Estatua de Gálvez, obra de Salvador Amaya - abc

El segundo Plan Gálvez

El reconocimiento del Congreso a su vital apoyo a la independencia de EE.UU. impulsa la divulgación de la figura del militar y diplomático español

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Misión cumplida. Nuestro país empieza a recuperar su lugar olvidado en la historia oficial de Estados Unidos. El protagonismo arrebatado durante siglos, por inacción propia y labor ajena, que ha hurtado a millones de norteamericanos de una parte de la verdad: que España había ayudado de manera decisiva a que las Trece Colonias que se rebelaron frente a los ingleses lograran la independencia.

No hizo falta encontrar a un Lafayette, el héroe amigo de Washington que combatió junto a las tropas coloniales y que engrandeció la influencia francesa en Estados Unidos. Allí esperaban para ser rememoradas la enorme figura y las hazañas del militar y diplomático Bernardo de Gálvez (Macharaviaya, Málaga, 1746-Ciudad de México, 1786), protagonista de un relato de esfuerzo compartido entre España y EE.UU. que nuestro país tenía que construir para hacerse un hueco en el programa educativo de la primera potencia del mundo.

Así nació el Plan Gálvez. Diseño, planificación y ejecución política y diplomática tan sorda como eficaz, que, con el intenso trabajo de unos pocos aliados españoles y norteamericanos, dio su fruto el 9 de diciembre de 2014, cuando el Congreso de los Estados Unidos otorgaba el título de Ciudadano Honorario a Bernardo de Gálvez y colgaba el retrato de Carlos Monserrate de la sala que alberga la Comisión de Exteriores del Senado. Reconocimiento que cumplía con una promesa histórica del mismo Congreso 231 años antes y con los elogios de George Washington, pero que no por eso resultó sencillo de sacar adelante.

Teresa Valcarce, ciudadana española y estadounidense, puso el músculo suficiente para que la iniciativa superara el alambicado mundo político y legislativo norteamericano. Si desde la representación española en la Embajada se trabajaba la vía diplomática y jurídica, la opinión pública y los senadores iban a ser el campo de batalla de la activa y convencida labor de Valcarce: 200 intervenciones en medios de comunicación, en un país donde es paradigmática la influencia de los medios. Sin contar miles de llamadas, visitas y prédicas a todo aquel que quisiera escucharle.

Valcarce asume que su labor fue «poco convencional, más de la calle», en contraste con el trabajo político que asumieron como propio senadores como el demócrata Bob Menéndez, entonces presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso, y otros representantes hispanos. Pero exhibe con orgullo un logro que «crece y va a seguir creciendo como una bola de nieve», en alusión a las numerosas iniciativas editoriales y culturales que ya están en marcha sobre la figura de Bernardo de Gálvez.

Joe Dooley, entonces presidente de la sociedad Son of the American Revolution (Hijos de la Revolución Americana), dedicada a rescatar a aquellos héroes olvidados, resalta que el Congreso «hizo justicia» a Gálvez y a España. En un repaso a las hazañas del héroe, Dooley tilda de «absurdo» que en Estados Unidos no se estudie aún «esa destacada parte de nuestra historia». Para contribuir a su difusión, su sociedad prepara un seminario sobre la figura de Gálvez para 2018, dentro del gran encuentro cultural que cada año dedica a un héroe de la Revolución.

Las iniciativas están surgiendo ya con vida propia, como si de un segundo Plan Gálvez se tratara. Mount Vernon, la antigua casa de Washington convertida hoy en complejo cultural para estudiar su figura, por donde pasa más de un millón de visitantes al año, contempla dedicar un seminario el próximo año al papel de España en la Revolución Americana.

La labor divulgativa también empieza a multiplicarse. Primero fue la novela «La libertad de los valientes», en la que Cristóbal Tejón, glosa la figura y los hechos del militar español. Le siguió un documental de la productora malagueña Cedecom, que ha encontrado en Neo Geo un socio para su difusión en el mundo audiovisual digital. Y también el mundo infantil tendrá a su personaje cuando Guillermo Fesser publique en 2016 el libro que está escribiendo. Hay que añadir una exposición en España, en la que estará la estatua, obra de Salvador Amaya, sobre un boceto de Ferrer Dalmau. El plan está muy vivo, Gálvez ya no está solo.