La ayuda española a la independencia de los Estados Unidos sale del olvido

Inaugurada en Bilbao la exposición "La memoria recobrada", organizada por Iberdrola, que rescata el desconocido pero importante papel de la monarquía hispánica en la Revolución americana

BilbaoActualizado:

Pese a que Francia ha pasado a la Historia como la gran aliada de los rebeldes norteamericanos, España contribuyó de manera tan decisiva o más a que lograran su independencia de Gran Bretaña. Desde el principio, envió armas, munición, medicinas y paños, así como ayuda financiera, y proporcionó refugio a sus barcos. Es más, mientras que los franceses participaron con 5.000 hombres, España envió a América más del doble, 11.000, aunque la gloria se la llevaron los galos al estar junto a George Washington en la célebre batalla de Yorktown de 1781, en la que los británicos fueron derrotados.

La exposición «La memoria recobrada. Huellas en la historia de los Estados Unidos», que se inauguró este lunes en la planta 25 de la Torre Iberdrola de Bilbao, pretende saldar esa deuda con la historia y rescatar del olvido «el poco conocido papel que jugó la Monarquía española en la independencia» de «la primera potencia mundial», explica el comisario de la muestra, el experto en Historia Militar José Manuel Guerrero Acosta.

La componen más de 200 piezas, entre obras de arte, documentos, mapas, trajes, miniaturas y escenificaciones, procedentes del Museo del Prado, el Museo Naval, el Wandsworth Atheneum Museum of Art de Connecticut, el Lázaro Galdiano de Madrid y el de Bellas Artes de Bilbao, entre otras colecciones públicas y privadas.

Los accionistas de Iberdrola podrán visitar la exposición desde este martes, 28 de marzo, y estará abierta para el público general entre el 10 de abril y el 2 de julio.

Ayuda encubierta

Pero, ¿por qué ese desconocimiento de la contribución española? Guerrero apunta, en primer lugar, la fuerte influencia de la «herencia anglosajona» en el relato oficial de la historia de EE.UU., así como el hecho de que los españoles no hayan sido «buenos publicistas» de su propio pasado y no hayan contado bien lo que hicieron en Norteamérica.

«Francia no tenía nada que perder, pero España sí y se lo pensó más. Antes quería estar segura de que podíamos ganar la guerra»José Manuel Guerrero Acosta, comisario de la exposición

Guerrero Acosta recuerda que se trataba de «una ayuda encubierta», ya que «la Corona no quería que se supiera que ayudábamos a los revolucionarios norteamericanos por miedo a que se extendieran esas ideas a sus provincias americanas». Tampoco deseaba que los británicos se enterasen de que los españoles prestaban ayuda a los revolucionarios antes de la declaración de guerra, que no llegó hasta 1779. «Francia no tenía nada que perder, pero España sí y se lo pensó más, porque antes quería estar segura de que podíamos ganar la guerra», señala el comisario.

Este secretismo, apunta, «ha hecho muy difícil que se pudiera investigar y demostrar las cantidades de los suministros que se enviaron».

Escrito de 1776 del conde de Aranda en el que detalla la ayuda a los colonos
Escrito de 1776 del conde de Aranda en el que detalla la ayuda a los colonos- M. T.

No obstante, la verdad se va abriendo paso. En la exposición figura la copia de un escrito de 1776 del conde de Aranda, embajador español en París en la época, que demuestra la ayuda a los colonos prácticamente desde el estallido del conflicto. En él se detallan a qué se dedicaban «los dos millones de libras tornesas destinados por ambas Cortes para auxiliar a las colonias inglesas de América». Por ejemplo, especifica, a enviar 216 cañones de bronce, 12.826 bombas y 30.000 fusiles con sus bayonetas.

El comandante en jefe del Ejército Continental y después primer presidente de EE.UU., George Washington, pidió la ayuda española, porque «solo con el apoyo de Francia no podía haber ganado la guerra», asegura a ABC Elizabeth Wise, regent del Capítulo Español de las Hijas de la Revolución Americana, organización que colabora en la muestra. Pieza clave fue el comerciante bilbaíno Diego María de Gardoqui, a quien Carlos III encargó secretamente el envío de suministros y dinero de 1777 a 1783 a través de su compañía marítima. Gardoqui sería el primer embajador en EE.UU.

Recorrido por la exposición

“La memoria recobrada” está dividida en cinco espacios. El primero de ellos está dedicado al Siglo de las Luces, en el que tiene un marcado protagonismo Carlos III, el monarca ilustrado en cuyo reinado se enmarca la ayuda de España a los sublevados en Norteamérica, así como las reformas que impulsó. En este capítulo también se pueden observar aspectos de la sociedad de la época, como sus modas, las tertulias o los salones de baile. Se incluye un traje original de embajador utilizado por Diego María de Gardoqui, un bilbaíno clave para hacer llegar la ayuda española a la independencia americana.

«Washington pidió ayuda a España porque solo con el apoyo de Francia no podía haber ganado la guerra»Elizabeth Wise, regent del Capítulo Español de las Hijas de la Revolución Americana

La segunda sección se titula “Tiempo de tempestades” y aborda cómo la Revolución se encuadraba dentro de un conflicto internacional más amplio. En este sentido, Francia declaró la guerra a Inglaterra en 1778, al año siguiente se sumó España y en 1780, Holanda. En ese contexto, la exposición recuerda que la Corona española intentó recuperar Gibraltar y Menorca. En este espacio se muestra una animación digitalizada del enorme cuadro “La muerte del general Mercer en la batalla de Princeton”, de John Trumbull, perteneciente al Wandsworth Atheneum Museum.

Se incluye también la “Descripción de las provincias de América” del conde de Aranda, embajador en París y gran impulsor de la ayuda española a la independencia de los Estados Unidos. Así mismo, hay un retrato del almirante José Solano, a cuyas órdenes se encontraba el convoy que trasladó a 11.000 soldados a América, una obra que procede del Museo Naval de Madrid. Además, se expone otra obra de Ferrer-Dalmau, “Por España y por el Rey, Gálvez en América”, que representa al que fue gobernador de Luisiana, el malagueño Bernardo de Gálvez, dirigiendo a sus tropas en el asedio a Pensacola en 1781. Junto al lienzo, se exponen mapas originales de aquella operación.

La tercera parte, “Paz y guerra en la mar”, reconoce la importancia de la navegación comercial y de la guerra naval en el siglo XVIII. Se muestran en ella documentos del Archivo General de Simancas y del Archivo de Indias, así como objetos cotidianos de los marinos conservados en el Aquarium de San Sebastián.

En esta sección se exhibe por primera vez también un nuevo cuadro del pintor de batallas Augusto Ferrer-Dalmau, “Pabellones hermanos”, que se ha encargado expresamente para este evento y que refleja la olvidada conquista de Bahamas a los británicos por una fuerza combinada de españoles y norteamericanos.

Así mismo, un óleo de Rafael Monleón y Torres procedente del Museo Naval recoge una batalla entre barcos españoles y británicos, mientras que la dura vida en el mar queda reflejada en un cuadro de Antonio de Brugada procedente del Prado, “Naufragio de un galeón”, y la llegada de navegantes, comerciantes y suministros para la Revolución a la otra orilla del Atlántico es el motivo de “La costa de Beverly”, un paisaje de John Frederick Kensett del Wandsworth Atheneum Museum.

La exposición muestra trajes y costumbres de la época de la Revolución americana
La exposición muestra trajes y costumbres de la época de la Revolución americana- ABC

La cuarta sección sigue la pista de las huellas vascas en América, desde aquellos que llegaron en busca de bancos de pesca y ballenas a las costas de Terranova, en la actual Canadá, a los jugadores de cesta punta que popularizaron el jai alai en Florida, pasando por los vaqueros y leñadores que se instalaron en los estados montañosos del oeste. En este espacio se muestra el testamento del ballenero Echaniz, fallecido en la península del Labrador en diciembre de 1584 y conservado en el Archivo Histórico de Protocolos de Guipúzcoa, que, según los organizadores de la muestra, es probablemente el documento escrito más antiguo de Canadá.

Completa la exposición una quinta sección, “La luz de un siglo”, que recoge aspectos de la historia de Iberdrola y de Avangrid, su filial en Estados Unidos. Se presenta como un enlace entre el Siglo de las Luces, el XVIII, y “La luz de un siglo”, el XX.