Federico Corriente, en el acto de su ingreso en la Real Academia Española
Federico Corriente, en el acto de su ingreso en la Real Academia Española - EFE

El pasado árabe de «a trancas y barrancas», «birlibirloque» o «Ángela María»

Federico Corriente dedicó su discurso de ingreso en la Real Academia Española a la influencia árabe andalusí en el español

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Veintidós años después, un arabista vuelve a una Real Academia Española que ha estado huérfana durante demasiado tiempo de un especialista en la lengua del Islam, como bien reseñó ayer Juan Gil en el recibimiento a su nuevo miembro, el doctor en Filología Semítica y profesor honorario de la Universidad de Zaragoza Federico Corriente (Granada, 1940). El nuevo ocupante del sillón K mayúscula de la RAE, que con apenas 30 años publicó su «Diccionario español-árabe», desveló en su intervención los orígenes desconocidos para muchos hablantes de ese «corpus nada flaco de arabismos del castellano, casi dos mil voces con exclusión de topónimos».

En su discurso de ingreso dedicado a «La investigación de los arabismos del castellano en registros normales, folklóricos y bajos», Corriente clasificó las palabras y frases castellanas de origen árabe en arabismos de registro alto, medio y bajo, según su aceptabilidad social. Entre los primeros, mencionó palabras como «andrajo», «baldragas», «droga», o «trola»», derivadas del árabe «hat/dr» (parloteo, cháchara) que «debió penetrar, rápidamente y a causa de su gran fuerza expresiva, en el haz dialectal hispanorromance, el mal llamado «mozárabe».

El prestigioso arabista, autor de 48 libros, 194 artículos y 49 reseñas, rebatió la atribución de algunos nombres geográficos de origen árabe, como Almería, del andalusí almaríyya '(novia) desvelada', que según el arabista no tiene ninguna relación con «mar» ni «marea» y «sí con el impuesto llamado almería que pagaban las bodas mudéjares» o La Mancha, en el que reconoce el andalusí «manga» que significa «alivio, salvación», pues así eran sentidas esas tierras por las tropas musulmanas cuando recuperaban la tranquilidad y el resuello en Guadalajara (llamada por los historiadores andalusíes 'la ciudad del alivio'), a su regreso de «la muy belicosa Castilla y el imprevisible Aragón». En cambio Madrid, cuyo origen algunos creen árabe (Mayrit), deriva en su opinión del romance «Matríce», como «demostró temprana e inapelablemente (Joan) Coromines».

Ademán, adrede, afán, atracar, loco, mohíno, riesgo y zafio son otras de las incorporaciones recientes al catálogo de registros medio y alto, aunque las últimas adiciones y más numerosas proceden de registros que tiran a inferiores e incluso muy bajos. Entre ellos destacó los nombres de juegos o términos usados en ellos (tabas, dados, azar, ajedrez, naipe...), «que parecen implicar que la adusta sociedad cristiana anterior a la conquista islámica jugaba poco», o palabras y frases relacionadas con actividades lúdicas como titiritero, mamarracho o máscara o «alabí alabá alabín bombá (alla 'ibín áyya ba''ad alla'ib bón bád), que significaría «jugadores, venga ya, el juego va bien»).

«A troce moche», del andalusí 'tugib ma wagab' que significaría «ponga las condiciones que ponga (la esposa para acceder al divorcio)», también forma parte de estas voces de registro medio, como también «a trancas y barrancas», del andalusí 'atrakkán barrámka' «busca un rincón con la yegua (para defenderte de varios atacantes)», «que si quieres arroz, Catalina», según su hipótesis del andalusí 'tiríd 'ala rrús, aqtá'lína' cuya traducción sería «quieres (a este esposo) ante todos? Acláranoslo», «¡agua va!», del 'aw'á ba'ád'' («cuidado»), «anda la osa», del andalusí 'ámda, la ausá'alláh' «¡qué horror, Dios no deje el mal crecer!», o «Ángela María», del andalusí 'ingilá almaríyya' «desvelamiento de la novia», es decir, «quedar la realidad a la vista».

En canciones populares e infantiles también quedan vestigios del pasado andalusí en «nana», «nanita» (de 'nám, nám, nám ínta', “duerme, duerme, duérmete tú”) o «matarile» ('má tarí li' «¿qué me ves?), probablemente porque muchas niñeras moriscas, empleadas por señores e hidalgos cristianos tras la Reconquista, se las enseñaron a los niños.

A los arrieros moriscos debemos palabrotas y tacos que hoy se consideran vulgares o malsonantes, pero que no tenían ese significado en su origen. Así, «manda huevos», que según Corriente se debería escribir con «b» como derivado del latín opus, sería una frase híbrida para señalar «por necesidad, fuerza» y «jo» o «jolín», tenidas equivocadamente por atenuaciones de otras más groseras, vendrían de una abreviación del grito ritual de guerra del beduino que al herir a su enemigo le decía 'hudha anni wa'ana fulanu bnu fulan (toma esto de mi parte, que soy Fulano, hijo de Mengano).

De los cautivos en galeras o en tierra otomana, el nuevo académico considera que pudieron llegar al castellano términos como «tiburón», del turco 'dik burun' (boca terca) o birlibirloque, «probablemente abreviado del trabalenguas 'beylerbeyilik buyuruklari(yla)'» cuya sorprendente traducción sería «por orden del gobierno».

«El sistema de sistemas de los arabismos hispánicos no es una pequeña parcela del idioma en vías de extinción, ni siquiera estancamiento, sino un intrincado mosaico de sorpresas» en el que, subrayó Corriente, «pueden aparecer palabras cuya etimología más creíble sea árabe andalusí por el hecho histórico innegable de que andalusíes de diversas comunidades, mudéjares y moriscos, se mezclaron íntimamente con cristianos nuevos y viejos y les transmitieron un buen número de frases y palabras particularmente expresivas y a menudo de ínfimo registro».

El arabista granadino, que desde este domingo ocupa el sillón vacante desde el fallecimiento de Ana María Matute, concluyó su intervención instando al estudio de este capítulo, que «no debe ser omitido por ignorancia, prejuicio o remilgo estético por los etimólogos de nuestra lengua, una de las históricamente más complejas que existen».