Video: El CNI descifra uno de los grandes misterios de la historia de España, el código del Gran Capitán

El logro del CNI, la llave para revisar el origen del imperio español

El biógrafo del Gran Capitán, José Enrique Ruiz-Domènec, augura grandes descubrimientos tras el logro del CNI de descifrar las cartas secretas de Fernando el Católico

MADRIDActualizado:

José Enrique Ruiz-Domènec, autor de la más completa biografía de Fernández de Córdoba, se muestra entusiasmado al conocer por ABC el logro del CNI, que ha descifrado los códigos de las cartas secretas entre Fernando el Católico y el Gran Capitán. «Vamos a tener acceso a nuevas revelaciones, un fondo de decenas y decenas de cartas en el Archivo de Aragón y en Simancas, entre otros lugares, a las que los historiadores no hemos podido dar la importancia que tienen. Yo mismo tendré que revisar mi biografía», responde a ABC, poco antes de partir a un congreso internacional en Italia sobre la figura del Gran Capitán: «Allí voy a contar este descubrimiento, que es importantísimo», remacha.

Las cartas secretas más interesantes entre ambos personajes datan de la primera década del siglo XVI. España es un hervidero de intrigas en esos años. El Rey Católico demostraría a la postre que era el político más sagaz de su época. Pero el genio militar y político del Gran Capitán le supera en ocasiones.

En estos años muere la Reina Isabel, se prepara el tercer viaje de Colón, Fernando pierde frente a Felipe el Hermoso, pero este muere... Estas primeras cartas empleadas por el CNI para el análisis sistemático que ha llevado a descifrarlas se corresponden con el momento en el que el Gran Capitán prepara la campaña de Ceriñola contra la seguna invasión francesa del Reino de Nápoles.

El Rey ordena al Gran Capitán «que se limite a vigilar el Faro en Nápoles, es decir que impida que invadan Sicilia, el reino que su padre le había legado antes de la boda con Isabel. «Gracias a lo que revelen las cartas podremos saber sus estrategias, sus temores, sus sentimientos ante esos acontecimientos que hasta ahora no hemos podido conocer. O tal vez iluminen las razones que le llevaron a la decisión de casarse con Germana de Foix y buscar heredero para Aragón, en contra de la política dinástica fundada años antes con tanto esfuerzo. ¿Por qué?», comenta el historiador.

Tal vez en cartas cifradas esperan las claves, «este logro es la llave para acceder a un nuevo fondo en el que conoceremos las intenciones reales y la cultura política del momento en el que eclosiona la época moderna» y germina el imperio español. Y tal vez ayuden a desentrañar «claves empleadas en cartas similares de Génova y otras repúblicas, donde era tradición preservar bajo códigos las órdenes diplomáticas. Algunos de esos códigos se han podido descifrar y otros no», avanza Ruiz Domènec.

«Este logro es la llave para acceder a un nuevo fondo en el que conoceremos las intenciones reales y la cultura política del momento en el que eclosiona la época moderna y germina el imperio español»

El Gran Capitán no sigue las órdenes del Rey siempre. Por ejemplo: «No volvió a España después de expulsar al turco de la isla de Cefalonia, cerca de Lepanto, tal y como le había dicho Fernando, porque intuía que los franceses invadirían Nápoles». Luis XII de Francia y Fernando el Católico habían firmado un acuerdo de paz en Granada en 1500, que ninguna de las partes estaba dispuesto a cumplir. «Quién le iba a decir a Fernando que el francés le tomaría la delantera en eso. El que lo intuyó fue Fernández de Córdoba, y por eso se quedó», añade. En efecto, el sucesor de Luis XII, Carlos VIII, lleva a Nápoles un ejército muy superior al español.

El Gran Capitán quiere contratar a los lansquenetes, la infantería mercenaria armada con picas, para completar sus formaciones en la esperada batalla campal. Y como las tropas francesas al mando del duque de Nemours se adelantaron a sus planes, el militar español supo ganar tiempo en Barletta, convocando unas justas caballerescas, que los franceses debieron aceptar por mor de los valores de la tradición medieval. Pero mientras los paladines se medían a la antigua, al Gran Capitán le llegaban los refuerzos de infantería moderna que precisaba.

Entonces llegó la batalla, una de esas en las que cambia el curso de la historia. En este caso en beneficio de la causa española, que a priori iba a ser derrotada por una fuerza aplastantemente superior. El Gran Capitán logra esa gran victoria en Ceriñola, cerca de donde Aníbal había aplastado a las legiones de Roma en parecida desventaja, en Cannas. De la táctica que puso enjuego allí nacerá la futura estrategia de los Tercios, llamada a dominar el escenario europeo durante más de un siglo.

Con la infantería y sus picas atrincheradas en el centro de la línea, decide aguantar el primer ataque de la caballería pesada francesa, con la flor y nata de la nobleza. Caen en la trampa y muere incluso el duque de Nemours. La pérdida de tantos nobles franceses tuvo gran impacto en Europa.

El gran capitán se pone en la zona centrar, junto a sus hombres entre la vanguardia y la retaguardia. Tiene tanta serenidad que alimenta la moral de sus hombres. En la batalla campal esa seguridad puede dar la victoria. Hay un momento en el que la artillería francesa de campo dispara al montículo donde él observa. La metralla retumba a pocos metros de él, pero no se inmuta. Y exclama en medio del fragor: «¡No os preocupéis, estos son los fuegos de la victoria!».

La batalla campal es en parte emocional. Y la confianza también aumenta porque ha sabido elegir el terreno, un lugar como Ceriñola, escarpado con olivos, como las tierras de Montilla y Cabra que conoce desde niño. Gracias a todos estos elementos, España registra muy pocas bajas. Con esa moral la tropa aguanta firme. Y contraataca, con una fuerza que resultará decisiva.

La victoria se reconoce en todo el mundo y avanza la fama de los Tercios. Ruiz-Domènec comenta que «no lo aprende en tratado alguno, sino que aplica su genio, su conocimiento y la observación de los cambios que ya se suceden. Las derrotas al principio de la primera campaña le han enseñado muy bien que el papel de la caballería pesada ha llegado a su fin. La caballería ligera, sumada a la infantería y a una capacidad mayor de movilidad le permiten revolucionar el llamado arte de la guerra, pero con logros de cosecha propia.

Una figura imprevisible

El historiador subraya que «figuras como la del Gran Capitán no son previsibles en la historia. Un hombre que venía de una guerra medieval como la de Granada, que había llegado con los veteranos de esa campaña a Italia estaba destinado a ganar al ejército profesionalizado de los franceses, que venían de ganar –no hay que olvidarlo– la Guerra de los Cien Años. Lo normal habría sido la derrota. El riesgo era máximo, hay que entender los recelos del Rey Fernando, explica Ruiz-Domènec.

Y no para ahí. En la campaña del Garellano derrota el contraataque francés, en condiciones durísimas. No hay que olvidar que el invierno en la zona es muy frío y con solo decir que el farallón más importante en la zona es Montecasino, está todo dicho. Allí, siglos después, los soldados americanos de la Segunda Guerra Mundial pagaron un alto precio.

Ruiz-Domènec concluye que «Fernando era más cauteloso que el Gran Capitán y a veces se preguntaba ¿adónde me lleva este? Pero añade que por sus grandes éxitos, si no le hubiera cesado en 1507, el imperio habría avanzado 20 años y se habría formado en su reinado en lugar que en el de Carlos I».

Las cartas secretas tienen también, «a buen seguro, detalles diplomáticos y relatos de sucesos que tuvieron gran influencia en la época tanto en la corte española como en las repúblicas italianas. Es el caso de la conjura de los Fieschi», según el historiador. Como buen investigador subraya la importancia del documento para sostener las hipótesis pero ahora, tras este descubrimiento, es posible que el acceso a grandes fondos hasta ahora inaccesibles haga que tengamos que reescribir algunos episodios importantes de nuestra historia.