Un óleo del HMS Wager, cuya historia es controvertida y muestra lo peor del ser humano
Un óleo del HMS Wager, cuya historia es controvertida y muestra lo peor del ser humano - WIKIMEDIA

El sangriento naufragio de un barco militar del S.XVIII cuya tripulación se volvió caníbal

Actualizado:

Muchas son las historias que narran el lado más ignominioso del ser humano. Sin embargo, algunas logran destacar por encima del resto debido a la crueldad que muestran sus protagonistas. Precisamente una de estas últimas es la del «HMS Wager», una fragata de la Royal Navy que, en 1741, encalló frente a las costas de Chile dando lugar a una terrible historia de traición, asesinatos, locura e, incluso, canibalismo (al que tuvieron que recurrir algunos militares para poder sobrevivir sin alimentos). Sin duda, una tragedia merecedora de ser contada en Hollywood pero que, curiosamente, ha pasado desapercibida con el paso de los años.

Al menos hasta estos días. Y es que, hace algunas jornadas que el historiador naval C. H. Layman ha publicado «The Wager disaster», un libro en el que narra los pormenores de esta controvertida historia que se saldó con decenas de muertos. Concretamente, el experto narra en su nueva obra cómo la falta de liderazgo del capitán del buque llevó a la tripulación a amotinarse tras el naufragio, a poner bajo custodia a su oficial al mando y, finalmente, a comer carne humana para poder vivir en este mundo un día más.

El viaje del «Wager»

El viaje de la fragata «HMS Wager» comenzó en 1740. Por entonces, esta embarcación salió de puerto como parte de una expedición junto a otros cinco buques al mando del Comodoro George Anson. Su objetivo: darse de cañonazos contra las colonias españolas ubicadas en América del Sur (a las que plantaban cara en guerra declarada). Sin embargo, no se puede decir que este navío fuera una perfecta máquina de batallar, pues era un antiguo buque mercante al que se le habían encaramado a toda prisa 28 cañones y un pasaje de decenas de enfermos y marinos con miembros amputados.

«El “HMS Wager” había sido un buque mercante adquirido por la Amada inglesa para ser usado como transporte logístico, y dotado de algún armamento. Transportaban al momento del naufragio, una gran cantidad de enfermos de la flota de Anson e infantes de marina -en total, 142, lo que superaba en número a la tripulación del buque, que era de 106- además de víveres para los otros buques, armamento y municiones», explica el académico Jorge Sepúlveda Ortíz en su obra «En busca de la verdad sobre el guardiamarina Alexander Campbell, de la fragata “Wager”». Tampoco faltaban litros y litros de licor.

La tripulación tampoco era mucho mejor pues, debido a las dificultades de reclutamiento, muchos eran veteranos o personas de malvivir que se habían alistado a cambio de unas monedas. La flor y nata de la «Royal Navy», que podríamos decir.

Tras unas jornadas de viaje muchos hombres del pasaje enfermaron y murieron, provocando algún que otro ataque de pánico entre el resto del pasaje. De hecho, entre aquellos que fallecieron se hallaba el capitán, el cual acabó siendo sustituido por el inexperto oficial David Cheap. Malos presagios para el viaje.

Un naufragio y una inesperada reacción

Después de algunas semanas, el desastre llegó al «HMS Wager» cuando uno de sus mástiles se rompió y se separó de la escuadra principal. A su vez, esta situación se terminó de complicar cuando Cheap terminó postrado en una cama bajo la cubierta principal debido a una enfermedad.

En ese momento, absolutamente desesperados, los marineros decidieron viajar hasta uno de los primeros puntos de encuentro que habían establecido con sus compañeros: la isla costera de «Nuestra señora del Socorro». Todo ello, a pesar del mal tiempo, de que sólo había 12 hombres aptos para el servicio, de los fuertes vientos, y de las múltiples rocas que había flanqueando el lugar.

El 13 de mayo de 1941, como no podía ser de otra forma, se sucedió el desastre. «Azotada por la tormenta, la nave se estrelló en unas rocas a las 04:00 horas. En las horas siguientes el buque fue dando bandazos de una roca a otra y luego, justo antes de hundirse, quedó completamente varado en la costa norte del archipiélago Guayaneco, en el golfo de Penas», añade el experto español. Tras el naufragio, la disciplina ser perdió y, mientras algunos hombres trataron de mantener el navío a flote, otros se volvieron locos por el pánico.

La peor naturaleza del ser humano

Controlado el desastre, los supervivientes lograron llegar hasta una isla cercana de la actual Chile. Una vez en tierra, los marinos de la «Royal Navy» mostraron su auténtica tez. Y es que, en lugar de seguir las órdenes de su, por otro lado, inexperto capitán, decidieron emborracharse hasta enfermar y robar la ropa de los camarotes de sus oficiales para burlarse de ellos. De nada valió que Cheap tratase de controlar la situación y se enfrentase directamente con uno de los amotinados, Cozens (a quien disparó en la cara y dejó morir bajo un terrible dolor durante varios días).

Eran momentos desesperados para los ingleses, divididos ante la forma de actuar del capitán. De hecho, y según afirma el escritor británico en su nuevo libro, varios marineros de la Royal Navy crearon un campamento paralelo al principal establecido por Cheap y sólo regresaron en contadas ocasiones para tratar de matar al capitán (una vez, incluso, haciendo estallar su tienda con pólvora) y donde pasaron tanta hambre que se vieron obligados a recurrir al canibalismo. Así pues, y según se afirma en la versión digital del diario «Daily Mail», las crónicas dicen que se vio a un joven grumete comerse el hígado de uno de los fallecidos durante el naufragio.

En el campamento principal la situación no era mejor. Y es que, los tripulantes terminaron apresando a Cheap por acabar con Cozens y, posteriormente, decidieron crear dos embarcaciones con las que viajar hasta el sur y buscar ayuda.

Así pues, casi sin víveres y con exceso de hombres, iniciaron su periplo dejando en la isla a Cheap y a media docena de sus seguidores con algunos alimentos. Sin embargo, no sabían lo que la suerte les deparaba, pues su viaje se detuvo algunos días después cuando uno de las pequeñas chalupas quedó destrozada en medio de las aguas y sus integrantes se vieron obligados a regresar al campamento original.

No le fueron mejor las cosas a la otra barcaza. Así lo demuestra el que el oficial al mando abandonara a un gran número de sus compañeros en tierra a traición para ahorrar comida o que un niño de la expedición muriera de hambre llorando a moco tendido mientras pedía a su tutor dinero para comprar víveres a sus compañeros.

Con todo, varios de ellos lograron llegar hasta Inglaterra y contar su historia, omitiendo por supuesto los detalles más escabrosos. Lo mismo sucedió con Cheap y algunos de sus seguidores, quienes fueron capturados por españoles y, tras un largo periplo, regresaron a sus hogares.