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Cultura

Ferrer-Dalmau, a Pérez-Reverte: «Me irrita que se olvide que los catalanes hemos combatido siempre por España»

Más de 400 personas han asistido a la conversación sobre historia y pintura, organizada por ABC, entre el pintor de batallas y el escritor

Vídeo: Dalmau y Reverte, una conversación con más de 400 testigos - ABC

La historia militar de España a través de los cuadros del más ilustre pintor de batallas: Augusto Ferrer-Dalmau. Eso es lo que transmitió el encuentro que se celebró ayer entre este artista catalán y el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte en el Museo Reina Sofía. Un acto organizado por ABC y la Fundación Mutua Madrileña en el que, además, se habló sobre la doble visión de una tierra (la nuestra) aguerrida en la victoria y en la derrota. No en vano Napoleón llegó a decir de ella que sus gentes habían actuado como un único hombre de honor para expulsarle del país (un hecho que el artista comentó en la sala frente a su lienzo de la contienda San Marcial); y al Duque de Enghien le costó sangre y balas doblegar al último Tercio de Rocroi.

Con la mítica carga de los jinetes de Zumalacárregui, uno de los múltiples cuadros de Ferrer-Dalmau sobre el carlismo, comenzó un evento en el que un público de todas las edades abarrotó la sala y al que asistieron personalidades de la cultura y la política. Todos ellos comenzaron escuchando las palabras del director de ABC, Bieito Rubido, quien durante la presentación del acto remarcó que «vivimos en una nación singular, antigua y baqueteada en mil batallas. Acostumbrada a mover sus horizontes y aventurarse por doquier».

Tierra de batallas

La pregunta con la que Pérez-Reverte arrancó la conversación fue como él: algo irreverente, pero concisa y directa a un tema más que controvertido. «¿Pintar batallas es de fachas?». Tras una carcajada general, Ferrer-Dalmau se limitó a señalar que dar vida a una contienda jamás debería tener ideología. Quizá por eso uno de los primeros lienzos sobre los que también charlaron fue el que muestra al general Prim (catalán y español) junto a sus soldados en la batalla de Wad-Ras. Un cuadro, en palabras de su autor, reivindicativo: «Los catalanes estuvieron en esta guerra con una bandera española atada a la cintura. Me irrita que se olvide que los catalanes hemos estado en todas las contiendas luchando por España».

A partir de ese punto comenzó un repaso por los lienzos más famosos del pintor. Cuadros «realistas, pero no hiperrealistas», según sus propias palabras, que buscan «dar vida a algo que no se puede fotografiar»: escenas de batallas muchas veces olvidadas, pero en las que los soldados combatieron con España en el corazón y en el sable. O en el fusil G36, como es el caso de «La patrulla», que muestra a unos soldados españoles en Afganistán. «Fui allí con la mente y los ojos en guardia y di con un escenario dantesco donde un puñado de españoles se jugaban la vida, y eso es lo que pinté, que es también un homenaje a los más de cien muertos españoles», añadió Ferrer-Dalmau.

«Los Tercios te ponen mucho ¿no? Te entiendo. Es realmente increíble lo que hicieron todos esos morenos de pequeña estatura»

La pintura naval es lo que más le ha costado a lo largo de su carrera, siendo «El Glorioso» el primer acercamiento a esta temática extremadamente técnica. «Ya sé distinguir una cuerda de un cabo, pero es un estilo que me ha hecho sufrir», bromeó el pintor. El máximo culpable de que se iniciara en este mundo es el propio Pérez-Reverte: «Tu eres un pintor de tierra, no entendías los vientos del mar entonces».

Entre sus obras más apreciadas se encuentra el Milagro de Empel, donde un grupo de soldados de los Tercios encontró una imagen de la Virgen de la Inmaculada enterrada en el barro. «Para mí es uno de los mejores cuadros que he pintado. Estoy orgulloso», reconoció.

«Los Tercios te ponen mucho ¿no? Te entiendo. Es realmente increíble lo que hicieron todos esos morenos de pequeña estatura que tenían agarrado a toda Europa por el pescuezo», añadió el escritor.

El paseo por la obra del pintor catalán terminó, como no podía ser de otra forma, con la primera asociación entre ambos amigos: la batalla de Rocroi, sobre la honrosa derrota que sufrieron los tercios en 1643. «Es un cuadro donde las expresiones dan mucho miedo. Viendo la cara de estos hombres se entiende la fama de esta infantería», explicó Pérez-Reverte. Así, en 2011, el catalán se dio a conocer con esta obra más allá de los círculos de aficionados a la historia. La estampa de un grupo de soldados españoles sufriendo, una tras otra, las cargas de los franceses fue su tarjeta de presentación al gran público. El cuadro, además, cuenta con el rostro de varios personajes familiares para los seguidores de la saga del Capitán Alatriste.

«La crueldad y el heroísmo están presentes en la misma cantidad en esta representación de la batalla», señaló el pintor que, junto al escritor, midieron cada detalle de la obra, incluido el perro de la primera fila o el mozo de tambor rubio, muestra de la huella española en Flandes. Sus cuadros, de hecho, se destacan por la buena documentación histórica.

La de ayer se convirtió así en una tarde para sentarse al calor de la Historia a disfrutar guiados por las palabras de dos maestros. Uno, que dibuja imágenes con palabras. Otro, que les da vida sobre un lienzo.

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