Pintura que representa el suicidio de Cleopatra
Pintura que representa el suicidio de Cleopatra - Wikimedia
Antiguo Egipto

Cinco curiosidades sobre Cleopatra que probablemente desconocías

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Fue un 12 de agosto de hace más de 2.000 años (en el 30 a.C.) cuando Cleopatra, la popular reina de Egipto, se encerró en una cámara privada para acabar con su vida. Por entonces ya le quedaba poco por lo que vivir, pues su amado Marco Antonio se había suicidado y Octavio Augusto ya le había arrebatado el poder de su amada región.

Dicen las leyendas que terminó su existencia haciéndose morder por una serpiente, aunque eso es algo desconocido a día de hoy. Sin embargo, lo que si se sabe es que, cuando dejó este mundo para encontrarse con los grandes faraones allí donde estuviesen, esta mujer atesoraba tras de sí una vida llena de lujuria, muerte y tejemanejes políticos.

1-Se planteó huir a Hispania después de ser derrotada por Octavio

Después de que las flotas de Marco Antonio y Cleopatra fuera derrotada en la batalla de Actium, la reina de Egipto regresó a Alejandría huyendo de los enemigos que querían atraparla. Durante su estancia en palacio, decidió enviar multitud de emisarios a sus aliados de Media y Partia para, llegado el momento, preparar embarcaciones para pasar al mar Rojo en dirección a Arabia y escapar. Entre las posibilidades que barajó, estuvo la de partir hacia Hispania.

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2-No era tan bella como se cree

A pesar de que la propaganda romana mostró a Cleopatra como una seductora libertina que utilizaba su atractivo sexual para influir en la política, la realidad era bien diferente. Y es que, al parecer no era tan bella como se creía y, por el contrario, sí era una astuta política que hablaba una docena de idiomas y fue educada en matemáticas, filosofía, oratoria y astronomía (entre otras).

Los egipcios afirman que los filósofos disfrutaban de su compañía, no tanto por su atractivo, sino por su capacidad para discutir sobre temas elevados. Uno de los seguidores de esta idea es el historiador de la época Plutarco quien, a pesar de odiarla, decía de ella que tenía un encanto irresistible que nacía de su conversación.

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3-Le encantaba deslumbrar a los dignatarios de otras naciones

Si algo se puede decir de Cleopatra, es que le encantaba sentirse como una diosa viviente y soprender a sus dignatarios. Así queda claro después de saber que, en el año 48 a.C., recibió a Julio César en Alejandría con sus mejores galas pero... escondida dentro de una alfombra real. ¿La razón? Su hermano Ptolomeo XIII, con quien la mujer tenía multitud de rencillas, le había impedido verse con el general romano. Así pues, ella se ocultó para poder reunirse con Julio. Eso sí, con un vestido despampanante que enamoró instantáneamente a su interlocutor.

En el año 41 a.C., por su parte, la reina mantuvo conversaciones con Marco Antonio en un impresionante y rico buque de su flota que dejó boquiabierto a su futuro amante y marido. De hecho, la leyenda dice que apareció vestida de afrodita e hizo disfrazarse a sus siervos como pequeños cupidos.

4-Formó un club de «borrachera» con Marco Antonio

Después de que Cleopatra y Marco Antonio comenzaran su historia de amor en el año 41 a.C., ambos fundaron, según afirma la versión digital de «History Channel», un club de borrachos. Según la leyenda, ambos estuvieron un año entero realizando decenas de orgías y bebiendo hasta caer rendidos. A su vez, solían comer hasta vomitar y, al parecer, en alguna ocasión se les pudo ver por las calles de Alejandría disfrazados y haciendo bromas pesadas a los ciudadanos. Lógicamente, a día de hoy esto es imposible de corroborar.

5-Pudo no morir por la picadura de una serpiente

La leyenda afirma que la reina de Egipto se suicidó dejando que una serpiente le transmitiera su veneno. Sin embargo, esta teoría no es compartida por todos los historiadores. Ya en aquella época (en el año 30 a.C.) el Plutarco afirmó que era imposible saber la causa de su fallecimiento, aunque señaló que la mujer solía llevar ocultar veneno en sus ropas. Otros afirman que pudo clavarse un puñal o, incluso, pincharse un alfiler sumergido en veneno de cobra.