Así luce el renovado Salón Estufa del Museo Cerralbo
Así luce el renovado Salón Estufa del Museo Cerralbo - MC

El Museo Cerralbo se renueva a la antigua

La institución ha presentado su «nuevo» Salón Estufa, que ahora luce cuatro tapices restaurados del siglo XVII. Recuperan así la misma decoración que el XVII marqués de Cerralbo dejó en la sala en el momento de su muerte, en el ya lejano 1922

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El Museo Cerralbo quiere volver atrás en el tiempo. Ese es, al menos, el hilo conductor de sus últimos proyectos. La institución presenta ahora su renovado Salón Estufa, que luce cuatro tapices restaurados del siglo XVII, rememorando la misma decoración que el XVII marqués de Cerralbo dejó en la sala en el momento de su muerte, en el lejano 1922, fecha de origen de esta institución de carácter estatal. El Cuarto del Mirador también ha sido renovado con dos cortinas francesas del XIX.

El proceso de recuperación de estas obras ha sido realizado por la Real Fábrica de Tapices, que ha dedicado dos años a este laborioso proceso, cifrado en 263.296 euros. Ni el precio ni el tiempo han de extrañarnos, pues el tapiz siempre ha sido un objeto de lujo de naturaleza artesanal. Ya en el siglo XV Alfonso V de Portugal se quejaba del precio de estas obras: por aquel entonces un solo tapiz de Pastrana costaba lo mismo que tres carabelas. Hoy, según explica Alejandro Klecher de Elixalde, director general de la fábrica, esos costosos ritmos no han cambiado.

Una restauración compleja

El proceso de restauración de estas obras ha sido complejo, pues cada una presentaba una serie de particularidades que han puesto a prueba al equipo de profesionales. Así, por ejemplo, los tapices tenían que lucir una serie de flecos, muy del gusto del marqués a principios del siglo XX. Sin embargo, el incluir los flecos en los tapices modificaba su peso y su estabilidad, poniendo en riesgo su conservación. Por ello, desde la Real Fábrica de Tapices han tenido que idear una particular técnica que consiste en incluir los flecos colgados de la pared, manteniendo así el aspecto original del tapiz pero sin poner en riesgo su integridad.

Además de los clásicos problemas de suciedad y deshidratación de fibras, los tapices presentaban un inconveniente del montaje. Según ha apuntado la directora de la Unidad de Restauración de la Real Fábrica de Tapices, Verónica García, estos tapices son más grandes que las paredes de las que cuelgan. Por ello han de colocarse con una serie de pliegues regulares, que permitan que el espectador pueda ver todo el conjunto de la composición. Para conseguir este efecto, han tenido que diseñar unos «colgadores» de madera a medida, que dan forma a las dobleces de los tapices.

Las dos piezas más destacadas de la estancia son el tapiz con representación de «La Fortuna», obra del taller de Franz van den Hecke según cartón de Antonie Sallaert, y el de una batalla, que pudiera ser la de Escipión el Africano contra Aníbal, que conserva el anagrama del taller de François Tons.

Por su parte, las cortinas son una magnifica expresión de la «Edad de oro de la tapicería», que nos remite al tercer cuarto del siglo XIX. Realizafas en los talleres de Aubusson-Felletin muestran el gusto burgués por los colores vivos y cálidos y por el ornamento recargado y complejo.