Salvador Dali, Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico Garcia Lorca y José Antonio Rubio
Salvador Dali, Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico Garcia Lorca y José Antonio Rubio - ABC

Dalí, la Resi y «Un perro andaluz»

La Residencia de Estudiantes de Madrid fue escenario de la intensa y creativa amistad entre el pintor, el poeta Federico García Lorca y el cineasta Luis Buñuel

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Hay momentos mágicos de forja de amistades en el mundo de la cultura. Llamémoslos así, aunque bien pueden llamarse de otra: el encuentro entre los tres Federicos (Hörderlin, Hegel y Schelling) en Tubinga, la amistad entre Bernard Shaw, H.G. Wells y G. K. Chesterton, ese París que reunió al grupo surrealista, el lugar en que, de pronto, coincidieron tres jóvenes, en la llamada Colina de los Chopos, en la Residencia de Estudiantes de Alberto Jiménez Fraud: Dalí, Federico García Lorca y Luís Buñuel, además de un Rafael Alberti, un José Bello, un Salvador Bacarisse, un Moreno Villa…

Este tipo de uniones, con el tiempo, poseen el halo de lo mítico, de lo afortunado. Este trío se ha convertido en uno de los grandes pilares de la cultura española del siglo XX: se trata nada menos que de uno de nuestros grandes poetas de la historia de la literatura, de uno de nuestros grandes artistas plásticos, de nuestro más grande cineasta… y juntar a estas tres figuras como si nada tiene su encanto, incluso su atractivo, pero también su perversidad.

Gala, la mujer que inventó a Dalí

Tengo para mí que la metáfora genial de lo que dio de sí esa amistad en la Residencia de Estudiantes está implícita en «Un perro andaluz», la película fundacional del surrealismo en imágenes, y una de las películas más rompedoras del siglo. El film es un canto vigoroso, salvaje, bestial a la libertad de creación y a la pasión amorosa, y al ojo que quiere ver y es cegado, es, también un canto a la mujer, origen y misterio de la vida… también a la amistad que tiene que romperse porque de esa unión de juventud surge la vida misma, interponiéndose y rompiéndola.

Es sabido que la película fue una idea conjunta de Dalí y Buñuel y que éste último creyó que era suya hasta el extremo de que estuvo a punto de romper una amistad a prueba de casi todo y de una gran colaboración creadora. ¿De casi todo? Sí, si no tenemos en cuenta a Gala, la mujer que se inventó a Dalí. Buñuel estuvo a punto de matarla, lo relata, y así se lo contó a Dalí. Por otra parte, Lorca, dicen, se sintió preterido y ofusco por el resultado del film y, sobre todo, por su título, por el que se sentía aludido. Tanto la amistad del trío como su disolución son un misterio, quizá no tanto como creemos, pero lo que sí tengo seguro que creo a pies juntillas es que la clave de todo el asunto está en Gala, que hizo al genio. Conviene no olvidarlo.