Arthur Wellesley, general británico, comandando a los compatriotas en Waterloo
Arthur Wellesley, general británico, comandando a los compatriotas en Waterloo - WIKIMEDIA

La sangrienta batalla de Waterloo, desde los ojos de un soldado británico que estuvo a punto de morir

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A pocos meses de que se celebre el 200 aniversario de la batalla de Waterloo (la cual acabó definitivamente con el escaso poder que aún atesoraba Napoleón Bonaparte en Europa) una casa de subastas de Londres ha dado a conocer un curiosa reliquia con patente británica. Esta no es otra que una carta enviada por uno de los soldados que combatió del lado de Wellington en la que explica cómo estuvo a punto de morir en varias ocasiones a manos de los franceses y, en definitiva, como se sucedió aquellos truculentos días.

Tal y como explica la versión digital del diario «Daily Mail», la misiva está elaborada por puño del coronel Charles Best, quien –además de enfrentarse con su fusil y bayoneta a los franceses- fue testigo de cómo la suerte evitó que Arthur Wellesley (comandante en jefe aliado) muriera aplastado por una bala de cañón gabacha. Y es que, según explica el combatiente, por entonces su «jefe» no estaba demasiado preocupado por salvar su pellejo. «Nuestro valiente duque estaba en todas partes y pude percatarme de lo poco que se preocupaba por su seguridad», escribe.

Concretamente, el episodio de la bala de cañón se sucedió en la batalla de Quatre Bras (acaecida pocos días antes de Waterloo y preludio de esta) mientras Wellington se encontraba trazando su plan para un ataque. «Estaba sentado en el borde de una zanja escribiendo una orden, cuando una bala de cañón golpeó el suelo muy cerca de él y le cubrió de tierra. Él miró fríamente donde había caído, se sacudió el barro y continuó escribiendo, explica Best.

El coronel también se deshace en elogios al afirmar que la contienda no afectó a Wellesley. «Cuando destruimos a la caballería enemiga, el Duque se acerco a mí tranquilo, tomó un poco de pan de su bolsillo y se lo comió con gran apetito», completa. Todo ello, hace honor sin duda al alto militar británico, el cual era apodado el «Duque de Hielo» por la sangre fría que tenía a la hora de dirigir a sus tropas y hacer oídos sordos a las balas enemigas.

La carta fue escrita en dos partes y fue dirigida al primo de Best (llamado Charlotte) con fechas del 25 y 28 de julio. En ella, el militar señala también como, en la posterior batalla de Waterloo, tuvo que enfrentarse a multitud de franceses junto a sus compañeros de la Cuarta Brigada de Hannover.

Aquel día, además de ver estar cerca de la muerte en varias ocasiones, el coronel se quedó impresionado con los vítores que los franceses lanzaron al «petit corso» en plena lucha. «Desde las alturas de nuestra posición, pudimos ver como las tropas que estaban frente a nosotros recibían a Napoleón con gritos de “Vive l’Empereur”», añade.

Con todo, Best también señala que Napoleón les hizo un gran favor al perder la razón y su natural instinto militar y «ayudar al ejército anglo-aliado» a vencer. «Varias veces temí que cederíamos, pero, gracias a la perseverancia de nuestro comandante, resistimos. Luchamos desde las 11 de la mañana hasta cerca de las 9 de la noche. No he sufrido nunca tanta sed como entonces».

No obstante, la contienda no fue ni mucho menos sencilla, algo que demuestra el que, en las siguientes ocho horas tras la lucha, los británicos tuvieran que llevar a multitud de sus caballos a las afueras para dispararles y evitar su sufrimiento.