Cultura - Arte

Los hijos del impresionismo

La Fundación Mapfre explora el legado de este movimiento en una muestra con 90 obras del Museo d’Orsay de París

NATIVIDAD PULIDO - Actualizado: Guardado en: Cultura Arte

En 2010 la Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos, 23) abordó en una exposición el nacimiento del movimiento impresionista con una selección de importantes préstamos del Museo d’Orsay de París. La muestra, que fue un gran éxito de público, tiene continuación con la segunda parte de la historia. Bajo el título «Impresionistas y postimpresionistas. El nacimiento del arte moderno», y a través de 90 obras maestras (todas ellas procedentes de nuevo de la colección del Orsay parisino), sabremos qué ocurrió con aquella revolución artística que hizo temblar los cimientos del arte en el siglo XIX.

1886. Es un año clave en la muestra y su punto de partida. Ocurrieron muchas cosas a la vez, que se van narrando en cada una de las salas a lo largo del recorrido. Aquel año se celebró la octava y última exposición del grupo impresionista. Fue un fracaso. Gurús del movimiento como Monet y Renoir no están presentes. Ambos se retiran para hacer sólo lo que querían. Sí estuvieron en aquella exposición artistas como Gauguin, Seurat y Signac, quienes proclamaban un arte nuevo. La división de postulados había abierto una brecha insalvable entre los impresionistas.

  • Monet y Renoir centran el arranque de la muestra con grandes obras maestras
Precisamente, Monet y Renoir protagonizan el espectacular arranque de la muestra, con una sala en la que hay muchas joyas por metro cuadrado. De Monet, dos versiones de la Catedral de Rouen, un lienzo del estanque de nenúfares de su casa en Giverny, «El Parlamento de Lodres», «Almiares al final del verano», una obra de la serie de los álamos... De Renoir, cuadros muy conocidos como «Niñas al piano» o su última gran versión de «Las bañistas», obra que se definió como «un Tiziano pintado por Rubens». Completan esta gran sala inicial unas «Bailarinas», de Degas, padre del impresionismo.

Nace un arte nuevo

El recorrido continúa con los neoimpresionistas (término acuñado por el crítico Félix Féneon). Su seña de identidad, una nueva pintura en la que los colores puros se yuxtaponen a través de pequeños puntos. Se presentan en la última exposición impresionista y en el Salón de los Independientes. Destaca el puntillismo de maestros como Signac o Pissarro, de quienes se muestran obras emblemáticas como «La entrada del puerto de Marsella» y «Joven campesina haciendo fuego», respectivamente.

1886. Muere el padre de Cézanne. Éste recibe su herencia, se casa y centra su trabajo en sus grandes temas: paisajes, retratos y bodegones. Verdadero nexo de unión entre impresionismo y postimpresionismo, y padre de las primeras vanguardias, cuelgan obras maestras como «Manzanas y naranjas» y «La señora Cézanne». El Montmartre canalla protagoniza una pequeña sala circular en la que Toulouse-Lautrec, el príncipe del Moulin Rouge, reina con dos dibujos y tres cartones míticos como «La payasa Cha-U-Kao».

1886. Van Gogh se traslada a París con su hermano Theo: pinta sus barrios, sus restaurantes («El merendero de Montmartre»). Aún no ha llegado la explosión del color a su paleta. Dos años después se marcha a Arles. Es legendaria la historia de la casa amarilla, la visita de Gauguin, el corte de la oreja... De Van Gogh se exhiben obras como «El salón de baile en Arles» (lo pinta mientras está allí Gauguin), un autorretrato y el retrato que hizo de Eugène Boch, pintor de poca monta al que retrata como un poeta con un cielo estrellado.

1886. Gauguin se instala en Pont Aven (Bretaña). Allí había una colonia cosmopolita de artistas, cuyos preceptos fue una revelación para pintores como Bernard y el propio Gauguin. De este último podemos ver una obra celebérrima, «Marina con vaca». Es pura abstracción. Concibe un desfiladero con manchas planas de color. Si nos esforzamos, advertiremos el perfil del artista, que se autorretrata en el cuadro. Decía Gauguin: «No copie la naturaleza, el arte es una abstracción. Extráigala de la naturaleza soñando ante ella». La exposición se cierra con más obras maestras: los cinco grandes paneles de los «Jardines públicos» de Vuillard y «Las musas», de Maurice Denis.

El talismán de la Historia del Arte

Gauguin enseña a un joven discípulo, Paul Sérusier, a traducir la naturaleza en sus obras como una superficie plana recubierta de formas y colores. En 1888 Sérusier muestra el cuadro que hizo siguiendo los dictados de Gauguin a sus colegas de la Académie Jullian, como Denis y Bonnard. Éstos idolatraban al maestro. La obra, bautizada «El talismán», se convirtió en un icono de la Historia del Arte, pues abre la puerta a la abstracción. Es una de las piezas más destacadas de la exposición. En torno a esta obra surgen los Nabis (profeta, en árabe y hebreo), un grupo de artistas que promulgan un arte nuevo, alejado por completo del naturalismo, de los que pueden verse varios ejemplos al final de la muestra.

Toda la actualidad en portada

comentarios