Cultura

La informática descubre un retrato de Ana Bolena

La Universidad de California aclara las verdades y mentiras de los pocos cuadros que se conservan de la Reina que decapitó Enrique VIII

Cuadro de Bolena en la National Portrait Gallery, ahora en cuestión por un programa informático
Cuadro de Bolena en la National Portrait Gallery, ahora en cuestión por un programa informático - abc
luis ventoso - Londres - Actualizado: Guardado en: Cultura

Casarse con Enrique VIII era una aventura de alto riesgo, como pudieron ir comprobando sus seis esposas. Ana Bolena (1501-1536) fue la segunda. El Rey se encaprichó de ella cuando era dama de compañía de su mujer española, Catalina de Aragón, que no pudo dar un hijo varón al sangriento monarca inglés. Por su capricho con Bolena rompió Enrique con la Iglesia Católica… y luego ordenó que le rompiesen a ella el cuello con un hacha. Ana fue ejecutada en 1536. Sus delitos: no tener un descendiente varón y tontear con un par de cortesanos. Tras su muerte se destruyeron casi todos sus retratos, que no volverían a ser moda hasta que subió al trono su hija Isabel I, la reina Gloriana.

La única prueba indiscutible de cómo era Ana Bolena es su efigie en una oscura moneda, la llamada Moost Happi, que se custodia en el Museo Británico. Profesores de la Universidad de California han desarrollado un programa informático que aplicando un algoritmo permite cotejar varios retratos para acreditar si son o no auténticos. Han comparado la medalla del British con cuatro retratos de reinas de la época de los Tudor y los resultados son sorprendentes. Tres que se tenían por cuadros de Ana Bolena no lo son. Sin embargo una pintura que hasta ahora se consideraba que representaba a Jane Seymour, la tercera mujer de Enrique VIII, que se casó con ella a los once días de ejecutar a Bolena, se cree que en realidad es la reina Ana.

Por el contrario, el afamado cuadro de la reina que se conserva en los Museos Bradford del norte de Inglaterra no es en realidad Bolena. Tampoco protagoniza como se creía dos pinturas que se exponen en la Galería Nacional del Retrato, a pesar de que en una de ellas la mujer incluso lleva en el pecho el collar distintivo con la B y las dos perlas que adornaba el escote de la efímera soberana.

El software ha deparado más sorpresas. En 2009 se publicitó como un gran hallazgo que un cuadro de la familia Cobbe reflejaba al fin el auténtico rostro del enigmático Shakespeare. Pero el ordenador dice que tampoco, y también desdeña el supuesto rostro del bardo del palacio de Hampton Court.

Todo lo que guarda relación con Bolena y Enrique VIII es moda estos días en Inglaterra gracias a la televisión. La BBC ha convertido en serie «Wolf Hall», la afamada novela histórica de Hilary Mantel sobre el período. Es una producción magnífica, de gran verosimilitud, que incluso se ha rodado con velas, renunciando a la luz artificial en busca de rigor. El actor que la protagoniza, Mark Rylance, en el papel del canciller Thomas Cromwell, es para muchos el mejor intérprete inglés a día de hoy.

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