Talia Kiseliova, Muza Buláutova, Bella Moróuzova y el representante del partido en 1944
Talia Kiseliova, Muza Buláutova, Bella Moróuzova y el representante del partido en 1944 - ABC

Las guerreras que aplastaron el Tercer Reich

Francotiradoras, «tanquistas», partisanas y hasta espías. El olvidado papel de las mujeres fue determinante para acabar con el reino del terror de Adolf Hitler

MadridActualizado:

«Los auxiliares sanitarios de las unidades de carros blindados morían pronto. Había que estar alerta por si algún tanque ardía... Entonces saltar y correr, o arrastrarse hasta allí». Nina Yákovlevna Vishnévskaia describía así su triste labor durante la Segunda Guerra Mundial. Como ella, cientos de miles de muchachas se alistaron en el Ejército Rojo para defender a la Madre Patria del invasor alemán. Las rusas son a día de hoy la cara más conocida del papel de las féminas durante la contienda. Con todo, la URSS no fue la única región en la que las mujeres se dejaron la vida por la victoria. Desde Estados Unidos hasta la misma Polonia, otras tantas guerreras de falda y coleta como la partisana judía Rachel Rudnitzky o la agente especial Noor Inayat se alzaron para acabar con el poder del Tercer Reich.

Lo mismo pasó en Alemania con Maria Gräfin von Maltzan, una condesa famosa por esconder en su apartamento a todo judío que llegase solicitando auxilio. Ella, junto a tantas otras, demostró que las temibles y sádicas guardias de las SS como Dorothea Binz o Ilse Koch (más conocida por el sobrenombre de la «Zorra de Buchenwald» debido a su barbarie) no fueron más que un aislado borrón tan fugaz como el mismo nazismo. Mención aparte requieren las madres, hermanas e hijas judías que sufrieron el Holocausto y demostraron su heroicidad sobreponiéndose a los temibles campos de concentración. «La mujer ocupará una página importante en la historia de los judíos por su valentía y su fortaleza», afirmó el historiador Emmanuel Ringelblum.

Hasta hace bien poco, el mercado editorial había dejado a un lado la participación de la mujer en la guerra. Sin embargo, muchos historiadores se han lanzado en los últimos años a desentrañar el su verdadero papel en el enfrentamiento. La más activa ha sido Lyuba Vinogradoba con sus dos últimos ensayos: «Las brujas de la noche» (Pasado y Presente, 2016) y «Ángeles vengadores» (Pasado y Presente, 2017). Según explica la autora a ABC, la URSS fue pionera en lo que a igualdad de sexos en el campo de batalla se refiere. Aunque más por necesidad, que por mentalidad. «La llamada masiva de mujeres al ejercito empezó en 1941, nada mas comenzar la guerra contra Hitler para Rusia. Pero fue en 1942, debido a la escasez de soldados en la frente, cuando el ejército empezó a usarlas en nuevas funciones consideradas masculinas», señala.

Así fue como se alistaron (atendiendo a las fuentes) entre 500.000 y un millón de guerreras en el Ejército Rojo para llevar a cabo estas labores «de hombres». Algunas tan llamativas como «tanquistas». Fue el caso de A. Boiko, entrevistada por Svetlana Alexiévich para su obra «La guerra no tiene rostro de mujer» (Debate, 2015). Esta mujer ejerció como mecánica-conductora en un IS-122, una gigantesca mole de 46.000 kilos ideada para derribar los vehículos más pesados del enemigo. «Entre los tanquistas había bastantes muchachas en los tanques medios, pero solo yo iba en un tanque pesado», explicaba. Con todo, la más famosa en este gremio fue Mariya Oktyabrskaya, una cuarentona que vendió todas sus posesiones para comprarse un carro de combate medio T-34 y vengar la muerte de su marido.

Sin embargo, de entre todas las tareas que asumieron la más recordada es la de francotiradoras. En su nueva obra, Vinogradoba recoge precisamente el papel clave que jugaron estas combatientes soviéticas (un total de 10.000, según sus palabras) en el frente de batalla. Muchachas que se entrenaron como cualquier hombre y que causaban tanto pavor en los germanos que éstos las conocían como «bestias bolcheviques». Pero también mujeres que, en palabras de la autora, se sintieron sumamente dolidas cuando les cortaron sus coletas (era costumbre rapar a los soldados) y a las que, en un primer término, las guerreras de los uniformes masculinos que les daban les llegaban hasta la rodilla. «Las más enjutas veían incluso como se les caían las botas», añade.

Si hay una que cautivó especialmente al pueblo soviético y al mismísimo Stalin fue Lyudmila Pavlichenko. A esta estudiante de historia ucraniana se le atribuyeron la friolera de 309 bajas en combate. Su vida traspasó fronteras y llegó hasta Estados Unidos, donde fue recibida por el presidente Roosevelt y fue definida por la prensa como una «cautivadora princesa guerrera que posee la marca individual más alta entre los mejores francotiradores del Ejército Rojo». Con todo, su historia está rodeada, según Vinogradoba, de cierta leyenda. Menos conocida, pero igual de llamativa, era Lidia Bakieva. «Era muy atlética y le encantaba el disparo de precisión. En el frente se hizo famosa por lograr 76 muertes. No disparaba desde las trincheras, sino en la denominada «tierra de nadie» (el espacio de combate entre dos frentes)», añade Lyuba.

Con todo, las soviéticas no fueron las únicas en enfrentarse a Hitler y a sus hombres. En toda Europa, cientos de mujeres colaboraron en la caída del dictador. Ejemplo de ello fue Noor Inayat. «Fue una agente secreta reclutada por la inteligencia inglesa (SOE), tenía como misión servir de enlace entre la resistencia francesa y los servicios secretos británicos. Esta espía de origen indio desarrollaba su labor como operadora de radio para la red «Prosper» en la Francia ocupada. Cuando la trama fue descubierta, se negó a regresar a Inglaterra pese al enorme riesgo que comportaba seguir realizando sus tareas. Finalmente fue apresada y sometida a un durísimo interrogatorio. Tras sufrir crueles torturas se negó a delatar a sus compañeros y fue trasladada al Campo de Concentración de Dachau, donde fue ejecutada el 13 de septiembre de 1944», explica a ABC el divulgador histórico Pere Cardona (autor de «El diario de Peter Brill» y de la página «HistoriasSegundaGuerraMundial»),

Tampoco es desdeñable la vida de Rachel Rudnitzky, una partisana que combatió a los germanos en un bosque cercano a Vilna y que se hizo famosa por ser la protagonista de una fotografía realizada tras la liberación de París.

Sophie Scholl. Nacida el 9 de mayo de 1921 en Alemania, Sophie formó parte en su adolescencia de las Juventudes Hitlerianas. Sin embargo, pronto se percató de las barbaries del nazismo y se unió a un grupo de resistencia contra Hitler llamado la «Rosa blanca». Fue capturada y posteriormente ajusticiada el 22 de febrero de 1943 por fomentar el odio hacia el Tercer Reich con acciones como la impresión de panfletos en contra de la contienda.

Lidiya Litviak. Lidiya vino al mundo el 18 de agosto de 1921. Más conocida como la «Rosa blanca», esta aviadora se hizo famosa por derribar a una docena de enemigos durante la contienda. Aunque desapareció en agosto de 1943 durante la batalla de Kursk, siempre será recordada por la siguiente frase: «Cuando veo un avión con las cruces y la esvástica en la cola, solo siento una cosa: odio, y esta emoción hace que apriete con más firmeza los botones de disparo de mis ametralladoras».

Andrée Virot. La conocida como «Agente rosa» nació el 3 de febrero de 1905 en Francia. Durante la guerra se dedicó a esconder a todo aquel que acudía a ella afirmando que era perseguido por los nazis. Tras disfrazarle, Andrée ayudaba a aquellos desdichados a escapar del país. Finalmente fue apresada, pero logró burlar a la muerte en los campos de concentración de Ravensbrück y Buchenwald. Sobrevivió y falleció a los 105 años de edad.

Virginia Hall. Virginia nació en 1906 en Estados Unidos. Su adultez comenzó de forma trágica cuando, debido a un accidente, tuvieron que amputarle una pierna y sustituirla por una prótesis. Enfermera durante la breve defensa francesa, en 1941 fue reclutada por el SOE. A partir de ese momento se dedicó a decodificar mensajes y espiar a los germanos en el país galo. Posteriormente se convirtió también en agente de la OSS. Murió en 1982.

Muriel Philips. Nacida en 1921, Muriel estaba acabando enfermería cuando Japón atacó Pearl Harbour. La noticia le impactó tanto que decidió alistarse en el Ejército de los Estados Unidos para ejercer su profesión. Valiente ante todo, estuvo destinada en Gales, Nomandía (tras el Día D), Lieja (donde sufrió la caída constante de bombas germanas V-1) y, finalmente, en la batalla de las Ardenas. Su unidad médica fue condecorada tras la contienda.

Brujas de la noche. Mención destacada merecen las pilotos soviéticas. En 1941 Stalin creó el 122 Grupo de Aviación, organizado en tres regimientos formados casi exclusivamente por mujeres. El 586 (de cazas) derribó 38 aviones enemigos durante la contienda. El 587 (de bombardero) efectuó 1.134 misiones. El último de ellos, el 588 (de bombardeo nocturno) fue el más destacado. Causó tanto miedo entre los nazis que las muchachas que lo formaban fueron llamadas «Brujas de la noche».