Así contó ABC la muerte de Chaplin hace hoy 40 años

La muerte sorprendió a Charlot en la Nochebuena de 1977, mientras dormía, en su casa de Suiza

MADRIDActualizado:

La muerte sorprendió con su mano sombría a Charles Chaplin hoy hace cuarenta años, en Vevey, Suiza. El celebérrimo actor, creador del universal Charlot, tenía ochenta y ocho años. ABC publicaba en la siguiente edición, la del 27 de diciembre: el actor británico sir Charlie Chaplin falleció a las cuatro de la madrugada mientras dormía. Todos los miembros de la numerosa familia del célebre Charlot se encontraban reunidos en la casa del actor, con excepción de su hija Geraldine, que se hallaba en Madrid...

La crónica contaba que Chaplin llevaba enfermo varios años y ya no podía andar. También tenía dificultades para ver y oír, expresándose torpemente.

El entierro de los restos mortales de Charles Chaplin se realizó en la más «absoluta Intimidad». La esposa de Chaplin «confirmó que el gran actor había muerto en el sueño, esta madrugada, en la residencia de Vevey, donde la familia habitaba desde hacía largos años».

En su titular, ABC destacaba aquella triste mañana que «con Chaplin murió la risa universal». Su «Charlot» convirtió el humor en crítica social, en lección de humanidad y en expresión poética, subrayaba la crónica de ABC.

Su vida, según el crítico Pedro Crespo

El crítico de cine de ABC, Pedro Crespo, publicó el siguiente artículo:

AUNQUE de forma casi automática decir Charlie Chaplin equivalga, para millones de seres, imaginar la entrañable figura del hombrecillo de los pantalones astrosos, el lévitin encogido, el abollado bombín, los desmoronados zapatones, el bastoncillo ágil y el trapezoidal bigote, el camino del creador único, del genio del cine, tiene un inicio anterior y acaba después de su mítico personaje, al que diera forma con su arte y con su rostro, entrase en la relativa eternidad olímpica de las invenciones humanas con dimensión universal.

Para entender a Chaplin, a su cine impar, se hace necesario partir de su propia biografía, de sus orígenes personales, del ambiente «dickensiano» en que transcurrieron sus primeros años, en el Londres del East End, entonces -1889- el barrio más pobre de la mayor ciudad del mundo. Ni Charlot como personaje característico ni la filmografia chapliniana resultan inteligibles sin esa sociedad.

Debutó con 5 años

Hijo de un «cantante de estilo», un barítono que trabajaba en locales de poca categoría, participando en «vodeviles»; y de una actriz de operetas, Charles Spencer Chaplin debutó en un café-cantante de Aldershot, junto a su padre, cuando sólo contaba cinco años. Meses después, el padre murió, víctima de una crisis alcohólica, y la miseria más absoluta hizo su aparición. Con su madre enferma, abocada a continuas crisis mentales, Charles y su hermano Sidney, mayor que él, alternaban en la solicitud de un pocillo de sopa, en una misión cercana a su casa, utilizando para salir a la calle el único par de zapatos de que disponían.

Detenidos como vagabundos en uno de los períodos hospitalarios de su madre, Charles y Sidney fueron internados en un orfelinato, el Hanwell, situado en Ealing, al oeste de Londres, entre 1895 y 1896. Luego, olvidadas ya sus ilusiones artísticas, la madre se contrató como costurera, ganando así un mínimo sueldo, mientras sus hijos probaban sus aptitudes en distintos escenarios del mundo gris y miserable que les había tocado vivir.

Apenas pudo Charles asistir con regularidad a un colegio -el Hern Boys- entre octubre de 1898 y marzo de 1900. En ese tiempo, su madre regresó al hospital para no recobrar ya nunca la normalidad.

«No hara nada bueno»

El comienzo de siglo encuentra a Charles Chaplin trabajando en el teatro. Son papeles cortos, casi siempre de niño, que se prolongan hasta que tiene quince años. Cuando cuenta diecinueve viene el milagro, el salto a América, donde reemplazará a otro actor. En 1910, Chaplin y el cine se cruzan sin encontrarse. Será tres años más tarde, con ocasión de un nuevo viaje americano y una nueva gira, cuando surja su primer contrato. Precisamente con la Keystone, cuyo principal realizador, Mack Sennett, había dicho de Chaplin tras asistir a una representación en la que el actor intervenía: «No hará nada bueno en el cine.» El acuerdo se firma el 29 de diciembre de 1913 y en febrero del año siguiente ya ha rodado cuatro de las 35 películas de una y dos bobinas de su compromiso.

Chaplin, primero como «partenaire» de Mabel Normand y Fatty Arbuckle y luego como primer intérprete, guionista y dirctor. aprende la mecánica de los rodajes y luego va imponiendo sus ideas y a su personaje: Charlot. Ya en la segunda película de la serie Keystone hay una primera aproximación que cristaliza poco después. La sexta cinta, «Charlot en el baile», ya cuenta con el «hombrecito». De la levita, sombrero de copa, cuello duro recubierto de una ajustada chalina y los bigotes colgantes al atuendo caricaturesco de vagabundo con ínfulas de aristocracia hay apenas dos meses de trabajo.

En sólo tres años, Charlot rompe todas las barreras. Su éxito es tan instantáneo y amplio que Chaplin deja la Keystone y pasa, contratado, a la Essanay, multiplicando su sueldo, para ir después a la Mutual, ya con cifras de seis ceros en su contrato, y fundar luego su propia productora.

El primer Charlot era grosero, cazurro

El Charlot de los primeros tiempos es grosero, cazurro y sensual, y lo es como defensa contra los principios convencionales y absurdos que coartan la expansión natural de su personalidad. Luego su humor se afina y se acentúa su rebeldía permanente contra todo lo que le es impuesto exteriormente, contra los convencionalismos y los esquemas rígidos de costumbres, contra las mundanidades, la falsa moral, el pudor acomodaticio o los creyentes por conveniencia.

Tampoco las instituciones salen mejor libradas. Chaplin se muestra anticlerical, antimilitarista, y ataca con inimitable sorna a los Bancos, las iglesias y las guerras, Y en todo pone sátira, y caricatura; ironía apoyada en su plástico sentido d«i humor, en su ritmó expresivo, además de ternura, de poesía y de sentimiento.

Matrimonios y divorcios

Se suceden sus matrimonios y películas, sus divorcios y sus éxitos: «Charlot en la calle de la Paz», «Charlot en el balneario», «Charlot emigrante», «Vida de perro», «¡Armas al hombro!», «El chico», «El peregrino», «La quimera del oro», «El circo», «Luces de la ciudad»... Mito y personaje se confunden.

Chaplin ha llevado una vida borrascosa sin dejar de trabajar. Su mundo, como creador y actor, compositor de sus propias músicas, urdidor de sus propios asuntos, no tiene prácticamente parangón. Chaplin busca la continuidad de su relato, la potenciación de su modo de ver las cosas v los hombres, usando de las técnicas cinematográficas con sencillez extrema, sin caer en la trampa de un excesivo formalismo.

Entre tanto, Charlot se ha hecho universal. Todos han reído con él, admitiendo que, a su través, Chaplin ironice sarcásticamente contra la sociedad y sus modos dé vida y relación, reconstruyendo personajes, episodios y ambientes de sus primeros años en Londres. Chaplin afirma a su personaje oponiéndole contra un mundo exterior opresivo, lanzándole a una continua rebeldía hacia las rígidas estructuras sociales que tienden a anular al individuo, logrando la risa como supremo lenitivo a través de sus «gags» perfectos, de su portentosa capacidad mímica, del reflejo puntual de la realidad que tenían sus argumentos y de la convincente humanidad de sus personajes.

Millonario, celebrado en el mundo entero, Chaplin parece inclinarse, acaso por su innata contestación al sistema, hacia el marxismo. Hace «Tiempos modernos», pero desata a la vez las iras del capitalismo y del estajanovismo. Más tarde eu apoyo a la democracia se traduce en «El tran dictador».

Es julio de 1940 y la segunda guerra mundial ha comenzado. El bigote de Charlot ha tenido una triste y terrible continuación. Chaplin se ha definido y ha conseguido convertir su venganza contra la sociedad en una obra de arte que tiene, para su personaje central, para Charlot, el tributo de la soledad. Pero el autor busca independizarse de su destino, no estar sunca más solo.

En 1943 casa con Oona O'Neill después de haberse divorciado, sucesivamente, de Mildred Harris, Lita Grey y Paulette Godard. Y, seguro sentimentalmente, ensaya, bajo sus postulados personales, una suerte de distanciación brechtiana: «Monsieur Verdoux», antes de abordar la confección de un doble testamento, unas memorias dobles, convenientemente pasadas por el tamiz de su inspiración.

Caza de brujas

Así surge «Candilejas», en 1952, donde el autor recrea su mundo inventado a través de un personaje de síntesis, Calvero, heredero de sus miserias londinenses, del mundo derrotado de sus padres, para haeerle morir en una triunfal pirueta final, eon el amor y el éxito a sus puertas. Y así, en 1957, llega «Un rey en Nueva York», sus memorias políticas, considerada como antiamericana y que le vale que comience una «caza de brujas» para él sólo y todo un ministro de Justicia anuncie que nunca más le dejarán desembarcar en los Estados Unidos.

Pero Chaplin ya ha hecho casí todo. En 1953 decide instalarse en el cantón suizo de Vevey. Desde allí volverá a repetir el milagro de otra película, pero el realizador negrará -como ya ocurrió en «Una mujer de París»- al actor. «La condesa de Hong-Kong» no es «La quimera del oro», pero sí es el canto del cisne del cineasta, mientras en los dos hemisferios bajo regímenes opuestos, sus películas mudas tienen renovada vigencia. «La condesa» es de 1966. Desde entonces Chaplin apenas si sale de su casa.

Homenajes de la Mostra de Vencia y del Festival de Cannes mostraron lo indeclinable de su obra y su frágil condición física. El genio que érase el primer ente cinematográfico con ambición del hombre, contradictorio, complejo, soñador, poeta y solitario, se reúne ahora con su personaje, con el mito que desde hace lustros lo aureola para confundirse con él, para recuperar su cuerpo y su alma. El camino de Chaplin, largo, tortuoso, difícil y fecundo, acaba desembocando en Charlot para acceder a la posteridad. Ahora que Chaplin se ha ido tenemos a Charlot para siempre.

PEDRO CRESPO (ABC, 27 de diciembre de 1977. Páginas 39 y 40)