dora García, cuyo proyecto en 2011 era perfectamente calamitoso). Lo que me preocupa es comprobar que una artista bastante joven lleva ya varios años repitiendo el esquema, adocenando su estética, acumulando material para generar un discurso vacío.

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