Cultura

Unas extrañas catacumbas disparan la imaginación inglesa

La prensa relaciona con los templarios una cueva bajo unas madrigueras de conejos

Unas extrañas catacumbas disparan la imaginación inglesa

Las llamadas Cuevas de Caynton, en Shifnal, una pequeña villa de mercado del noreste de Inglaterra, eran ya conocidas. Pero la publicación en la prensa de unas vistosas fotos en las que aparecen iluminadas con velas ha disparado la imaginación colectiva. Sin prueba alguna, periódicos teóricamente serios, como el conservador «Telegraph», las relacionan con los caballeros templarios y afirman que tienen 700 años. Otras teorías apuntan a que datarían de finales del XVIII o comienzos del XIX y que habrían sido utilizadas para ritos de magia negra. Lo singular es que estaban más bien olvidadas, a un metro de profundidad bajo unos campos plagados de madrigueras de conejos.

La Orden del Temple, formada por monjes guerreros, fue fundada en el siglo XII y disuelta con sangre y fuego con la persecución de comienzos del siglo XIV. En Inglaterra su popularidad se disparó tras la publicación en 2003 del «Código da Vinci» de Dan Brown, una de cuyas escenas se desarrolla en la Temple Church de Londres, iglesia levantada en 1185 en lo que hoy es el Strand y que está justo detrás del edificio de época que ocupa la delegación de Cataluña en Londres. La Iglesia del Temple londinense se considera un embrión de la banca. Los peregrinos que viajaban a Tierra Santa podían depositar allí sus bienes para viajar seguros y cobrar con un pagaré al llegar a su destino.

Historic England califica las cuevas de Cayton como «una gruta» y cree que podría haber sido utilizada hasta fecha reciente para «ritos de magia negra». En 2012, el dueño del campo bajo el que está la curiosa excavación decidió prohibir el acceso, para evitar prácticas de brujería y rituales turbios.

Michael Scott, un fotógrafo de Birmingham, vio en internet un vídeo del recinto, le llamó la atención y ha hecho unas evocativas fotos que han publicado todos los diarios. Los arcos y nichos de la cueva están iluminados con velas, lo que acrecienta la sensación de enigma. «Es como un templo subterráneo», ha declarado el fotógrafo, que explicó que en algunas zonas había que gatear y otras en cambio tenían una altura de más de 1,8 metros. También le sorprendió que aunque fuera llovía, la gruta estaba totalmente seca.

El periódico local, el «Shropshire Star», vincula las cuevas de Cayton con druidas y ritos paganos, relacionados con el solsticio y el Halloween. Pero basta que se haya sacado la palabra templarios a colación para que los viejos guerreros se hayan llevado todos los titulares, sin prueba alguna de su relación con el lugar. Formidables propagandistas de todo lo suyo, es probable que los ingleses acaben convirtiendo en una gran atracción turística una catacumba que estaba olvidada bajo los hoyos de los conejos.

Toda la actualidad en portada

comentarios