Cultura

La Fundación Dalí asegura que los restos exhumados del pintor serán restituidos en breve

Las pruebas de ADN demuestran que Pilar Abel no es la hija de Salvador Dalí

Pilar Abel - JOSÉ RAMÓN LADRA

La Fundación Gala-Salvador Dalí aseguró ayer en un comunicado que los restos extraídos del cadáver embalsamado del pintor catalán serán restituidos en breve. Con ello se refieren al pelo, los molares, las uñas de manos y pies y las tibias y peronés: las piezas que dan forma al puzle del despropósito que fue la exhumación de Dalí.

Al final, ni su sonrisa escondía una genialidad de ascendencia ampurdanesa ni esa rareza de la que le hablaba su abuela tenía que ver con la extravagancia elevada a la máxima expresión del gran genio surrealista. Nada de eso. Ha tenido que llegar el ADN, ese ácido desoxirribonucleico en el que el pintor gerundense situó «la clave de la inmortalidad», para confirmar que María Pilar Abel Martínezno es hija de Salvador Dalí. Su abuela, asegura esta figuerense de 61 años, le dijo en repetidas ocasiones que su padre era un «gran pintor», y su madre fue un poco más allá poniéndole nombre y apellidos, pero el cotejo del material genético descarta ahora cualquier posible parentesco y deja en el aire la principal prueba de la demanda de paternidad con la que Abel consiguió que se exhumara el cadáver del genio de Portlligat.

Así lo comunicó ayer la Fundación Gala-Salvador Dalí, entidad encargada de velar por el legado del artista, después de los letrados de la entidad recibiesen del Juzgado de Primera Instancia Número 11 de Madrid unos resultados que «permiten excluir a Salvador Dalí como padre biológico de María Pilar Abel Martínez». El dictamen, emitido por el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, es el resultado de cotejar los restos biológicos que se retiraron del cuerpo de Dalí el pasado 21 de julio con las muestras de saliva que se le tomaron a Abel el 11 de julio. «Esta conclusión no es ninguna sorpresa para la Fundación, puesto que en ningún momento ha habido indicio alguno de una pretendida paternidad», celebró ayer la entidad en un comunicado que cuestionaba la decisión judicial de exhumar el cadáver de Dalí y la calificaba de «inadecuada y desproporcionada». Abel, por su parte, aseguró no haber recibido ninguna comunicación oficial del juzgado, por lo que dijo no poder manifestarse hasta no conocer los resultados de primera mano.

En el horizonte más cercano, una vista fijada para el próximo 18 de septiembre para descartar o no la demanda por paternidad que Abel interpuso en 2015 y cuya principal prueba era, precisamente, el resultado de las pruebas que descartan ahora cualquier parentesco. El material genético es, de hecho, la única evidencia tangible de un proceso basado en todo momento en testimonios orales y a la que Abel ha llegado después de que otras tres pruebas de ADN arrojasen resultados negativos o no concluyentes.

Según ha explicado la propia Abel en más de una ocasión, todo el caso se basa en la suposición de que Dalí habría mantenido un romance clandestino con su madre en 1955 mientras trabajaba al servicio de una familia en Portlligat (Cadaqués). Siempre según la versión de Abel, al saber que estaba embarazada, su madre regresó a Castelló d’Empúries, donde contrajo matrimonio con otro hombre. Este relato –basado en gran parte en los testimonios de su madre y de su abuela– y un acta notarial de una cuidadora de la madre reconociendo la relación sentimental con el pintor es todo lo que ha necesitado Abel para acabar forzando la más sonada exhumación de la historia del arte.

De ahí la queja de la Fundación Dalí, que considera «inusual e injustificada» la decisión judicial de practicar la exhumación después incluso de haber propuesto otros métodos como un análisis del ADN del cadáver del padre legal de Abel o de su hermano. «La Fundación se alegra de que con este dictamen se ponga fin a una absurda y artificial polémica, y de que la figura de Salvador Dalí quede definitivamente excluida de unas pretensiones totalmente infundadas», añade el comunicado. Tampoco Narcís Bardalet, forense encargado de embalsamar el cuerpo de Dalí en 1989, parecía demasiado sorprendido con un resultado que él ya había anticipado desde que empezó a hablar de la posibilidad de exhumar el cadáver. «Yo ya lo venía diciendo, pero no haré declaraciones hasta pasado el juicio porque cuento con informaciones médicas» de tipo confidencial, explicó a Ep.

Legítima y perjuicios

Por más que Abel siempre había dicho que lo que realmente le interesaba era saber si Dalí era su padre biológico para poder llevar así su apellido, a medida que el caso empezó a ganar notoriedad aseguró que, de confirmarse la paternidad, emprendería un segundo proceso para reclamar la legítima de la herencia del pintor, que alcanzaría el 25% del patrimonio legado al Estado español y gestionado por la Fundación Gala-Dalí. Un pellizco del patrimonio del artista que algunas fuentes cifran en unos 300 millones de euros y que, por el momento, seguirán sin moverse de sitio.

Por contra, la Fundación ya ha anunciado que se reserva el ejercicio de acciones legales por los perjuicios sufridos y baraja reclamar los costes de la exhumación, un proceso del que no ha trascendido el montante final pero que, por poner un ejemplo cercano en el tiempo, podría no andar lejos de los 20.000 euros que costó la exhumación del banquero Juan March en 2013.

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