Etxeberria ayer, durante la rueda de prensa en la que presentó el informe
Etxeberria ayer, durante la rueda de prensa en la que presentó el informe - i.g.

Francisco Etxeberria: «Tenemos unas mandíbulas que pueden ser de Cervantes perfectamente»

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A pesar de que muchos esperaban de él una afirmación más rotunda, el profesor Francisco Etxeberria (Guipúzcoa, 1957) estaba satisfecho con el trabajo realizado. La respuesta incompleta que ofrecieron ayer –la historia dice que estos son los huesos de Cervantes, pero la antropología no lo ve tan claro– parece que les «obliga» a probar suerte con el ADN. Sin embargo, el estado de los huesos tampoco garantiza que estas pruebas vayan a tener éxito.

Etxeberria explica que lo que han encontrado dentro de la cripta son básicamente «fragmentos de huesos y esquirlas» muy difíciles de identificar. «Una vez que íbamos avanzando, en un punto concreto del suelo apareció esta bolsada de huesos, para entendernos. Cuando hicimos el análisis antropológico resulta que los perfiles en cuanto a distribución de sexo y edad coincidían mucho con lo que fue un traslado que se hizo de la iglesia primitiva a la actual», valora en relación a los argumentos facilitados por los historiadores.

«Nosotros podemos reducir la bolsada a un total de seis varones –asegura–. Tenemos unas mandíbulas que pueden ser de Cervantes perfectamente, porque les faltan los dientes en vida, que es lo que nosotros estábamos buscando: un individuo que teniendo 70 años tuviera seis dientes o menos y tuviera unas lesiones en el brazo». Esta fragmentación de los restos les obligaría a realizar miles de pruebas de ADN, algo que solo se ha dado en situaciones muy extremas.

Como en el 11-S

«Se hizo con lo que ocurrió en las Torres Gemelas, cuando a todos y cada uno de los fragmentos que se han recuperado se les ha extraído un perfil genético. Fue por una cuestión comprensible y tuvo un gasto impresionante, pero nunca se ha planteado esto para restos de interés histórico». Además, asegura el profesor, tampoco es lo mismo analizar un cuerpo reciente de otro que lleva cuatro siglos oculto bajo tierra. «Estamos hablando de unas muestras que están muy degradadas. No es lo mismo extraer ADN de un sujeto vivo hoy que extraer ADN de unas muestras como estas. Hay veces incluso que las muestras rinden mal o que es imposible extraer el ADN». Se da también la circunstancia de que Miguel de Cervantes no tuvo descendencia, aunque sí hay una hermana suya enterrada en Alcalá de Henares.

«Nosotros eso ya lo habíamos planteado –explica Etxeberria–, pero resulta que los huesos de la hermana de Cervantes están mezclados en un osario y por tanto no hay ninguna certeza o garantía de dónde está ese esqueleto. Es algo muy difícil, por no decir imposible». De momento, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, estaría dispuesta a darles todo tipo de facilidades si quisieran seguir trabajando sobre los huesos del escritor.