«I-span-ya» y el misterioso origen del nombre de todos los países

España es una palabra de origen fenicio, China procede del sánscrito, México de la precolombina náhuatl...

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El origen del nombre de España es difuso. Hay consenso entre los filólogos en que procede del fenicio «I-span-ya», pero discuten sobre su significado. El más probable es «tierra donde se baten los metales», pero también podría ser «tierra del norte». Los romanos se referían a Hispania como «tierra de muchos conejos».

La etimología de los países, especialmente los más antiguos, es en muchas ocasiones borrosa, complicada por lenguas ya muertas. El mapa superior se ha construido a partir del trabajo de investigación «La traducción literal de los nombres de los países», con base de datos bajo licencia Creative Commons, que toma como fuente principal el diccionario etimológico Oxford. Hay acepciones que son discutidas y objeto de debate de filólogos.

España entraría dentro del grupo de países cuyo nombre procede de elementos de la naturaleza, un origen común en los países europeos. Igual que Italia, cuyo nombre deriva de «los hijos del toro», procedente del griego antiguo. O Albania, que significa «la tierra de las águilas». Islandia es «la tierra de nieve»; Chipre, «la isla de cobre»; y Letonia, «bosque claro».

En Europa, no obstante, el más habitual es el topónimo derivado de algunos de los pueblos nativos o tribus que habitaron el lugar. Así ocurre con Inglaterra, la tierra de los anglos; Francia, la de los francos, pueblo cuyo nombre a su vez deriva de una palabra germánica para indicar bravura. Bélgica, la tierra de los belgas. Rusia, la de los rus. Alemania, de los alamanes, aunque en antiguo alto alemán, «Deutschland» sería simplemente «tierra de la gente».

En África también abundan los países cuyo nombre procede de alguna tribu, como Ruanda, la tierra de los banyaruanda, o Mauritania, tierra de los mauri. Aunque en varios casos el topónimo de raíz extranjera hace referencia al color de la piel. Así, Sudán procede del árabe y significa «país de los negros». Guinea es una derivación portuguesa de una palabra bereber para designar a los hombres negros. Y Etiopía, palabra de origen griego, es la «tierra de las caras quemadas».

Libia es otro helenismo, la hija de Épafo, rey de Egipto, y Menfis, reina del Nilo. Egipto es el «templo del alma de Ptah», el dios constructor de su mitología. Túnez tiene su origen en Tanit, deidad fenicia. De la religión también ha salido el nombre de Israel, «el que lucha con Dios», por Jacob, el patriarca bíblico, que venció a un ángel de Yahvé. España llenó América de topónimos católicos: República Dominicana, El Salvador o (Isla de la Santísima) Trinidad y Tobago.

Nombres de origen español

El idioma español ha servido para dar nombre a numerosos países que formaron parte del Imperio. Filipinas se llama así en honor al entonces Príncipe de Asturias Felipe, posteriormente Felipe II. Argentina es la tierra junto al río de La Plata; Honduras recibe su nombre por las aguas profundas; y Venezuela, la pequeña Venecia, por las construcciones sobre el río que recordaron a Américo Vespucio a la ciudad italiana. Costa Rica y Ecuador se explican por sí solas.

Los conquistadores mantuvieron o adaptaron de los idiomas nativos otros topónimos. México, del idioma náhuatl, significa en el ombligo de la Luna; Guatemala, de la misma lengua precolombina, significa tierra de muchos árboles. Paraguay, del guaraní, gente nacida a lo largo del río. Perú, del nativo peruano, tierra del río. Chile, del chileno, donde termina la tierra.

El nombre de Colombia honra a Cristóbal Colón, el descubridor de América, y Bolivia a Simón Bolívar, que liberó parte Cono Sur. Aunque menos habitual, las personas también han dado lugar a nombres de países. Las Islas Marshall, por el explorador británico John Marshall; Mozambique, por el jeque árabe Musa al Biq; Armenia, la tierra de Hayk, el legendario fundador del país. China, en chino, es el reino central; aunque para el resto sería «tierra de los Qin», la dinastía.

Las ideas o construcciones de los hombres también han servido para nombrar países. Pakistán es el «el país puro» y Arabia Saudí el de la «buena suerte». Liberia y Kazajistán son «la tierra de los libres» y Dinamarca el «hogar de los guerreros». Kirguistán es la tierra de los caminantes.

Siempre queda la geografía como inspiración. Japón es la tierra del sol naciente. Noruega es el camino del norte. Y en el entonces pequeño mundo, Marruecos era el lejano oeste, en árabe; y Austria debe su nombre, en lengua germánica, a ser el reino del este.