Cultura

23 fotorreporteros hispanos recuerdan «que el dolor y la alegría no son ficción»

«Upfront» recoge el trabajo fotográfico de la «vanguardia latina» en Conde Duque

La maleta de Miguel Gil, «un maestro a la hora de entrar y salir de situaciones difíciles»
La maleta de Miguel Gil, «un maestro a la hora de entrar y salir de situaciones difíciles» - JOSÉ RAMÓN LADRA
ALFONSO ARMADA - abc_cultura Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura

Hace quince años murió en Sierra Leona Miguel Gil. Hace catorce Julio Fuentes en Afganistán. Eran dos reporteros de guerra. Se jugaron la vida para contar la vida y la muerte desde primera línea. Hace doce años murieron en la capital iraquí el cámara José Couso y el plumilla Julio Anguita Parrado. Hace once años el reportero Ricardo Ortega en Haití. Los aniversarios no son solo para poner flores frescas en las tumbas, sino para recordar la necesidad de volver a contemplar la realidad con ojos tan atentos, compasivos y curiosos como los de la reportera bielorrusa Svetlana Alexiévich, que ganó el último Premio Nobel de Literatura por hacer reporterismo. Lo que también, cada uno a su modo, hacen 23 foto-reporteros hispanos -entre ellos Luis de Vega y Álvaro Ybarra Zavala- convocados en la exposición (y el libro) «Upfront. Una generación mundial» que puede verse en el antiguo cuartel de Conde Duque de Madrid: 74 fotografías, 3 vídeos, una banda sonora y un poema:

«El fotógrafo deja de existir./ La imagen queda quieta y en silencio,/ condenada por siempre a recordar/ el presente terrible de los hombres», escribe Gracia Morales.

Esa generación, arbitraria y apasionadamente seleccionada por el reportero Ramiro Villapadierna, que cubrió para ABC la implosión del comunismo en Europa Central y los Balcanes. Una verdadera «vanguardia latina», la «más internacional de fotorreporteros de origen hispano». En palabras del comisario, Villapadierna, actual director del Instituto Cervantes en Praga, «ante la avalancha de imágenes que nos llegan, un verdadero caos, con esta exposición queremos demostrar que nos pueden engañar. ¿Cómo se puede desmontar ese engaño? Con el texto y el contexto. Pero sobre todo fijándose en que quien llora o ejerce la violencia llora de verdad y ejerce la violencia de verdad. El dolor y la alegría son verdaderos, están ahí desde el comienzo de la historia de la humanidad. Queremos que el espectador aprenda a mirar, que sea su propia mirada la que haga el montaje. Porque el dolor y la alegría existen».

Eso es lo que captan estos 23 foto-reporteros hispanos, «desde las Baleares hasta la Pampa, de la ciudad norteafricana de Melilla al Río Bravo». La muestra, patrocinada por la AECID y surgida en el Cervantes de Praga, «busca un cierto sentido a este vómito visual, tal como hace el cerebro a cada momento, pugnando por casar las piezas que se le arrojan, mientras imagina improbables historias tras ellas», escribe Villapadierna en el catálogo.

Al final de su vida, con «El dolor de los demás», la ensayista Susan Sontag corrigió una de las tesis de su ensayo «Sobre la fotografía». Porque se dio cuenta de que a pesar del peligro de que la constante exposición a imágenes del espanto pueden provocar en en el espectador una suerte de anestesia la persistencia del horror exige que se siga contando. «Imágenes de la guerra contra la guerra», apunta el académico Juan Bordes, que identifica a este «frente hispano» como «herederos de Goya». No en vano el escritor y crítico de arte John Berger dijo que si Goya viviera hoy día sería un fotógrafo de guerra.

Como escribe Santiago Lyon, vicepresidente de Associated Press y director de fototografía de la agencia, compañero de fatigas en las guerras balcánicas, «está claro que los fotógrafos que tienen que ver con el periodismo español también tienen mucho que ver con una tradición muy potente en el mundo del fotoperiodismo. Lástima que casi todos hayan tenido que marcharse fuera y trabajar para medios extranjeros para así demostrar lo mucho que valen».

«En el fotoperiodismo contemporáneo la imagen es mucho más que un testimonio petrificado de la evidencia», dice Misha Sidenberg, comisaria de Artes Visuales en el Museo Judío de Praga. «Más bien es una forma de “traducción emocional” por parte del fotógrafo que actúa en primera línea y, como tal, puede llevar a desencadenar transformaciones en el ámbito intelectual, social, e incluso, a veces, político». Lo que acaso hace este puñado de fotógrafos que se siguen asomando al caos del mundo con una cámara que acerca pero no protege. Para demostrar que el dolor y la alegría no son ficción.

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